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En el Sofá: Pedro Hidalgo y Mercedes Macías, chileno y tehuelche, un amor eterno

Por La Prensa Austral lunes 23 de enero del 2017
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Las historias del pueblo tehuelche de la Patagonia se entremezclan con antiguos próceres argentinos y gente venida especialmente del archipiélago de Chiloé, que arribó a la sureña provincia trasandina de Santa Cruz en busca de mejores horizontes laborales.

Una de estas historias atañe a la vida de Mercedes Macías Ibáñez, conocida en el idioma de su raza como «Jono», que significa «mujer especial».

Los primeros hechos que dan inicio a esta narración, datan de una historia de amor nacida en la década de 1880, cuando el gobierno argentino nombra al explorador Ramón Lista, gobernador del Territorio Nacional de Santa Cruz, militar que se traslada entonces a esa región argentina, acompañado de su esposa Agustina Andrade, dedicándose la nueva autoridad a visitar las tolderías indígenas en prolongadas permanencias que concitaron la sospecha de una infidelidad conyugal.

Agustina Andrade conoció al oficial porteño Ramón Lista, quien venía de explorar el sur. Sus historias acerca de las matanzas de indios selknam (que él llamaba onas) la enamoraron. En 1879 se casaron en Buenos Aires. Ramón Lista partió al Territorio Nacional de Santa Cruz -donde se convertiría en el segundo gobernador- mientras que Agustina Andrade se quedó en la quinta de Lista, en Témperley, (a veinte kilómetros de la ciudad de Buenos Aires). En sus esporádicas visitas, Lista y Andrade engendraron dos hijas.

En 1890, Agustina Andrade se enteró de que su marido mantenía una familia paralela en la Patagonia con una indígena tehuelche llamada Koila, con la cual había tenido una hija, Ramona Cecilia Lista (a la que le había dado su apellido). Agustina Andrade se encerró durante meses en su casa en el campo, hasta que dejó a sus dos hijas al cuidado de su madre y se mató con un tiro de revólver el 10 de febrero de 1891. Fue enterrada en el Cementerio de la Recoleta.

Efectivamente, una joven aónikenk, Clorinda Coyle, fue depositaria de los amores de Ramón Lista, con el cual tuvo dos hijos: Adolfo y María Ramona Cecilia Lista, nacida en el año 1893, conocida en la historia como Ramona Lista, y que a la edad de 26 años, contrajo matrimonio con José Macías Gallardo, uno de dos hermanos chilenos venidos a la Argentina, desde la localidad de Chonchi, en Chiloé.

En el año 1919, la familia Macías-Lista se establece en el sector de Camusu-Aike, (lugar del pasto alto ondulante), puntualmente en la estancia Cañadón Seco, en Santa Cruz.

Por su parte, Clorinda Coyle, al no obtener de parte de Ramón Lista ninguna seguridad de unión y al partir éste de regreso a Buenos Aires, decide casarse con el mestizo tehuelche Nicolás Ibáñez, de cuyo matrimonio nace Amelia, madre de Mercedes Macías Ibáñez. Amelia, con el pasar del tiempo se une al hermano de su padre, de cuya relación nace Jono. Su progenitora muere al poco tiempo dejando a su hija al cuidado de su familia que la utiliza a modo de empleada sin sueldo -según confesión de la propia tehuelche-.

Aparece otro chileno al rescate

Pedro Antonio Hildalgo Hernández, un joven de 15 años, al igual que muchos adolescentes de su tierra, partió desde Llau-Llao, en Chiloé, a probar suerte a la Patagonia, arribando a Tierra del Fuego donde inició sus primeras labores pagadas. Su anhelo era participar en la faena de esquila, ya que sabía por sus coterráneos que en ese trabajo se ganaba bastante dinero.

Comenzó integrando una comparsa de esquila la cual no reunía las condiciones económicas que el joven deseaba, por lo que determinó cruzar la frontera e irse a trabajar a la República Argentina.

Después de ocuparse en varias estancias trasandinas, y ya premunido de una pequeña tropilla de caballares, llegó hasta un puesto de la Explotadora Tierra del Fuego, donde uno de los trabajadores le dio el dato que en la estancia Cañadón Seco, propiedad del chileno Macías, faltaba gente para realizar trabajos de campo.

