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Gabriela y su viaje a Ultima Esperanza

Por La Prensa Austral sábado 10 de junio del 2017

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(Parte I)

Por Dusan Martinovic

 

Gabriela, la directora y educacionista del Liceo de Niñas de Punta Arenas fue invitada a visitar Ultima Esperanza por Rogelio Figueroa, un conocido ciudadano que, con un par de décadas instalado en la Patagonia, se había hecho un nombre dentro de la comunidad. Escribía artículos y poemas en diarios de Punta Arenas y Puerto Natales, particularmente en el diario El Trabajo de la Federación Obrera de Magallanes. También hay registros en El Magallanes, El Comercio y Chile Austral, lo que demuestra la transversalidad de los escritos del señor Figueroa, ya que estos periódicos muestran el enorme espectro ideológico presente en la región y no es menos sorprendente ser publicado en cada uno de ellos.

Rogelio Figueroa y su vocación de servicio público

Rogelio Figueroa fue un personaje excepcional, como si lo enumerado no bastara para justificar su rol singular. En 1915 promovió la fundación del periódico El Independiente, para la mejor defensa de lo que entendía eran los intereses legítimos de Ultima Esperanza. Sirvió también como corresponsal de la Federación y de la Cooperativa Obrera de Magallanes, para promover la divulgación de sus postulados y la campaña de afiliaciones y como representante de circunstancias de la Cruz Roja en el distrito nororiental de Magallanes. En buenas cuentas, esto es más que suficiente como para acreditar una clarísima vocación de servicio público y social.

El mítico Rogelio Figueroa, fundador del hotel Tres Pasos.

Definitivamente, Rogelio Figueroa fue un personaje singular, instruido y pasablemente culto, que destacó del común de la gente con la que convivió, especialmente en Magallanes. Libertario y justiciero por definición, se manifestó comprometido a fondo con sus ideas de progreso civilizador y redención social. De buena presencia física y talante franco y abierto, quizá tuvo además el don del buen trato y la palabra fácil, lo que explica la favorable impresión que de primera produjo entre quienes lo conocieron.

Un pequeño depósito lacustre, situado en un atractivo entorno paisajístico a unos dos kilómetros al norte de Tres Pasos, conserva el nombre de tan singular personaje -Laguna Figueroa- impuesto tempranamente no se sabe por quién, pero recogido por la tradición y validado por la posteridad como un homenaje permanente a su memoria.

La renombrada visita de Gabriela Mistral al hotel de Figueroa fue concertada a fines de 1918 y viajó con dos colegas en uno de los carros del correo postal de propiedad de Figueroa.

Celmira Zúñiga, la destacada maestra

Acompañantes de Mistral en este viaje fue la destacada escultora Laura Rodig, que con escasos 18 años trabajaba como profesora de dibujo e inspectora del Liceo de Niñas de Punta Arenas. Otra acompañante de este viaje fue Celmira Zúñiga, profesora extraordinaria, identificada por Mistral como la más capacitada para ejercer en estos territorios. Era la mujer que salía a limpiar la nieve a altas horas de la noche para que el amanecer fuera medianamente más transitable. Era quien más temprano se levantaba y llegaba al liceo a cooperar con el prendido de la calefacción, maestra destacada por Mistral como profesora incansable que con buenos motivos será a quien Gabriela le dejará la dirección del liceo el 30 de marzo de 1920.

“Celmira Zúñiga. La conocí por el año 1916 ó 1917 en trance de buscar profesoras tituladas para el liceo en reorganización de Magallanes. Era toda una empresa. Todavía por aquellos años el título o rótulo profesional del Instituto Pedagógico ponía en las gentes tanto y tan ardido énfasis que criatura salida de esa Sancta Sanctorum no oía siquiera una proposición de ir a enseñar al Polo. Aquello quedaba para la plebe de nosotros, los autodidactos o para la de los normalistas.

