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El Día Nacional de Suiza y el triunfo del bien común

Por La Prensa Austral domingo 5 de agosto del 2018

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Por Dr. Jorge G. Guzmán

Vecino de Punta Arenas y de Tafers, cantón Fribourg

El amor a la libertad y el amor al bien común, explican por qué este pequeño país de sólo 8 millones de habitantes, rodeado de países comparativamente enormes (Francia, Alemania, Italia y Austria), de territorio esencialmente montañoso, sin recursos naturales estratégicos, pocos espacios para la agricultura y lejano a las orillas del Mar del Norte y del Mediterráneo, ha encabezado por años los índices de desarrollo humano

En el nutrido folclore patriótico suizo destacan las figuras del montañés Guillermo Tell y del soldado Arnold von Winkelried, quienes, en los albores de una confederación hoy formada por 26 cantones (a los efectos, regiones independientes), representaron los ideales del amor a la libertad y el amor a la patria, entendidos ambos como el amor al bien común de una sociedad formada por ciudadanos libres, dueños de su territorio y de su trabajo.

Mientras el primero de estos héroes es recordado por su desafío a la tiranía y su pericia con las armas, (un verdadero Rolex con una ballesta), el segundo es el ejemplo supremo del sacrificio personal en favor del triunfo de lo colectivo. En sentido suizo, esto último no tiene nada que ver con las ideologías colectivistas o chauvinistas modernas y sólo indica que ‘lo suizo’ debe considerarse por sobre cualquier interés particular. Esto se aplica cotidianamente y sin aspavientos en las relaciones personales (incluidas ciertamente las familiares), la política comunal, cantonal y federal y, muy importante, en la economía y en los lugares de trabajo.

Para quienes hemos tenido el privilegio de hacer nuestra ‘vida en común y en extraordinario’ al amparo del ‘modo de vida suizo’, (soy padre de dos ‘fusiliers’ de la Confederación), las características aquí anotadas, especialmente aquellas relativas al amor a la libertad y el amor al bien común, explican por qué este pequeño país de sólo 8 millones de habitantes, rodeado de países comparativamente enormes (Francia, Alemania, Italia y Austria (antes el Imperio Austro-Húngaro, que incluía gran parte de Europa central y los Balcanes), de territorio esencialmente montañoso, sin recursos naturales estratégicos, pocos espacios para una agricultura y lejano a las orillas del Mar del Norte y del Mediterráneo, ha -por generaciones- encabezado los rankings mundiales de lo que hoy se resume bajo el índice de desarrollo humano.

Guillermo Tell y su hijo, estatua que se encuentra en Altdorf, capital del cantón suizo de Uri.

¿Cuál es entonces el secreto suizo?

Mi respuesta: el compromiso y la ética de sus gentes, incluidos sus líderes políticos, sociales, empresariales y deportivos.

Suiza está organizada (esta es la expresión antes que ‘dividida’) en cantones, y en ella no solamente co-existen, sino que conviven y cooperan comunidades que hablan, piensan y sueñan en cuatro idiomas alternativos, a saber, alemán-suizo (en sus variados dialectos), francés-romande, italiano-ticinense y el romanche (una suerte de latín y alemán primitivos). Incluso más, desde el siglo XVI el país está compuesto por comunidades católicas, comunidades protestantes (calvinistas) y comunidades reformadas (zwinglis) que, otra vez, rezan, conversan, piensan, sueñan y trabajan en los cuatro idiomas referidos.

Los que conocemos Suiza sabemos que en el respeto a estas diferencias está la explicación: el secreto del éxito de Suiza. La capacidad para entenderse y comprenderse con el prójimo y la práctica de la empatía y la compasión (la capacidad de ponerse en el lugar del otro) son, en definitiva, los pilares filosóficos sobre los que se sostiene la prosperidad y la equidad con que está construido y funciona el país (nosotros diríamos la justicia social).

