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Francisco Hudson Cárdenas, padre de la Hidrografía en Magallanes

Por La Prensa Austral jueves 16 de mayo del 2019

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Por Víctor Hernández

Sociedad de Escritores de Magallanes

Para escribir o hablar sobre Francisco Hudson Cárdenas se requiere y se hace imprescindible diseñar un contexto histórico y hasta elaborar un marco teórico que ayude a dimensionar la preponderancia de este ilustre hombre de mar, que en los albores de nuestra República, dirigió con precarios medios de navegación las primeras expediciones hidrográficas en los gigantescos e inexplorados territorios de la Patagonia Occidental.

Nació en la localidad de Curaco de Vélez, el 1 de julio de 1826, el mismo año en que Chiloé se incorporaba a la vida nacional. Era hijo de Santiago Hudson y Juana Cárdenas. Estudió en la Escuela Náutica de Ancud, y debido a sus rápidos progresos ingresó a la Armada de Chile como guardiamarina, el 10 de septiembre de 1845. En los próximos cuatro años, fue destinado a servir en los pequeños buques de la Marina que abastecían a la Colonia Penal de Fuerte Bulnes, primero, y Punta Arenas, después. Así, en el queche “Magallanes”, en la fragata “Chile”, en los bergantines “Janequeo” y “Meteoro” o en la corbeta “Constitución”, Hudson fue adquiriendo una proverbial experiencia cimentada por su innata condición para el estudio de una complicada disciplina que en ese entonces, carecía en Chile de cultores: la Hidrografía.

Levantamiento del plano del río Maullín

En julio de 1849 fue transbordado al bergantín “Cóndor”, con el propósito de conducir a Valdivia a los primeros colonos alemanes llegados a dicha zona. De esa época datan las primeras elucubraciones de Hudson, ante la posibilidad de remontar el caudaloso río Maullín, considerado por dos notables historiadores contemporáneos, Renato Cárdenas y Rodolfo Urbina, como “La frontera norte de Chiloé”. Esta empresa sólo podrá ponerla en práctica en septiembre de 1856. Investido con el grado de teniente 1º efectúa el reconocimiento de aquella arteria fluvial, levantando el primer plano conocido sobre ese río que permitió establecer una comunicación expedita entre la actual zona de Llanquihue y la isla de Chiloé. El intendente del archipiélago, Javier Rengifo, escribió en su diario: “Se han descubierto cuarenta y cinco millas de río navegables para vapores chatos hasta trescientas toneladas, a través de terrenos excelentes para el cultivo y muy abundantes en madera de toda clase, principalmente el pellín y el lingue, que son desconocidos en el resto de la provincia. El río tiene de hondura en ese espacio desde ocho a dos brazas y únicamente en un solo punto tiene braza y media. El fondo es igual y siempre de arena y cieno. De esas cuarenta y cinco millas, veintidós están sujetas al influjo de las mareas, y tanto por esta circunstancia, como por la hondura del río en ellas, pueden ser navegadas por buques de vela hasta de más de cien toneladas”.

Para 1856 había embarcado como su ayudante en calidad de guardiamarina, a quien será considerado con el correr del tiempo como el principal hidrógrafo de nuestra patria: Francisco Vidal Gormaz, que anota paso a paso los logros del maestro, destruyendo los mitos que impedían el triunfo del accionar científico. “…Más aún; los supersticiosos, que son algunos, hablaban impresionados de un animal que llaman Camahueto, que se come a la gente y tiene el singular poder de variar el tiempo a su antojo y de hacer llover o tronar como mejor le cuadre, para intimidar a los osados que intenten llegar al lugar de su reposo, el Salto o Cascada”.

Primer explorador chileno del istmo de Ofqui

Luego de perpetrarse a fines de 1851 el asesinato del gobernador Benjamín Muñoz Gamero, en la aldea de Punta Arenas, Hudson comprendió que ese hecho de sangre significaba la interrupción de los estudios científicos en los mares australes. Convencido a esas alturas de la necesidad de abrir un paso interior que comunicara a través de los canales una nueva ruta entre Chiloé y Magallanes, profundizó en los estudios que hicieron dos décadas antes, para el Almirantazgo Británico, los marinos e investigadores de la “Beagle”, la “Adventurer” y la “Adelaide”. Dice Hudson: “Leyendo en varias ocasiones la obra del capitán Fitz Roy, célebre marino inglés, y consultando al mismo tiempo sus planos o cartas de la costa entre el Estrecho de Magallanes y la de Chiloé, he encontrado que puede haber un canal que atraviese la península de Tres Montes y comunique con los otros canales inmediatos”.

De esta manera, en enero de 1857 obtiene el permiso para inspeccionar esta zona desconocida y consigue levantar los primeros planos alrededor del peligroso golfo de Penas, sentando un precedente para futuras investigaciones: la posibilidad de intervenir el istmo de Ofqui, creando un camino que redujera las distancias entre el Chile continental, la isla de Chiloé y el sur austral.

Sin embargo, su brillante carrera naval se trunca inesperadamente. En junio de 1858 ya con el grado de capitán de corbeta, fue designado al mando del bergantín Pizarro, buque adquirido para atender las necesidades de la colonia de Punta Arenas. En uno de estos viajes, luego de desembarcar al gobernador Jorge Schythe y víveres para el establecimiento penal, decide regresar al norte haciendo la ruta por el Cabo de Hornos. Se supone que un violento temporal hizo zozobrar a la frágil nave comandada por Hudson, perdiéndose con toda su tripulación, el 7 o 9 de marzo de 1859.

