Necrológicas
  • Oscar Ernesto Mancilla Urrea
  • Luisa del Carmen Roldán Ibáñez
  • Humberto Peñafiel Munizaga
  • Inés Mancilla Ruiz
  • Luisa Mercedes Cárdenas Cárdenas
  • Prudencia Gallegos Rubio

Hugo Vera Miranda en Caracas

Por La Prensa Austral domingo 11 de diciembre del 2016

Compartir esta noticia
916
Visitas

Genial, loco y peligroso

Publican en Venezuela el libro “Inmaculada decepción”, del poeta natalino Hugo Vera Miranda, invitado a la Feria del Libro en Caracas.

Por Héctor Martínez Díaz

 

El poeta natalino Hugo Vera Miranda cuenta que lo primero que pensó cuando recibió la invitación fue que “era una broma pesada más. Una jugarreta concertada por amigos y enemigos. No lo podía creer. Si ni siquiera me habían invitado al bar más próximo de casa”.

Después de todo se había quedado hace poco sin su pega de jornalero en los trabajos de la carretera del Parque Nacional Torres del Paine y no habiendo recién dejado pala, chuzo y picota debía, ahora, embarcarse en el bus a Punta Arenas para tomar un avión rumbo a Santiago, hacer escala en Lima hasta llegar a Caracas, aparte de su humanidad llevaba consigo “El viajero solitario” de Jack Kerouac, una vieja edición Losada de 1965, pero que, dice, ni siquiera hojeó en todo el trayecto.

Resulta que había sido invitado por el Ministerio de Cultura de Venezuela, el Cenal y la editorial El perro y la rana, para participar en la 12ª Feria del Libro de Venezuela y le publicarían su nuevo libro “Inmaculada decepción”, una selección de relatos y prosa poética de su blog del mismo nombre.

El libro, prologado por el escritor argentino Miguel Mazzeo, contiene ilustraciones del madrileño Javier Molinero, en suma “toda una multinacional para mi primer libro en Venezuela” comenta Vera.

A Hugo lo que más le impresionó de la versión de la Feria Internacional del Libro venezolana, dedicada a Francia y a la figura de Francisco de Miranda, aparte de encontrarse con varios escritores galos que circulaban por los stand, fue que “hubiera mucha gente adquiriendo libros, accesibles para todo público y la gran cantidad de niños con libros en las manos”.

Durante la semana que estuvo en la República Bolivariana aprovechó de reunirse con gente de la editorial, sostener diálogos informales con la presidenta del Cenal, Christiane Valles y con el Ministro de Cultura, ‎Freddy Ñáñez, “un amable tipo de jeans y polera”.

Pareciera ser que en Venezuela están fascinados con la escritura de Hugo, y no sólo porque sea tocayo del Comandante Chávez, tanto que tiene ahora un agente literario, Danybal Reyes Umbría, quien le ayudará a encontrar lectores en “lugares insospechados” lo cual facilitará su trabajo de escritor, más aún si como él mismo Hugo confiesa “bien sabemos que el escritor es un ente solitario y que escribe, en mi caso, para un solo lector que soy yo. O a lo sumo para tres o cuatro amigos, que es posible, que tampoco te lean”.

En Caracas, ya sea por petición propia o no, visitó la casa y el panteón de Bolívar “lo más grande que ha dado esta América y el mundo”, el lugar donde daba clases Simón Rodríguez, la casa de Bello, el Cuartel de la Montaña donde está el panteón de Chávez “lugares –dice- donde se escribió la historia de esta América Latina maravillosa”.

El caso es que Vera volvió maravillado de Venezuela y los venezolanos “un pueblo magnífico. Pareciera ser que te conocen desde hace mucho. Son gentiles, serviciales y están pronto a allanarte el camino. ¡Son increíbles! Dejo amigos imborrables allí en Caracas. Espero volverlos a ver. Ya sea allá, acá o en cualquier lugar del mundo”.

Y sobre el recurrente comentario de la belleza de la mujer venezolana, acota “son tan lindas como en cualquier lugar del planeta. Pero allí son un poco más lindas. Debe ser el Caribe o no sé qué. He vuelto enamorado de todas ellas. Incluso de alguna fea que se me cruzó por el camino”.

Y, a riesgo de parecer políticamente incorrecto, sobre Hugo Chávez comenta “fue un gran líder de su pueblo y una gigantesca figura latinoamericana”, por ello lamenta que olvidó traer una boina granate venezolana del mismo color de su equipo de fútbol preferido Lanús, de Argentina, porque Vera es futbolero vistió la camiseta del Club Deportivo Natales e integró el año 1974 la recordada selección local que participó del Nacional de Fútbol Amateur jugado en Castro.

hugo_vera

El vate natalino muestra su nueva creación literaria, “Inmaculada decepción”, una selección de relatos y prosa poética de su blog del mismo nombre.

