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En el Día de la Madre, mujeres relatan sus historias de vida desde el Eleam

Por La Prensa Austral lunes 14 de mayo del 2018

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Una descendiente Kawésqar, una peluquera y una trabajadora de casa particular
recordaron su vida antes de ingresar al hogar del adulto mayor.

Silvana Cárcamo

scarcamo@laprensaaustral.cl

En el Establecimiento de Larga Estadía para el Adulto Mayor de Magallanes (Eleam), no sólo hay mujeres, madres, hijas o abuelas. También hay historias de vida que pocas veces son contadas por sus protagonistas, quienes pese a los años no olvidaron lo que fueron y lo que son.

Al interior del Eleam, emplazado en calle Hornillas próximo a Avenida Eduardo Frei, nos encontramos con el día a día de Norma Soto, Rosa Osorio y Sandra Quezada. Mujeres que desde hace algunos años son residentes en el establecimiento y que se esfuerzan por seguir progresando ante las adversidades.

Descubrimos la vida de Norma Soto, una mujer de setenta y ocho años con problemas de movilidad y dificultades para hablar, pero gracias a la ayuda de su amigo Miguel Campos, logramos comunicarnos y escuchar su historia.

Norma lleva seis años en el hogar, tiene una hija de unos cuarenta años y dos nietos, comentó que la visitan con frecuencia y que antes de enfermarse trabajaba como asesora del hogar y cuidaba niños.

Ella se siente cómoda en el Eleam y nos asegura que es la regalona del hogar. Norma asiste a terapias para mejorar su movilidad y tratamientos para el habla. Además, disfruta de libros para pintar, tardes de bordado y la creación de mosaicos con la profesora de artes que hace clases en el recinto para adultos mayores.

También nos encontramos con Rosa Osorio, descendiente Kawésqar, poco recuerda de su vida pero pese a ello no olvida que nació entre los canales patagónicos por el año 1939. Manifestó que tuvo dos hermanos de nombre Arturo y José.

Olvidaron a su madre

Rosa dice que tuvo cuatro hijos, dos ya fallecieron, en tanto los otros olvidaron a su madre. Las técnico paramédicos del establecimiento nos relataron que esta mujer lleva un año en el hogar, y que vivió en casa de familiares en los años anteriores.

Rosa tiene setenta y nueve años, padece de sordera y es algo introvertida, teniendo días buenos y malos para entablar conversaciones con terceros. Nos comentó que jamás conoció a su madre, ya que murió durante el parto siendo criada por parientes. No fue a la escuela pero sí aprendió a leer y escribir.

Por su parte, Sandra Quezada se desempeñó veintisiete años como peluquera en su local de Armando Sanhueza con Avenida República. Recuerda con cariño el oficio que la acompañó por largos años.

También trabajó como cosmetóloga, hoy cuenta con escasa movilidad por el accidente vascular que sufrió, pero se esfuerza para que las cuidadoras y técnicos paramédicos del centro aprendan a teñir y cortar el pelo.

Sandra tiene sesenta y seis años, vive con los aportes de una pensión básica solidaria y dice que no abandonará el hogar porque no quiere ser una carga para sus hijos. Desde algún tiempo cuenta con el apoyo de una hermana mayor, que la visita cada vez que puede, mientras sus hijos la visitan cada dos semanas.

Ella no tuvo la oportunidad de conocer a su madre, quien falleció en el parto y su padre siempre se mantuvo a distancia, por ello desde sus cinco días de nacida fue criada por los que denomina, sus padres de crianza.

En el Establecimiento de Larga Estadía viven alrededor de sesenta personas y si bien algunas fueron abandonadas por sus familiares, otras en tanto reciben visitas periódicas.