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El maestro magallánico que se “carteó” con Salvador Allende

Por La Prensa Austral viernes 12 de julio del 2019

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Julio César Pedrol Kusanovic

Por Mario isidro Moreno

“Barrio Sur, lugar pionero, terreno de luna y sol, donde sentó sus reales, el colono luchador”.

Así se canta a este sector de Punta Arenas que, por el oriente, lava sus pies en las playas del estrecho de Magallanes y tiene por el poniente a su primo hermano, el barrio San Miguel.

Lugar de gente modesta, de trabajo, cobijo de muchos obreros que arribaron de Chiloé para integrarse a las comparsas de esquila, pero también una especie de crisol, donde éstos se mezclaron con la raza croata, fundiendo esa sangre generosa con esforzados pioneros, soñadores de futuros.

Julio César Pedrol Kusanovic, en cuyos apellidos se funden las razas española y croata, nació en ese elugar el 21 de agosto de 1946, siendo hijo de Julio Pedrol Riffo, muy conocido en Punta Arenas donde había arribado en la década de 1940, dedicándose a las barracas de madera y de Rita Kusanovic Navarro. Del matrimonio nacieron tres hijos, Juan, Julio César e Isabel, el primero y la última ya fallecidos.

“Crecimos en nuestro querido barrio Sur, y los estudios de mi hermano Juan y yo, los hicimos básica y media en el Liceo San José. Yo, no soporté mucho a los curas y me trasladé al Liceo de Hombres. Entre mis compañeros de colegio recuerdo a mis excelentes compañeros Roberto Sahr, Mario Montecinos y Sekulovic”.

“Entre las familias del barrio Sur, están en mi memoria los Sierpe, Montecinos, Aros, Agüero, Cárdenas, etc. Con los niños nos entreteníamos especialmente en una cancha de fútbol que existía donde hoy se levanta la población Capremer. Nosotros vivíamos a 20 metros de ese campo deportivo y por ello, toda la vida hicimos mucho deporte, especialmente fútbol, esa era nuestra pasión”.

“Para que decir en invierno, las lagunas escarchadas, nos invitaban a patinar en ellas y las calles con pendiente, cuando no había en esa época tanto vehículo como ahora, nos permitían deslizarnos cuesta abajo con nuestros trineos”.

“Eran otros tiempos”.

“Cuando veo hoy en día la modernidad, recuerdo que en aquellos días éramos gente dura, fuerte, firme, sufrida, y pese a las inclemencias del tiempo jamás faltábamos a clases”.

“Como decía, los dos últimos años de la enseñanza media (en ese tiempo humanidades) los hice en el Liceo de Hombres y al finalizar esa etapa, recibí el llamado de la vocación de ser maestro. Esa idea, en gran medida, me la inculcó mi madre, debido a que ella también quiso ser profesora, pero contrajo matrimonio muy joven, vinieron los hijos y se transformó en dueña de casa”.

“Para cumplir mi deseo de enseñar, a los 17 años me fui a estudiar a la Escuela Normal de Ancud. Yo había tenido ya la experiencia de salir de la región cuando nos íbamos de vacaciones a la zona de Chillán, a veranear en casa de familiares de mi padre. Viajábamos en barco y añoro esa época cuando vienen a mi mente los nombres de algunas de las naves que realizaban estos viajes: Alondra, Arauco, Puyehue”.

“En la Escuela Normal de Ancud estuve tomando pensión en casa de doña Blanca López ya que sólo las estudiantes damas podían hacer uso del internado. Entre mis compañeros de la Normal había tres o cuatro magallánicos, entre hombres y mujeres”.

“Era bastante sacrificado estar allí, porque sólo, tuve que aprender a vivir sin las comodidades de mi hogar en Punta Arenas pero esas ‘pellejerías me sirvieron para templar mi espíritu y madurar”.

“Sólo en las vacaciones de verano regresaba a Magallanes, no así en el período de invierno época en la cual, por razones económicas, me quedaba en la isla”.

“Al egresar, en el año 1967, me vine a Punta Arenas, debido a que mis deseos eran cumplir mi acción pedagógica en esta tierra. Una vez acá, busqué donde trabajar y gracias a los buenos oficios de mi tío, Antonio Kusanovic, director del Liceo Comercial, se me ubicó en una suplencia en la Escuela Yugoslavia”.

“Al recibir mi nombramiento, en el mes de abril del año 1970, ingresé a la Escuela Juan Williams, donde ejercí la docencia en toda mi vida. Ese establecimiento educacional marcó mi existencia. Era en ese tiempo una escuelita suburbana, ubicada en la periferia de la ciudad, apegada al Cerro de los Ladrones, donde los chicos jugaban a deslizarse, a esconderse y no pocas veces a fumarse un ‘puchito’. Hacia arriba no había nada”.

“La moderna construcción era pequeña y con el tiempo se le fueron agregando salas y con el sistema de jornada escolar completa, un segundo piso”.

“Mi primer director fue Crescencio Soto Vargas, que también fue alcalde de Punta Arenas y como subdirector estaba Agustín Barrientos Barberos, un hombre de cierta edad, excelente persona. Entre los profesores de aquel entonces estaban René ‘Popeye’ Cárdenas, Humberto Aguila. Mi director posterior por mucho tiempo fue el gran educador Neftalí Carabantes Burr y, por bastantes años trabajé con colegas como Avelina Ulloa, Zaida Ziguetti, Claudio Nervi, Aurora Chacón, Rosalía Morales, Leonila Balboa, Shirley Oyarzún, Carmen Lisboa, Susana Vera, Germán Hidalgo, Irma Trujillo, Elcira Polanco, Silvia Quiroz, Daniel Arteaga, Nelson Vergara, Nancy Lara, Margarita Navarrete, etc”.

