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Estancia Oazy Harbour o “Gringos Duros”, una de las más antiguas de Magallanes

Por La Prensa Austral sábado 13 de enero del 2018

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Su cementerio fue declarado Monumento Histórico Nacional

Por Mario Isidro Moreno

La historia de la estancia Oazy Harbour se inicia allá por el año 1878, cuando Enrique L. Reynard junto a su socio el señor Roig pusieron ganado lanar en esos campos. Después, en 1884, quedó en poder de Reynard hasta 1903, fecha en que la Sociedad Ganadera de Magallanes adquirió esos campos. A fines de octubre de 1907, y con motivo de un préstamo que la Sociedad Ganadera de Magallanes solicitó de la Caja de Crédito Hipotecario, la institución s encomendó una tasación detallada de las propiedades ofrecidas en garantía a los peritos Anibal Contreras y Agustín Baeza Espiñeira. Según el informe presentado por dichos técnicos los terrenos se hallaban divididos en tres grupos, en cada uno de los cuales se había formado una estancia separada, provista de sus correspondientes instalaciones, las que se denominaban “Punta Delgada”, “Oazy Harbour” y “Pecket Harbour”.

Dichos campos fueron conocidos también con el nombre de “Gringos Duros”, cuya explicación sugiere que fueron bautizados así por la obstinación y tenacidad de los ingleses que laboraban en ellos, los que se ponían “duros” ante las inclemencias del tiempo o las adversidades de la Patagonia.

La ubicación exacta de la propiedad es, entre las estancias Avelina y San Gregorio, ingresando por el kilómetro 90 de la ruta internacional CH 255 que une Punta Arenas y Río Gallegos.

Tenía una extensión de 185 mil hectáreas de campos, los que estaban divididos en 67 potreros que mantenían 130 mil lanares 500 vacunos y 250 caballares.

Su producción de lana en el año 1918 alcanzó 360 mil kilos.

Su administrador era P. Grant. Posteriormente, la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, designó como administrador de la estancia Oazy Harbour a T. A. Crosley, en el año 1951.

El cementerio de Oazy Harbour, ubicado en la misma estancia, fue declarado Monumento Histórico, por Decreto 556 del año 1976.

Los recuerdos de la estancia

Un sinnúmero de personas que tuvieron la ocasión de vivir allí, mantienen un recuerdo imborrable de ese tiempo.

Manifiestan que para la época de esquila, se reunían allí medio millar de trabajadores, más las familias establecidas en la estancia. Quienes laboraban como parte de la planta estable, sumaban alrededor de 300 personas.

Existía entretención especialmente cuando se organizaban los torneos de fútbol y fiestas amenizadas por orquestas llevadas desde Punta Arenas.

Un gran número de trabajadores de Oazy Harbour, ubicaron a sus familias en un sector emblemático de la Sociedad Ganadera: la población Explotadora, levantada en Punta Arenas para ser ocupada por empleados y obreros.

Uno de esos recuerdos, lo narra María Antonieta Barrientos, quién manifiesta que primero vivió allí su abuelo materno Antonio Bahamóndez Sotomayor, son su esposa Tránsito González.

“Mi abuelo era cocinero de la Sección La Vega, de la estancia Oazy Harbour. También mi padre Hermógenes Barrientos Oyarzo y mi madre María Nely Bahamondez, se establecieron en esos mismos campos ganaderos, siendo destinados al Puesto Bautismo, donde vivimos con tres de mis cinco hermanos”.

“Cuando llegó la época escolar, trasladaron a mi padre a la estancia para que pudiéramos concurrir a la escuela del lugar. No fue mucho el cambio, ya que ni se notó porque el puesto Bautismo se ubicaba a sólo unos pocos kilómetros de las casas patronales”.

“Quienes notaban bastante el cambio, eran otros pequeños que llegaban de sectores más lejanos. Eran bastante ‘bagualitos’ y mostraban su timidez escondiéndose o hablando muy poco”.

El contacto que tenía María Antonieta con otros puesteros y sus familias, campañistas, ovejeros, le dio una personalidad para tratar con la gente. Ella informa que en tiempos de la zafra se reunían en la estancia cerca de quinientas personas, más las familias establecidas. Los permanentes, trabajadores de planta, eran entre 250 a 300 personas.

“Una de las cosas que recuerdo era que no me dejaban ir a las fiestas porque, además de mi corta edad, era peligroso estar allí a la hora en que muchos con el alcohol en la cabeza se ponían “mañosos” y debía intervenir Carabineros. La mayoría de los peones portaba cuchillo, no como un arma sino como parte de los elementos necesarios para un hombre de campo a fin de utilizarlo en las faenas con animales, pero llegado el momento de una riña, también lo podían ocupar con fines de ataque o defensa”.