Celmira Zúñiga aceptó ir; la tentó el viaje formidable, la encandiló la empresa de ir a refundar la última escuela secundaria chilena, la embriagaron por iguales riesgo y novedad. Dos años me acompañó en aquello que era un infierno en el clima y una complacencia en el habitante. Me acuerdo de esta maestra joven, veo en este relámpago minado de la noticia, su silueta viva y la miro contra los caminos de nieve de Última Esperanza, que hicimos juntas. Tenía un bulto desmedrado que contrastaba con su cabeza fuerte. Su voluntad vivía en pelea con ese cuerpo pobre que la humillaba un tanto. Esa voluntad porfiada estaba en sus ojos grandes, que delante de la dificultad se le ponían duros; estaba en su voz rotunda y seca como el tajo de los instrumentos cirujanos”, señala Gabriela Mistral en uno de sus manuscritos.

El camino fue toda una aventura para Gabriela. Eran rutas muy complicadas en las que la humanidad desaparecía completamente hasta los albores del naciente Puerto Natales que llevaba sólo ocho años desde su fundación. La ruta seguida se pierde en la inmensidad del tiempo, pero podemos decir que para el año 1919, específicamente para el 14 de enero de ese año, la ruta salía de Punta Arenas y enfilaba en dirección norte pasando por Tres Puentes, comenzando desde ese momento una vía que será acompañada por industrias dispersas y luego por la soledad. Perdiéndose de vista la ciudad continuaba una ruta directa al sector de Cabeza de Mar, en el que existía un cruce para tomar rumbo a Río Gallegos y en particular al centro poblado más importante de aquellos parajes, que era la estancia San Gregorio. Mistral siguió hasta Carpa Manzano, donde era muy común generar el primer descanso o gran detención para recuperar el aliento y descansar del accidentado viaje.

Los sacrificados viajes en auto

Los viajes en auto por la Patagonia de entonces eran bastante sacrificados. Armando Braun relata en uno de sus libros estas travesías por Patagonia. “Cambié nuevamente de automóvil. Constituía una medida de prudencia, porque los caminos -la palabra camino no cuadraba en ese entonces a la estepa patagónica- o más bien las huellas con sus baches, sus pedregales y sus barros, destruían motores y cubiertas y a medida que avanzábamos, las distancias siderales de soledad, la ausencia de cualquier ayuda cercana hacían convenientes las medidas preventivas. En los estribos de los autos era necesario agregar sendos bidones que llevaban nafta, agua, aceite y dentro del coche una canasta con provisiones por las dudas, no fuera que quedáramos de a pie. He tenido amigos y colaboradores que han debido esperar dos días en la intemperie para cruzarse con algún coche que los socorriera”, señala Armando Braun.

La senda continuaba en dirección a Laguna Blanca, donde un camino bastante recto se dirigía al sector de Morro Chico, punto en el cual la ruta ingresaba a territorio argentino, pasando por el arroyo Cap Horn (que por deformación fonética pasó a llamarse Caypón o Gaypón), pasaba Puente Blanco y el río Rubens.

El paso de la delegación por este sector ha generado un sinnúmero de comentarios sobre la visión de Mistral sobre los bosques muertos. Esto producto de las quemas que eran generadas para ganar terrenos de pastoreo al bosque. Esta visión la sorprendió y la plasmó en versos en su viaje de regreso a Punta Arenas.

“Yo he tenido una vez, la impresión, yendo en auto por la Patagonia, de que venía bajando una muchedumbre de condenados y que se había parado a medio llano. Era un cantidad de troncos de árboles desnudos, en esta postura que digo, verdaderamente dantesca, que hacía acordarse de la selva de los suicidas de La Divina Comedia”.

El viaje seguía orillando el bosque llegando a la Estancia Glen Cross, otro núcleo productivo que estaba bastante poblado y con movimiento durante todo el año. Avanzaba la ruta hasta el río Gallegos y por este hasta su afluente El Turbio, se ingresaba al país nuevamente por el sector de Dos Lagunas, generando vistas y paisajes que tienen que haber cautivado indudablemente a la poetisa y su compañía de maestras y artistas, que plasmaron en letras y en pinturas este inolvidable periplo.

Ha permanecido en duda la visita de Gabriela Mistral a Puerto Natales y el sector de Puerto Bories. Tuvo que conocerlo evidentemente, pero los datos nos indican que esa visita tuvo que haber sido realizada en el viaje de regreso o en algún recorrido particular dentro de su estadía en Tres Pasos. (Continúa el próximo domingo)