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  • José Ramón Ampuero Guzmán

Erika Mutschke: «Viví toda mi vida entre plantas e insectos, pero nunca pensé en dedicarme al mar”

Por La Prensa Austral sábado 26 de septiembre del 2015

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El abuelo de Erika llegó desde Alemania a principio de 1900 y se instaló en Punta Arenas al igual que cientos de inmigrantes para construir un futuro mejor. De él heredó su pasión por la naturaleza, ya que era un jardinero de profesión, quien fue además colector de plantas que traían los barcos que pasaban por el Estrecho de Magallanes desde distintas latitudes. Su padre, también continuó con el oficio de la jardinería y con él aprendió sobre las particularidades de cada especie, “yo viví toda mi vida entre plantas e insectos, y nunca pensé en dedicarme al mar, pero las cosas se dieron así y realmente me gusta mucho”, comenta Erika, mientras busca un diccionario de geografía regional, en donde muestra un punto en la ribera sur del Seno Europa, denominado Punta Mutschke. “He explorado buena parte de Magallanes y me siento muy afortunada, tanto que hasta tengo un lugar geográfico que le pusieron mi nombre”, dice riéndose.

Casada con Carlos Ríos Cardoza, su colega y compañero de vida, quien además es el actual director del Instituto de la Patagonia, Erika comparte a diario temas científicos así como de la educación de sus hijos y cuestiones inherentes a la familia. Según cuenta tiene un respeto intelectual muy grande por su marido, que además es su jefe, aunque advierte (con un simpático gesto chispeante en su mirada) que esa relación jerárquica se da sólo en el ámbito laboral y no ocasiona ningún inconveniente ya que en la casa los roles son bien equitativos.

Sus hijos Ignacio (16) y Antonieta (11), se han acostumbrado desde muy chicos a sentir la ausencia de su mamá durante las expediciones. Pero ella tuvo la suerte de contar siempre con el apoyo de Carlos y la familia para compensar esa falta, ya que todos comprendían que era parte de su profesión. “Cuando me fui en el 2005 con un buque hidrográfico español, Antonieta tenía seis meses, me fui dos meses y cuando volví casi no me conocía”, recuerda, con el correr de los años los chicos fueron comprendiendo que su mamá se iba por un tiempo y luego regresaba y que esa situación era parte del trabajo.

Al mando de un buque científico

En el año 2010 tuvo el desafío de liderar una de las más grandes expediciones científicas nacionales Cimar 16 Fiordos, organizado por el Shoa (Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada) cuya misión fue reunir importante información para universidades y centros de investigaciones del país. Dentro de sus responsabilidades debía coordinar de los investigadores, quienes a su vez tenían su propio equipo de trabajo y cada uno de ellos contaba con intereses científicos particulares.

“Siempre hay conflictos, porque tener la responsabilidad de ser jefe de cruceros es difícil, porque no sólo hay que lograr que se cumpla lo que uno va a hacer, sino también velar porque los intereses de todos los que están ahí se cumplan. Como es un trabajo biológico no es fácil, hay que tener en cuenta muchos factores, como los horarios en los que se pueden recolectar determinadas muestras. Fuimos 16 científicos, cada uno con intereses distintos, maniobras distintas, en algunos casos el buque tenía que estar moviéndose, en otros parar y fondear. También por condiciones climáticas teníamos que escondernos en algún fiordo, y fondear, hasta que pase el temporal. El trabajo era todo el día y toda la noche”, cuenta Erika.

Participó además en la primera Expedición Antártica de Invierno, que hizo el buque Piloto Pardo. “Nos quedamos varados dos días en el hielo en el año 1993”, recuerda y prosigue “era tanta la tormenta que se cerró todo, estuvimos comiendo pan con jamón, queso y bebidas enlatadas, la cocina se cerró y no se podía circular por las partes externas”. Para ella y toda la tripulación los primeros días varados en el hielo fueron estresantes, pero de nada se arrepiente, volvería a hacer todos y cada uno de los viajes que le permitieron conocer el Canal de Beagle, el Cabo de Hornos, el Mar de Drake, el Bellinghausen entre otros lugares de la maravillosa geografía austral.

También estuvo embarcada en el buque español de investigación oceanográ- fica Hespérides. “Todo era de día, me tocaba el turno de noche, pero nunca estuve segura que era de noche, hay gente que realmente les trastorna el sueño”, señala. Su objeto de estudio son los equinodermos, es decir las estrellas de mar. “Dentro de todos los seres que habitan el fondo del mar, las estrellas son hermosas”, y muestra en la pantalla de su computadora fotos de algunos especímenes encontrados con colores impactantes, que van desde los azulados, corales, amarillos y violáceos. “Aquí en el Estrecho de Magallanes hay una diversidad muy grande que se incrementa hacia el sur. Las estrellas tienen una función ecosistémica muy importante, son depredadores tope, se comen en el fondo a todos”, comenta y advierte que su próximo desafío es poder estudiar las estrellas que se encuentran a mil o mil quinientos metros de profundidad.