El proyecto inconcluso del istmo de Ofqui

Los señeros trabajos efectuados por el comandante Hudson fueron proseguidos por su discípulo: Francisco Vidal Gormaz, quien, en 1862, realizó un minucioso estudio hidrográfico concluyendo sobre las variadas posibilidades que entregaba el lugar para el desarrollo de la industria de la carne de pescado, la agricultura y la minería, argumentos que fueron validados por las expediciones llevadas a cabo entre 1870-1874 por el capitán Enrique Simpson Baeza al mando de la corbeta “Chacabuco”.

Fue, sin embargo, el capitán de fragata Guillermo García Huidobro con la dotación de la corbeta “Pilcomayo”, quien exploró entre 1903 y 1905 el archipiélago de los Chonos y el de las Guaitecas y la región adyacente al istmo de Ofqui. En este lugar, desarrolló un completo levantamiento hidrográfico en los accesos a la laguna San Rafael y al río San Tadeo, surcando los ríos Negro y Lucal con tres chalupas, atravesando el istmo de Ofqui y proponiendo su apertura. En primer lugar, determinó con precisión la ubicación exacta de este accidente geográfico, estableciendo sus límites: al norte con la laguna San Rafael; al sur con el golfo de Penas; al este con Campo de Hielo Norte y al oeste con la península de Taitao. En forma paralela, García Huidobro junto a los oficiales Baldomero Pacheco, al mando de la cañonera “Magallanes”, y Agustín Astudillo con la escampavía “Pisagua”, levantaron la primera carta de navegación de la zona, el plano “Bahía San Quintín, Istmo de Ofqui, Laguna San Rafael, Golfo Elefantes” en Escala 1:200.000, publicado por el Instituto Hidrográfico de la Armada en 1905.

Estos antecedentes iniciales fueron entregados al Presidente Pedro Montt que en febrero de 1907 realizó la primera visita oficial de un jefe de Estado a Magallanes, comprometiendo la ejecución del magno proyecto en manos del experimentado ingeniero hidráulico de nacionalidad belga, Emilio De Vidts.

La idea central consistía en abrir el istmo de Ofqui con el triple propósito de fomentar la navegación al interior de los canales y archipiélagos, propender el desarrollo económico de la zona austral del país y acortar la distancia de navegación entre Puerto Montt y el territorio de Magallanes, que por medio del Estrecho del mismo nombre, vivía una época de esplendor, de navegación interoceánica, cuando aún no entraba en funcionamiento el canal de Panamá ni se instalaba el régimen aduanero, con su grave repercusión en el estancamiento del sector productivo en el austro.

El excelente trabajo escrito por nuestro Premio Nacional de Historia (2000) Mateo Martinic Beros, titulado “Apertura del Istmo de Ofqui: Historia de una Quimera. Consideraciones sobre la vigencia de sus razones”, publicado en la revista Magallania, volumen 41, Nº2, de 2013 recupera, a modo de síntesis, los principales episodios que han marcado durante décadas el derrotero de este proyecto inconcluso. Aquí se hace alusión a la entrega del esperado informe emitido en esferas de gobierno el 25 de mayo de 1935, durante la segunda administración del Presidente Arturo Alessandri Palma, debido al también ingeniero Joaquín Monje Mira, que recoge y mejora sustancialmente el proyecto de De Vidts, emitido treinta años antes y que en lo esencial propone la creación de un canal de navegación de 2.200 metros de longitud x 10 metros de ancho y 4 de profundidad, con un costo estimado en veinte millones de pesos de la época que reduciría en 137 millas la navegación entre Puerto Montt y Punta Arenas.

Por aquellos días, la opinión pública y la literatura especializada contribuían a generar conciencia sobre la conveniencia de abrir el mencionado istmo. Al respecto, el entonces retirado capitán de navío Guillermo García Huidobro, entrevistado por el diario El Magallanes, sostenía que “La Bahía de San Quintín adquiere automáticamente una importancia estratégica única para la región austral y se impone como base naval y aérea ya que desde Talcahuano a Magallanes no existe puerto alguno, por su configuración y posición geográfica en condiciones superiores a ella”. Unos pocos años más tarde, el connotado antropólogo francés Joseph Emperaire, en su célebre libro “Los nómades del mar” aludía a incorporar el conocimiento y experiencia de los ancestrales pueblos Chono y Kawésqar, quienes siempre prefirieron la vía marítima interior. En la página 177 del citado texto, Emperaire aclara:”Los indígenas preferían a menudo estos trayectos: el más conocido de los cuales en los archipiélagos del Oeste era el del istmo de Ofqui entre el golfo Elefantes y el golfo de Penas. Permitía evitar la temible travesía de este último, imposible para embarcaciones menores, sobretodo en torno a la península de Tres Montes”.

La canalización del istmo de Ofqui no llegó nunca a completarse del todo. En los mismos días en que Chile rompía con la neutralidad que lo caracterizó durante el conflicto bélico mundial de 1939-1945 y le declaraba en este último año, la guerra a las potencias del Eje, – ya virtualmente derrotadas en 1945- se paralizaban las faenas de construcción en Ofqui, dejando inconcluso un proyecto que justo un siglo antes, imaginara y soñara como posible, uno de los marinos más preclaros y visionarios que ha tenido la Armada de Chile: el chilote, hijo del fantasmagórico pueblo de Curaco de Vélez, Francisco Hudson Cárdenas.