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Entre el huerto y los frutos secos

Por La Prensa Austral domingo 10 de noviembre del 2019

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– El establecimiento cuenta con una matrícula de 200 alumnos y se ocupa en
discapacidad intelectual y en el trastorno específico del lenguaje.

Son más de 200 niños los que dan vida a la Escuela Especial del Club de Leones Cruz del Sur, establecimiento que trabaja en el área de discapacidad intelectual y en el trastorno específico del lenguaje, con niños y jóvenes hasta los 26 años de edad, en las mismas dependencias del Centro de Rehabilitación, ubicadas en la Avenida Eduardo Frei. Son los propios alumnos los que mostraron los distintos proyectos que han desarrollado. Así mientras algunos trabajan en el huerto, otros elaboran frutos secos y sales de baño, y los más pequeños se encuentran dedicados a los trabajos de arte.

En el Area de Discapacidad Intelectual, los jóvenes trabajan con psicomotricidad o educación física, y los niños con jornada completa tienen talleres de yoga, música o artes. En esta área, los alumnos tienen un trastorno de base y a consecuencia de eso tienen un problema en el lenguaje, habla o en la comunicación. Se trabaja con niños con síndrome de down, autismo, parálisis, mielomeningocele, agenesias de tronco cerebral, entre otros. En tanto que en el Area del trastorno del lenguaje, tienen talleres de psicomotricidad, educación emocional, arte terapia y fonoaudiología que complementa el trabajo que se realiza de manera individual. No hay un síndrome que desencadene el trastorno de lenguaje.

Trabajo en invernadero

Uno de los proyectos que se ha trabajado en la Escuela Especial del Club de Leones Cruz del Sur es el invernadero que fue construido con materiales reciclados y que se puede trasladar por las instalaciones del centro ayudando a los jóvenes con movilidad reducida. La educadora en este proyecto es Dinka Lovretic, quien trabaja con ocho alumnos con discapacidades múltiples, que tienen entre los 16 años y los 24 años. “Este es un invernadero móvil que fue elaborado completamente en base a material reciclado y que se puede trasladar y permite que podamos trabajar en distintos espacios”, comentó.

La educadora Milena Neira, del Taller Laboral, quien trabaja con jóvenes que tienen discapacidad intelectual, explicó que se han abocado en dos áreas, la primera es la fruta deshidratada donde cada uno de los seis alumnos tiene un rol en el proceso de elaboración. El producto final se envasa y se etiqueta. Además, han puesto sus afanes en la elaboración de sales de relajación o energizante, que se han hecho en base a la sal de mar, colocándosele las esencias.