Expediciones junto a su mentor Sus primeros pasos de la investigación científica en terreno, fueron junto a quien considera su mentor, el reconocido naturalista Edmundo Pisano Valdés. “Yo acompañé en muchas expediciones a Don Edmundo, yo salía mucho a terreno, como en esa época era bastante más joven, me pasaba todo el verano en exploraciones. Disfrutaba salir y conocer, me maravillaba todo lo que veía, y cuando uno va con alguien que sabe, empieza a ver cosas que antes no veía”, cuenta con entusiasmo.

Continúa indicando que “encontré pequeñas plantas carnívoras porque Don Edmundo me las mostraba, vi también la brutalidad de la naturaleza, cuando una de estas especies introducidas (las ratas almizcleras) se comían a unos bebés caiquenes, y la madre aleteaba desesperada. Son experiencias que uno dice qué brutal, pero qué real. Es una violencia natural, sin maldad, aunque suene raro. Es solamente para proteger la especie, para hacer solamente lo que la biología misma indica a todos los seres vivos: nacer, reproducirse y morir, es muy brutal pero es una brutalidad real. No deja de asombrarme al día de hoy, cosa que me alegra”.

De cada viaje lamenta no haber tomado la cantidad de fotos que le hubiese gustado, aunque también era una época en que la cámara digital no existía, “Todas las experiencias quedan en el gusto que a uno le recuerda, las vivencias. Una vez me caí en un caballo en un turbal, nos hundimos. Yo salí arrastrándome casi me morí de miedo, el caballo salió corcovando. Experiencias que si me dijeran si lo volvería hacer, lo haría de todas maneras”.

Problemáticas medioambientales

Otra de las actividades a las que se dedica Erika Mutschke es al estudio del impacto ambiental de determinadas empresas que trabajan en la región. “En Magallanes hay tremendos problemas ambientales, desde impactos visuales hasta la contaminación con basurales, acumulación de gomas, chatarras, baterías, pilas. Es un tema muy complejo que no debería ser tal. La voluntad política de proteger el ambiente es baja todavía. No hay una política energética adecuada, no existe el concepto de reciclaje en la región”, enfatiza dejando de lado otros temas que han sido controvertidos en los últimos meses ya que según su opinión exceden las investigaciones científicas para entrar en una puja de intereses polí- ticos y económicos.

Encuentro con Bachelet

Dentro de un libro que saca de la biblioteca de su oficina, Erika extrae una foto junto a la Presidenta Michelle Bachelet, a quien tuvo el privilegio de conocer tras ser invitada como una de las “Mujeres en el poder” por su rol en la expedición Cimar 16 Fiordos. “Independientemente de la situación en la que está el país, ella es una mujer muy cordial, muy amable, aparentemente se mostró interesada en saber quién era yo y el trabajo que venimos haciendo en investigación científica”, comenta.

Intereses a futuro

“Me interesaría estudiar las estrellas del mar profundo, estoy hablando de más de mil o mil quinientos metros y conocer todo lo que pasa en el mar de Drake respecto a la península, para conocer cómo fue la migración así como también el vínculo Antártida – continente. Esto depende de convenios internacionales ya que se necesitan buques muy grandes”, explica.

Mitos del mar

“Yo nunca he tenido ninguna experiencia fantástica en ninguna de las expediciones, y he viajado muchísimo. Creo que al tener un grado profundo de expertis y conocimiento de las distintas especies, uno puede separar con claridad los diferentes grupos. Por ejemplo al sacar una muestra de agua y ponerla debajo de la lupa uno encuentra un mundo tremendamente grande”, advierte y enfatiza en que todo tiene una explicación científica, por eso para ella no existen ni las sirenas de mar ni los monstruos marinos, y cada mito lo atribuye a una falta de conocimiento, y tergiversación de las cosas que se ven, que luego se van comunicando de boca en boca con ingredientes que van deformando el mensaje inicial.

Erika Mutschke es una apasionada por la geografía y la biodiversidad magallánica y por eso cuando se fue a estudiar a Concepción decidió volver para quedarse y continuar aprendiendo de la propia naturaleza, a través de la experiencia, y continuar también aportando a la región a través de la educación en la Universidad de Magallanes.