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Ciego, valiente y “tirapiedras” natalino redujo a ladrón que intentó robarle en Concepción

Por Ramón Arriagada miércoles 27 de enero del 2016

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Aveces las vidas mínimas emergen como personajes épicos. Un acto de arrojo que no estaba en sus cálculos, los hace asombrosos en una sociedad, donde muchas veces para vivir sin complicaciones nos adocenamos. Es lo que le sucedió a Carlos Maldonado Warner, invidente, comerciante en el centro de Concepción. Se dio cuenta que un malandrín le estaba sacando las pocas monedas reunidas en la venta de su humilde inventario de mercadería, se abalanzó sobre  él y lo detuvo hasta que llegara Carabineros.

El gesto de Carlos Maldonado ganó los espacios más destacados de los diarios penquistas y canales de televisión a nivel nacional lo mostraron y entrevistaron, repitiendo una y otra vez, estar frente a un valiente. Otro ejemplo a destacar en la lucha contra el flagelo  que amenaza a las personas que transitan por las calles de las principales ciudades de Chile.

Pero lo que no muchos saben es que Carlos Maldonado Warner es natalino. Lo conozco desde hace muchos años, cuando él era un adolescente y circulaba por las calles de la capital de Ultima Esperanza, donde dejó muchos amigos y  recuerdos. Pocos también saben que el amor lo llevó a vivir en Concepción, donde formó un hogar en compañía de su esposa también invidente. Hijo de una familia de puesteros, se crió jugando en las grandes y verdes colinas del sector de la calle Martínez. El nació sin problemas de visión, pero siendo niño, se enfermó y estuvo muchos días soportando un estado febril, consecuencia de lo cual quedó ciego, según me contaba.

Querendón de
su tierra natal

Yo a menudo  viajo a la ciudad de Concepción, donde vive mi hija con su familia. En la oportunidad que puedo paso a saludar a mi amigo Carlos. El está en el centro comercial de la ciudad, en su carrito apertrechado de artículos de venta rápida. Siempre, a modo de broma, le hago mención en voz alta, “en la esquina están más baratos”, al reconocer mi voz se alegra y me saluda efusivamente. Me cuenta de su familia, tiene hijos videntes. Es un querendón de su tierra natalina y me tapa a preguntas sobre nuestros amigos y conocidos comunes. Recordamos  los momentos compartidos, mientras él estaba en Natales.

Siempre recuerda que le regalé una guitarra, cuando era muy joven. Le dije al entregársela, que debía volver al mes siguiente y demostrarme sus progresos. Cumplió, pero traté de disimular mi risa, pues me hizo escuchar, su canturreo con un desafinado rasgueo de la tonadilla aquella… “noche oscura, nada veo, sólo llevó mi farol”.  Nunca me dijo el por qué de la elección de su primer repertorio.

Emprendimiento fallido

Carlos desapareció de Puerto Natales. Lo volví a encontrar tiempo después en el aeropuerto de Concepción, embarcando de regreso a su terruño. Me contó que había hecho un curso de emprendedores ciegos. Traía como tesoro, una pareja de conejos angoras. Serían el inicio como empresario y ciego autovalente. Traía los asustados animalitos en una modesta jaula de madera. Había estado un año aprendiendo sobre la crianza de los conejos. Lo habían ido a despedir  todos sus  compañeros de curso para invidentes. Entre ellos, su futura esposa, una agraciada y joven penquista.

Con Carlos recordamos los momentos del embarque con su incipiente capital de trabajo. Estalla en risas, al recordar el “quilombo” que le armamos con otros pasajeros, junto a sus compañeros ciegos a un empingorotado funcionario del mesón de la línea aérea, al negarle el embarque de los peludos conejos. Habían reglas, como que tenían que viajar en una jaula especial, hasta con pañales para evitar el pasoso olor a orina de los orejudos viajeros. No recuerdo los detalles, pero los conejos llegaron a tierras magallánicas. Al parecer el emprendimiento resultó fallido y los conejos  no resistieron al frío.

Es mi recuerdo de homenaje para Carlos, hoy elevado a la categoría de ciudadano ejemplar en la lucha contra la delincuencia. No dudo que en el próximo encuentro en Concepción, nuevamente, habrá mucho que conversar con este ciego valiente y “tirapiedras”.