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El caso no resuelto de la porvenireña que simboliza las violaciones de DD.HH.

Por La Prensa Austral sábado 24 de diciembre del 2016

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Gloria Lagos Nilsson tenía 28 años y era madre de tres hijos de 10, 8 y 6 años al momento de ser detenida por agentes del Servicio de Inteligencia Militar (Sim) en su casa de Lo Espejo el 26 de agosto de 1974. La secretaria del Presidente Salvador Allende, luego de haber llegado a su casa desde el trabajo, fue violentamente sacada de su hogar por agentes de Estado, que le aseguraron a sus pequeños hijos que la liberarían a los pocas horas.

La mujer había sido denunciada como integrante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (Mir) por Julio Humberto Rodríguez Jorquera, su conviviente de entonces y quien la delató para salvar su vida tras sufrir brutales torturas. El hombre fue conducido hasta la casa de Gloria Lagos, quien constató que había sido salvajemente torturado.

No obstante, pese a lo débil que se encontraba, Rodríguez logró evadir a los agentes represores, escapando por la cocina del inmueble. Más tarde, Rodríguez Jorquera logró asilarse en la embajada de Francia para salir del país a los pocos días. Pese a que los familiares de Gloria Lagos han intentado contactarlo para que declare ante la justicia chilena, el hombre nunca ha querido entregar su testimonio y dar a conocer los nombres de los agentes que los aprehendieron.

La joven secretaria presidencial fue vista en el centro de detención de Londres 38 de Santiago, por Adriana Urrutia, sobreviviente de ese centro de detención, quien además estuvo con Muriel Dockendorf y María Elena González, otras dos mujeres que también, a la fecha, siguenj siendo detenidas desaparecidas.

“Mi madre, Gloria Esther Lagos Nilsson, nacida en Porvenir el 29 de septiembre de 1945, tenía 28 años. Llena de vida, hermosa, madre de tres hijos: Héctor, el mayor, de 10 años; yo, Marcela, con 8, Patricio, el más chico, de 6, y otro que venía en camino, porque ella tenía casi 3 meses de gestación. Nos esperaba todo un futuro por delante, pero el 26 de agosto de 1974 cambió el curso de vida para todos nosotros”, relata en una síntesis pública de los hechos, Marcela Meza Lagos, al cumplir la edad de 19 años.

“Entrando la tarde, mamá llega muy agitada, dice que tiene que volver a salir, pero que al día siguiente estaríamos todos juntos. Sin embargo, tocan la puerta, preguntan por ella, luego me entero que eran del Servicio de Inteligencia Militar. Nos dicen que no nos preocupemos, que le harán unas preguntas y que al día siguiente en la mañana estaría de regreso en casa”. No entendía por qué esas personas, a quienes nunca había visto, se llevaban a mi madre y por qué en la puerta de entrada del edificio estaban unos militares vestidos como para la guerra”.

“No seguía entendiendo nada, sólo atinaba a llorar y gritar “no se la lleven, no se la lleven”. Yo quería que mi mamá se quedara conmigo, pero no fue así. Se habían llevado a mi madre quitándome el derecho de seguir compartiendo mi vida con ella, a desarrollarme como hija, de tener una amiga, una compañera, el ser humano más cercano a mi existencia. Y a ella, junto con negarle el derecho de ser madre, le negaron el derecho de desarrollarse como un ser humano libre”, finalizaba el emotivo y triste recuerdo de esta fueguina, que hoy procura reunir los desperdigados hitos su madre en Porvenir.