El deporte Oazy Harbour

Uno de los entretenimientos más esperados por los trabajadores de la Ganadera y sus familias, era viajar a las estancias a realizar partidos de fútbol.

Los cotejos mejores eran los protagonizados por los equipos de la estancia Oazy Harbour en contra del cuadro de Punta Delgada. Se realizaban partidos alternados en ambos campos ganaderos de la Explotadora.

Por supuesto que los peones invitaban a sus familias de Punta Arenas para que, además de presenciar los encuentros, al final participaban en los bailes comunitarios.

Hernán Gómez (Q.E.P.D.), se desempeñó durante muchos años como tesorero del Club Deportivo Explotadora, recordó:

“Prácticamente la institución era más como un club social. Toda la población asistía a las reuniones donde se programaban giras a las estancias de la Ganadera para competir con equipos representativos del sector rural. El centro más visitado era Oazy Harbour. Se partía muy temprano, tipo siete de la mañana para arribar al lugar donde nos esperaban con un excelente aperitivo luego de lo cual venía el partido y a continuación el gran asado al que seguía una reunión bailable que terminaba no muy tarde para los efectos del regreso a Punta Arenas”.

“En algún momento en que había que asumir un compromiso deportivo mayor, el equipo se reforzaba con ‘galletas’ de otro lado, como el caso de uno de los buenos arqueros del club deportivo Español, Aldo Gallardo. La cosa era ganarles a los de Oazy Harbour”.

Eran otros tiempos, épocas que muchos recuerdan con nostalgia.

Otro de ellos, Carlos Haro Pérez, perteneciente a una familia de trabajadores de la estancia Oazy Harbour, añora:

“Existía en aquella época una facilidad que todo el mundo echa de menos: la entrega de carne. Una vez a la semana se proporcionaba la carne a todas las familias de los trabajadores de las estancias de la Ganadera, por supuesto que a un costo bajísimo. Había puntos de distribución, por ejemplo en la calle Condell con Orella, del barrio Prat; la gente de la población Explotadora retiraba este producto en calle Enrique Abello, a mitad de cuadra, donde vivía don Miguel Ruiz. Las familias de los trabajadores estaban debidamente identificados de tal manera que ellos tenían sólo que concurrir a retirar la carne a los puntos de distribución. Tiempos pasados donde por obligación el ganadero debía tener una cuota de carne para distribución en Magallanes”.

Origen de la palabra “chumango”

Una de las versiones que explica el término “chumango” que se aplica a los magallánicos, me fue entregada por el poeta José Grimaldi Acotto, de la siguiente manera:

“La antigua estancia Oazy Harbour, conocida también como ‘Gringos Duros’, era administrada por ingleses que poco o nada entendían de español. Por su parte, los peones no dominaban el idioma de Shakespeare de tal manera que se determinó que un representante de los trabajadores recibiera las órdenes de las labores que debían cumplir diariamente. Un día, el administrador inglés amaneció de mal genio y al indignarse con el delegado de los trabajadores, lo despidió exclamando -¡you man go! (tu hombre vaya, hágalo)”.

Cuando, sin entender la frase, el peón llegó hasta sus compañeros, le consultaron porque venía con esa cara entre triste y ofuscada, a lo cual les informó:

-¡Se enojó el gringo y me echó una elevada! ¡Me gritó algo así como Chumango!

Y así, habría nacido esta designación para los habitantes de esta tierra.

Pasar por las antiguas instalaciones de la estancia Oazy Harbour, es como recorrer un pueblo fantasma que lucha por mantenerse en pie y mostrar sus pasadas grandezas. El galpón de esquila, la cocina, los comedores y dormitorios de los trabajadores, las casas patronales y los corrales donde transitó el oro blanco, arreado por jinetes que hoy ya no están. A uno de ellos, su abuelo, trabajador de la estancia Oazy Harbour, le escribió María Antonieta Barrientos:

“Vaga aún tu sombra por la vieja estancia tras los ecos dormidos de inciertas esperanzas. Errante en la Patagonia sin fronteras poniendo el hombro a lo que venga tu destino, los pasos que avanzas. La espalda se curva, la cabeza se encana, la soledad se traga las palabras. ¿Adónde vas, abuelo de la nada, eterno arriero de la pampa, sin hijos, sin nietos, sin nada? Tu montura se vestía de blanca oveja, de fría madrugada de sol pálido de escarcha. Partías al florecer el alba restregando cicatrices del clima implacable arañazos de tantas soledades.¿Quién te adivinó en estas lejanas tierras?¿Quién te vio andar la Patagonia entera?¿Quién deja flores en la cruz de una loma cualquiera?¿Quién contará la anónima historia de tus marchas silenciosas ovejero, baqueano, si nadie te guarda en la memoria? ¿Dónde estás, abuelo de la nada eterno arriero de la pampa sin hijos, sin nietos, sin nada? ¿Dónde está tu estancia?”.