«Mi primera labor -me cuenta Pedro- fue hacer una picada de un par de metros de ancho. Antes de un mes ya tenía terminado el trabajo, de tal manera que el dueño del predio me ofreció contrato en forma definitiva, pero yo seguía con mi sueño de ser esquilador y quería irme de allí, más, ya me había picado el bicho de amores al conocer a Mercedes Macías, una atractiva tehuelche sobrina del propietario de la estancia. Después de unos meses de amistad decidimos casarnos pero hubo desaprobación del hermano de su padre, puesto que debía reemplazar en los quehaceres domésticos a su tía que estaba enferma de cuidado».

Al cabo de un tiempo contrajeron matrimonio y se fueron a vivir a Río Gallegos, pero como Pedro Antonio debía continuar trabajando en estancias, dejó a su mujer en pensión en casa de unos amigos.

De esta unión nacieron siete hijos. Dos de ellos fallecieron.

La importante descendencia

José Amador Hidalgo Macías es uno de los herederos de esta familia, el cual muestra con orgullo sus tres nacionalidades: argentino de nacimiento, tehuelche por su madre y chileno por su padre.

«Esta nacionalidad -me confidencia- nos tocó muy profundamente desde nuestra niñez, ya que vivíamos en el barrio chileno, donde a cada momento se mostraba parte de la cultura del país de nuestro padre y de nuestro abuelo materno con las tradiciones propias de esa patria a la vez tan cercana, pero también desconocida. El respeto hacia los símbolos de su país, nos lo inculcó nuestro padre, a la vez que nuestra madre, desde muy pequeños, nos hizo que estuviéramos orgullosos de nuestra raza tehuelche y es más, llevábamos siempre a la escuela fotografías para mostrar que éramos descendientes de esa raza patagónica».

José Amador confiesa que también su madre lo inició en el peronismo, encauzándolo en la política a la cual ingresó en el año 1983, a la edad de 19 años, enarbolando como bandera de lucha el hecho de ser descendiente de chileno y tehuelche, habiéndose desempeñado como concejal en el período comprendido entre los años 2007 al 2011.

El ocaso de Jono

Mercedes Macías Ibáñez, la «Jono» dejó de existir el 27 de abril del año 2014.

Nos unió una gran amistad y producto de ella, pude conocer de su propia voz su vida y parte de la historia de su pueblo. En nuestras incontables reuniones en Río Gallegos, quedaron los planes inconclusos de llevarla a conocer el país de su padre, la nación de su esposo, la ciudad tan cercana y a la vez tan lejos para ella: Punta Arenas.

En cierta ocasión, intrigado al comprobar en sus narraciones que la mayoría de las jóvenes tehuelches se unían a varones chilenos, le consulté: -Jono, ¿A qué se debe que sus paisanas se casan más con chilenos que argentinos? ¿Es que acaso mis compatriotas son más buenos mozos o mejores maridos? Y ella me respondió: -No, lo que pasa es que había más chilenos. (Efectivamente, los campos y estancias de la Patagonia argentina tenían más mano de obra de trabajadores chilenos que argentinos. Una muy buena explicación).

Guardo hermosos recuerdos de los extraordinarios trabajos que ella creaba, como una faja aónikenk tejida por sus manos, que milagrosamente, confeccionaban artesanías únicas, «la exclusiva herencia que me dejó mi madre» me contaba. «Muchos me dicen que deje este arte, que ya he hecho bastante, pero mi respuesta es que voy a continuar tejiendo hasta que mis ojos de cierren para siempre».

En los dibujos de sus fajas, de sus hilados en tabaqueras de cuello de ñandú o bolsos de piel con representación de aves, pinturas rupestres y otros, bordó con lágrimas la historia de su raza, su propia historia, en la cual se mezclaban su nacimiento argentino y su sangre chilena-tehuelche que dejó sus frutos en sus hijos de gran estatura y corazón tricolor que vibran con las tradiciones de ese país que les legó parte de su sangre.

Su esposo Pedro Antonio Hidalgo Hernández, le sobrevive, guardando celosamente los recuerdos de esta mujer de la estirpe tehuelche, que proyectó la cultura de su raza en sus artesanías aprendidas de sus mayores.