“En la escuela había una actividad cultural muy potente, folclore e incluso un grupo de teatro del Magisterio, con el cual realizamos exitosas presentaciones por toda la región con obras históricas, como por ejemplo ‘Fuerte Bulnes’, ‘Punta Arenas, la Colonia’”.

“Esta contribución a la cultura regional fue muy importante, porque yo siempre he dicho que los maestros debemos ser el nervio y motor de una comunidad, porque los viejos maestros estaban en todas”.

“Creo que todos los educadores hemos dejado una impronta en nuestros alumnos y es por ello que nos recuerdan con mucho afecto y cariño y cuando te encuentran en la calle, demuestran su alegría con un abrazo tierno y cordial”.

Su impresión del estado de la educación

La situación por la cual pasan los maestros en Chile y por supuesto en la región, provocan en Julio Pedrol, estas reacciones.

“Los profesores trabajamos toda una vida entregada a la formación de seres humanos dignos, a través de la escuela. Hemos transitado un camino compartiendo parte importante de nuestra existencia, con decenas y decenas de generaciones de niños y niñas, que han pasado a ser parte de nuestras propias vivencias, a través de sus alegrías, penas y esperanzas”.

“Con ello, los maestros no sólo hemos estado ganando el pan de la subsistencia, es mucho más que eso, porque estuvimos forjando hombres y mujeres libres, impulsando siempre el culto de la dignidad personal como norma de conducta humana”.

“Por eso es que también luchamos junto al gremio para mejorar las condiciones de vida de todos los profesores”.

“Vivimos incomprensiones pero, en mayor cantidad, mucha solidaridad”.

“Los actuales maestros sufren complejos momentos y desafíos y viven con intensidad el proceso de la modernización educacional. Nosotros los antiguos maestros entendemos que no es sólo importante la incorporación de elementos tecnológicos al proceso educativo, sino que debe realizarse igualmente una defensa permanente del desarrollo de los valores fundamentales que tiendan a satisfacer las necesidades de la sociedad con equidad, participación y humanidad”.

En la literatura

Nuestro entrevistado ha participado desde muy joven en la literatura magallánica y así nos lo da a conocer:

“Una de mis grandes pasiones ha sido la literatura, especialmente en la recolección de los antiguos aconteceres de la región, porque a través de ello mostramos nuestra identidad, nuestro pasado”.

“Sin lugar a dudas que mí fuerte es el verso y, cada vez que tengo la ocasión, participo en algunos eventos literarios y he tenido la fortuna de obtener lugares destacados en ellos, como por ejemplo en el año 2017 saqué un segundo lugar, el año pasado fui premiado con el primer lugar y este año nuevamente me galardonaron con un primer lugar del Concurso de la Agrupación de Adultos Mayores “Plumas Literarias”.

Su carta a Salvador Allende

Un capítulo especial de su vida, destaca Julio Pedrol, ocurre cuando en mayo del año 1968, por razones de índole laboral, debió acudir nada menos que a Salvador Allende Gossens, en ese entonces presidente del Senado de la República, a fin de solicitar una solución a su nombramiento como profesor de la Escuela Mixta Nº6 de Punta Arenas, donde permanecía sin recibir remuneración.

Un capítulo especial de la vida de Julio Pedrol ocurre en mayo de 1968, cuando por razones de índole laboral, pidió la ayuda de Salvador Allende Gossens, en ese entonces presidente del Senado de la República, a fin de solicitar una solución a su nombramiento como profesor de la Escuela Mixta Nº6 de Punta Arenas, donde permanecía sin recibir remuneración.

Pedrol, además, en su misiva denunciaba: “Los profesores cesantes de Magallanes nos hemos unido en un comité tendiendo a acelerar nuestro impase. Hemos luchado codo a codo con el magisterio en huelga, dando claros ejemplos de combatividad, hasta el punto que el suscrito fue encarcelado junto a otros compañeros por la toma de la escuela local Nº7”.

El día 20 de julio recibió, con grata sorpresa, un sobre que, al abrirlo, contenía la respuesta del senador, que en parte decía: “…tiene el agrado de manifestarle que ha pedido al señor Subsecretario estudie su nombramiento. Debe manifestarle además, que ha tomado debida nota de los antecedentes que usted le proporciona sobre la persecución de que ha sido víctima, a fin de darlos a conocer en el momento oportuno”.

Hoy, el educador Julio Pedro Kusanovic se da cuenta que la situación de la educación en Chile no ha cambiado, y nos entrega sus impresiones:

“Veo con tristeza la situación de los maestros paralizados y una de las causales es tratar de detener el cierre por parte del Estado que 498 escuelas públicas, cuando justamente son necesarios más establecimientos educacionales y más profesores para culturizar al pueblo”.

“Lo mismo contemplo con angustia la violencia en las escuelas, lo que hay que controlar mediante una ley con fundamento educativo y no represivo como se está haciendo. Los maestros no queremos una jaula segura”.

“Y por último, el enorme error de querer eliminar como ramos obligatorios la historia, la educación física y el arte, asignaturas fundamentales para el desarrollo del ser humano. Ya nos sacaron la Educación Cívica que tendía a formar buenos ciudadanos, igualmente la Filosofía, que es el pensar”.

“Soy viudo de Alicia Ortega, que me dejó una hija, Sandra y mi nieta Camila de 26 años, que son mis luceros del alba”.

“Pasan los años, pero a los seres humanos nada nos pasa, sólo la vida”.

Julio junto a su esposa Ana Alicia Ortega.