Escritura perturbadora

Hugo bromea con la hipotética cadena de distribución de su libro “se puede comprar en el Unimarc, me dijeron que están al lado de botellas de ron, también en El Super Mix, te lo dan de vuelto junto a caramelos en la caja”.

Pero lo cierto es que Inmaculada decepción es una desbordante, desenfrenada y, en ocasiones, sobre erotizada prosa poética característica de la escritura perturbadora del vate natalino, que de caer en manos de fundamentalistas feministas despistadas no desfallecieran hasta ver quemado los mil ejemplares de la edición en la plaza pública del pueblo, porque linchar al poeta sería delito.

De ocurrir aquello no las odiaría, porque Hugo reconoce que el rasgo principal de su carácter es el de estar “siempre enojado por fuera y contento por dentro”, y de odiar algo “odio el odio”, recalca, no obstante ello al personaje de la historia que más desprecia es “a un profesor que me dijo un día: tú nunca llegarás a nada. Tenía razón”.

Es que Hugo Vera singularizando el verso aquel del poeta colombiano Gonzalo Arango es “genial, loco y peligroso”, en su escritura suele transitar con el mayor desparpajo del larismo al surrealismo y de ahí saltar, como si nada, al nadaísmo.

No es un poeta de academia, sino más bien de calle y almacén de barrio, a diferencia de muchos no descubrió la poesía en centros de estudios superiores y no suele lucrar haciendo clases de literatura en universidades.

Lo suyo es un trayecto poético presente en calles o bares natalinos o el restaurante Cristal local, este último recurrente en los relatos paridos en la codiciada biblioteca que Hugo tiene calle libertad 200, un pequeño Buenos Aires en Puerto Natales, donde hasta hace un par de años sus abuelos tenían un almacén de abarrotes que él atendía.

Allí, suele recibir a sus amigos a quienes les repite que su héroe de ficción preferido es “Jesucristo” y su heroína “La Virgen María”. Porque si de admirar a alguien se trata para ello tiene a su centenaria abuela María Miranda y a su hijo Hugo Vera Parra.

De sus amigos, casi sus discípulos, porque no existe escritor o poeta en Natales que no haya sido influenciado por su pluma avasalladora, aprecia que “me pregunten a cada instante si soy feliz”. Son precisamente estos que lo tientan a realizar un lanzamiento del libro, aun sabiendo que es reacio a tales eventos

“Algunos amigos quieren hacerlo. Fue su primer impulso. Luego como sucede por acá, la cosa se fue diluyendo. Tampoco mi primer libro se presentó en mi pueblo. Entiendo que la gente tiene cosas más importantes que ir a una presentación de libros. Como, por ejemplo, ir a comprar cervezas al negocio de la esquina”, reflexiona el poeta.

Hoy Hugo tiene un oculto sueño de la felicidad: “Estar en Saint Tropez con Brigitte Bardot y que ella tenga 20 años y yo 16. Bueno, yo 18, por eso de la censura y esas cosas”, y su mayor desgracia sería “que al despertar siga siendo Hugo Vera Miranda”.

Como todo escritor no rehúye hablar de la muerte dice que le gustaría morir de una “sobredosis de felicidad”, sin embargo por estos días está dedicado a su ocupación preferida: “Buscar las llaves de la puerta de casa que perdí”.

Su espíritu está “tranquilo y expectante, esperando la llamada que me haga agregado cultural en Venezuela” y si ha de entregar consejo exclama “escucha bien lo que te digo. Nunca me hagas caso”.

Fue Roland Barthes quien definió al mito como un habla, en el mundo literario magallánico y nacional, en Buenos Aires y Caracas, Roma, Paris y Madrid, se escucha el mito de un poeta que escribe versos y relatos en un almacén en Natales, que en los años 80 editó la revista Trauco en Buenos Aires, publicó el año 2005 el libro de versos “El tigre de la memoria” y edita un blog de literatura en internet.

“Inmaculada decepción”, tal vez no será un best seller, tampoco estará entre los libros más vendidos de la Revista de Libros de El Mercurio, sino más bien será un libro de culto, un objeto preciado, del cual unos pocos privilegiados podrán decir que tienen un ejemplar de la primera edición, algunos incluso autografiado por el propio autor, como el ejemplar que atesora su prima, una matrona de la unidad de neonatología del Hospital Clínico regional a quien el poeta escribió “A Yislén, que me regaló mi primer libro gracias por todo”.