La famosa neutralidad suiza es precisamente el resultado de la capacidad de los ciudadanos para entenderse y para definir con precisión el bien común (desde 1815 el país no ha participado en ningún conflicto armado), para, enseguida, planificar y actuar en consecuencia, en este caso, de manera consistente con la vocación pacífica de sus ciudadanos.

Desde esa misma perspectiva, el sistema de democracia directa suizo es el mecanismo a través del cual se manifiesta la vocación de los ciudadanos para privilegiar el bien común (resumido en la expresión Helvetia Patria), por sobre los intereses personales, regionales o de un sector determinado de la población.

Bajo ese concepto los servicios públicos están pensados y construidos para el uso de las personas, un aspecto medular que diferencia a Suiza de otros países de economía de mercado, y que explica, por ejemplo, el funcionamiento del transporte público (puntual, seguro y cómodo) y de la educación exclusivamente pública y universal que, a su vez, explica por qué las principales universidades suizas están permanentemente consideradas entre las 15 mejores del mundo.

Arnold Winkelried el héroe legendario de la historia de Suiza. Según la historiografía suiza del siglo XVI, el sacrificio de Winkelried provocó la victoria de la Antigua Confederación Suiza en la batalla de Sempach (1386) contra el ejército del duque de los Habsburgo Leopoldo III de Austria. En la imagen, Winkelried en la batalla de Sempach.

Todo un logro del ejercicio de la equidad, del amor al prójimo y del verdadero amor a la patria: el triunfo del bien común.

Es esta forma de vivir sustentada en el respeto del otro lo que también explica los bajísimos índices de criminalidad y de corrupción o, a contrario sensu, explica los altísimos indicadores de seguridad, (no obstante que el Ejército Suizo lo conforman todos los ciudadanos que mantienen su armamento de guerra en sus hogares) y la transparencia política. En Suiza muchos de los miembros del Consejo Federal (órgano encargado del gobierno), del Parlamento, así como los directores de los principales servicios y empresas del Estado, concurren a sus trabajos en transporte público, en sus propios automóviles o en bicicleta…

Esta es una tradición de muy larga data, no una moda reciente impuesta a través de la Internet o los medios sociales.

Los suizos de Magallanes y su aporte a la región, ergo, el aporte suizo al bien común

Entre nosotros las expresiones Magallanes y región son, evidentemente, sinónimos.

Ambos vocablos refieren al grupo humano que habita el territorio que se extiende al sur del Campo de Hielo Sur, esto es, aquella sociedad que es el resultado de una amalgama centenaria de pioneros y colonos del más diverso origen, entre los cuales se incluyen los cerca de 120 pioneros suizos que, hacia 1874 inicialmente, se asentaron en el paraje de Agua Fresca.

Esos avezados creadores de un ‘nuevo, nuevo mundo austral’ llegaron a las costas del estrecho de Magallanes acudiendo al llamado del visionario friburgués Albert Conus, quien, con el respaldo del gobierno chileno, en la prensa helvética hacia 1872 había convocado “a quienes poseen salud, amor al trabajo, a quienes sueñan con una propiedad y conocen los inmensos medios que ofrecen la cría y la multiplicación de los rebaños… a aquellos les digo: venid a Magallanes…”

Desde la misma llegada de los compañeros de Conus, la colonia helvética de Magallanes se ha integrado al paisaje austral y al tejido social de la región. Desde sus raíces y tradiciones helvéticas, esos pioneros y sus descendientes han contribuido a la democracia, al entendimiento, a la convivencia, a la cooperación y al progreso social y económico de nuestra región.

La celebración del Día Nacional de la Helvetia Patria, hace entonces propicio celebrar la contribución de la colonia suiza a la identidad y al progreso regional y es, por lo mismo, la oportunidad para reiterar el compromiso de todos sus integrantes con la promoción y la defensa del bien común de Magallanes.

Hop Schweiz!