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Investigadores evalúan adaptación de los pingüinos al cambio climático

Por Marisol Retamal sábado 13 de febrero del 2016

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– La doctora en Ecología de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), Juliana Vianna,  lidera el estudio que cuenta con apoyo del Instituto Antártico Chileno y del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt).

Genética de poblaciones, filogeografía y adaptación de pingüinos. Ese es el tema principal de una investigación que la doctora en Ecología Juliana Vianna comenzó a ejecutar hace cinco años en la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) y que se centra en el continente antártico.

La bióloga y académica de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la universidad capitalina lidera el estudio que cuenta con apoyo del Instituto Antártico Chileno y del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt).

En su campo de acción trabaja con vertebrados en general como mamíferos, aves y reptiles. Pero en este caso focaliza su quehacer en tres especies del género pygoscelis -los pingüinos Papúa, Barbijo y Adelia-, pero sin dejar de lado lo que ocurre con pingüinos de otras latitudes.

Su análisis aborda aspectos como la capacidad de adaptación de los pingüinos a los cambios climáticos, considerando que éstos se manifiestan con más fuerza en la Antártica. Es ahí donde, por ejemplo, compara esta capacidad adaptativa entre una especie más representativa de zonas de hielo, como el pingüino Adelia, hasta otras que se instalan en áreas más tropicales, como el pingüino de Galápagos. Al compotente de adaptación le suma otros como la eventual extinción o la migración.

Los análisis demuestran que el sector oeste de la Península Antártica es el más afectado por el cambio climático del continente blanco. Esto ha significado que la mayoría de los estudios y muestreos se hayan concentrado en esa zona. A eso se suma que la mayoría de las bases chilenas se encuentran en esa zona, lo que favorece el apoyo logístico. Ahí también juega a favor de la investigación la ayuda de colaboraciones internacionales, como unos investigadores de Francia, Brasil, España, Noruega, Reino Unido, Australia y República Checa que recolectaron muestras en la península y de islas subantárticas y que las compartieron con el equipo de trabajo de Juliana Vianna.

El tema de los pingüinos es efectivamente interesante y genera una serie de interrogantes sobre su situación. Como dato general, comenta que hay 18 especies de pingüinos y, de ellos, 15 especies tienen algún grado de vulnerabilidad. Los que están en peor condición son los de Galápagos.

La temática de los pingüinos

La profesional, brasileña de origen, pero con 13 años de experiencia como académica e investigadora en Chile, comenta que hace cinco años inició su investigación sobre la temática de los pingüinos. De hecho, ya realizó algunas publicaciones sobre  genética de poblaciones para evaluar cuán diferentes son las poblaciones existentes. Menciona que con Papúa vieron si la especie fue afectada por el cambio climático histórico y los efectos de la glaciación. A partir de ahí se detectó que la especie fue afectada por el último máximo glaciar pero mantuvo un tamaño poblacional y una alta diversidad genética en el tiempo. Entonces, advierte, es una especie resiliente que se adapta a los cambios ambientales.

Ejemplo de ello es una colonia en punta Armonía hay unas 90 mil parejas de pingüino Barbijo. “Entonces todo depende de la localidad. Hay muchas poblaciones a las que se les hacen seguimiento, y hay algunas que efectivamente han disminuido su tamaño”, señala.

El pingüino Papúa ha sido beneficiado porque se ha adaptado fácilmente, lo que también se relaciona con que se trata de una especie subantártica que, a su vez, no se ve tan afectado con los efectos del cambio climático y por ello está expandiendo su distribución hacia la Península Antártica.

En el caso del pingüino Adelia, es el más afectado por el calentamiento global. Según explica Juliana, se trata de una especie netamente antártica que ha visto reducir su población y que ha contraído su distribución. El pingüino Barbijo está en la Península Antártica y algunas islas subantárticas.

“Todavía estamos colectando muestras para ver diferencias entre las poblaciones. Hemos colectado bastantes muestras y tenemos bastantes resultados. En el caso de Papúa -y con el apoyo de colaboraciones internacionales- recolectamos muestras en islas subantárticas como Malvinas o Falklands, Crozet, Kerguelen o Macquarie (de Tasmania), y vimos que cada una es bien diferente genéticamente”, agrega.

Un ejemplar carismático

Cuando Juliana Vianna empezó a estudiar la genética de los pingüinos pensó que se encontraría con mucha información sobre la especie, considerando que se trata de un ejemplar carismático e icónico de la Antártica. Pero no había prácticamente nada al respecto. ¨Entonces es impresionante que una especie carismática y que es súper importante en la cadena trófica haya sido menos estudiada de lo que yo pensaba¨, señala.

Afortunadamente en los últimos años han surgido varios investigadores interesados en analizar a esta especie que llama la atención a nivel mundial. Por ello destaca la colaboración que se ha generado con otros investigadores tanto nacionales como extranjeros, apoyo que ha permitido el desarrollo y avance de cada uno de los estudios.

Durante su reciente estadía en la Antártica, Juliana recorrió varios sectores en los que realizó una serie de muestreos. Desde su base de operaciones, que fue la base científica Profesor Julio Escudero del Inach, pudo trasladarse a distintos lugares. Y en ese proceso también contó con el apoyo internacional que menciona. Fue, por ejemplo, a la base coreana -ubicada en isla Rey Jorge- donde le apoyaron en términos logísticos para sus mediciones. “Así como lo hicieron ellos también contamos con el apoyo de otras bases, porque las islas subantárticas pertenecen a diferentes países y colaboran con muestras de distinto tipo”, dice.

La bióloga recalca que los pingüinos y la Antártica en general seguirán siendo tema de interés científico por los efectos del cambio climático, fenómeno que es muy intenso en ese continente. ”El agujero en la capa de ozono está sobre la Antártica y se mueve y se posa sobre Chile con alta radiación. Pero imagina a esos animales que están recibiendo esa alta radiación y además efectos del cambio climático. Por otro lado, es un ambiente que todavía no tiene tanto impacto humano directo. La Antártica es fascinante y me llamó la atención preguntar cómo estas especies viven en estos ambientes extremos”, refuerza.

Para Juliana surgen varias preguntas al estudiar al pingüino. “Qué parte del genoma está relacionado con la termorregulación para poder sobrevivir en ese ambiente extremo. Entonces de esa base se analiza qué genes están involucrados y cómo comprenderlos. Ahí surgió la idea de comparar a una especie antártica de pingüino con el pingüino de Humboldt o el de Galágapos, para ver qué diferencia tienen esos genes. Después dije aquí mismo qué diferencias hay entre Adelia y Papúa. Adelia tiene más diversidad en genes relacionados en respuesta al estrés del frío, y aunque puede responder al frío ¿podrá responder al calor?”, se pregunta.

“Estudiar el genoma es algo complejo. El proyecto de genoma humano duró dos años antes de completarlo. Ahora con nuevos equipos esto se hace en una semana y con un menor costo. Ahora generamos 12 genomas completos de pingüinos (Adelia, Papúa y Barbijo) más tres de otras especies que están en Sudamérica (Galápagos, de Humboldt y de Magallanes). Podemos decir que contamos con datos importantes que hay que descifrar y comparar”, precisa.

Y recalca que “si uno no estudia y no comprende lo que está pasando, nos podremos encontrar con sorpresas catastróficas. Hay que ir acompañando los cambios y lo que va ocurriendo con las especies para proponer cómo se puede ayudar de alguna forma”.