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El concepto del “¿tener o ser?”

Por La Prensa Austral sábado 10 de diciembre del 2016

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Por Luis Enrique Alvarez Valdés

“Cuando el profesor Poblete se refiere a que la “…humanidad vive atrapada en la obsesión de tener…” ese tener es un elemento esencial para la vida en sociedad del individuo, es imposible enfrentarnos ante nosotros mismos sin una ferviente fe en nuestra capacidad de tener. Pero no el tener en el singular hecho del denominado “consumismo”, sino que en el “tener” conocimiento, “tener” cultura, “tener” responsabilidad política”

En la publicación del profesor don Carlos Poblete Avila, (domingo 27-11-2016 en este mismo suplemento) el autor se refiere al “¿Tener o ser?”. Como cuestión primera dicho concepto es original de Erich Fromm en su homónima obra (“Tener o Ser”. Fondo de Cultura Económica. Traducción de Carlos Valdés. Vigesimocuarta reimpresión. 2015. 225 páginas).

Cuando Fromm se pregunta sobre este concepto del “¿tener o ser?”, lo hace desde la siguiente reflexión (citando sus palabras): “Tener” es una expresión engañosamente sencilla. Todo ser humano tiene algo: un cuerpo, ropas, casa y el hombre y la mujer modernos, tienen un auto…es virtualmente imposible vivir sin tener algo”. Luego se pregunta por qué la pregunta posee trascendencia filosófica, y señala que en muchos idiomas no existe la palabra “tener”, “por ejemplo, en hebreo “tengo” debe expresarse en la forma indirecta jesh li (es para mí)”.

Luego en una sección que denomina “Tener y ser en la experiencia cotidiana” (páginas 50 y siguientes) se refiere entre otros al “aprendizaje”, “la memoria”, “la conversación”, “la lectura”, “la autoridad”, “el tener conocimiento y conocer”, “la fe”, “el amor”. El profesor Poblete, concluye que “El tener no hace al ser, lleva al egoísmo”. Premisa con la cual es muy difícil comulgar, toda vez que en la filosofía, desde lo mentados griegos, hasta nuestros días, el concepto de “tener” no es reducible al mero “posicionamiento” sobre las cosas del mundo. Al mezquino acto de buscar la mera propiedad de aquello que me dará una elemental satisfacción personal. Esta es una concepción tardía en la discusión que aparece a consecuencia de la revolución industrial.

Por eso Fromm, en su obra ya citada, tiene un capítulo en el cual se refiere a “La sociedad adquisitiva: bases del modo de ser”. Y anota: “Nuestros juicios se encuentran muy deformados porque vivimos en una sociedad que tiene como pilares de su existencia la propiedad privada, el lucro y el poder. Adquirir, poseer y lucrar son los derechos sagrados e inalienables del individuo en la sociedad industrial”. Por ello es que el concepto aquí, se identifica con la propiedad privada, que viene del latín “privare”, “privar”, como los derechos reales, es decir, yo privo al otro de la posesión de ciertos bienes.

Así cuando el profesor Poblete se refiere a que la “…humanidad vive atrapada en la obsesión de tener…” ese tener es un elemento esencial para la vida en sociedad del individuo, es imposible enfrentarnos ante nosotros mismos sin una ferviente fe en nuestra capacidad de tener. Pero no el tener en el singular hecho del denominado “consumismo”, sino que en el “tener” conocimiento, “tener” cultura, “tener” responsabilidad política. Sirva ésta última idea para configurar el concepto que deseo compartir, así como existe la obligación de “tener” que pagar impuestos, debe existir la obligación de “tener” que votar. En ambas reconocemos el “ser” ciudadanos, es decir, el “tener” es muchas veces imprescindible para poder “ser”.

Por último me llamó la atención la relación que hace de la exhaustiva obra de M. Heidegger, “Ser y Tiempo”. Puesto que allí se plantea la relación, “ser” “ente” y “tiempo”, entre otras muchas. Y gira sobre la idea que Heidegger llama “El estar -en el mundo- en general como una cuestión fundamental del Desein”. Largo sería explicar el “Desein de Heidegger.

El “ser o no ser” de Shakespeare, en el “Hamlet, príncipe de Dinamarca”, es una reflexión sobre la tragedia humana de un hijo enfrentado al homicidio de su padre, comunicado por el fantasma de éste (su conciencia) cuando le informa:

“Sombra: ¡Si, ese incestuoso, esa adultera bestia, con el hechizo de su ingenio, con sus pérfidas mañas, ¡oh maldito ingenio y mañas malditas, que tiene el poder de seducir, rindió su vergonzosa lascivia la voluntad de la que parecía mi muy casta reina”.

Luego sabe que a su padre lo envenenó su tío, cuando éste dormía en su jardín, vertiendo en su oído “…un maldito zumo de beleño” (en algunos textos habenos y en otros hebona).

Es en ésta lógica que señala:

“Hamlet: ¡Ser o no ser: he aquí el problema¡ ¿Qué es más levantado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades…¡Morir…dormir; no más…¡He aquí la reflexión que da existencia tan larga al infortunio….”.

El “ser o no ser” de Shakespeare, pareciera, es un aspecto de la psiquis emoción humana; a su vez la monumental y gigantescas obra de “Ser y Tiempo” del “pensamiento filosófico alemán, se nos muestra más complejo de comprender con una, si quiere, psicología de la tragedia, por cierto universalista y eminente como la de Hamlet.

De hecho existen cátedras en la universidades europeas para estudiar la obra de Heidegger, que entre sus muchos aspectos se refiere a “El carácter vocativo de la conciencia”, (como una pincelada) algo que se puede leer muchas veces y siempre quedar con dudas, como con respecto a cada página de éste gigante del pensamiento occidental. (Editorial Universitaria. Cuarta impresión. 2005. Pág. 292).