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Isabel Soto Cárdenas, la hija de un paladín social

Por La Prensa Austral domingo 4 de diciembre del 2016

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Isabel Soto, heredera del “Gallego” Soto Canalejo desclasifica sus secretos

La hija menor de uno de los principales dirigentes anarco sindicalistas en las huelgas rurales de la Patagonia de comienzos del siglo pasado, dice que hubo muchas circunstancias de la vida de su padre que sólo las conoció ya mayor, pero que guarda el mejor recuerdo de su progenitor.

Llevar sobre sus hombros la herencia de un luchador, al cual se le homenajeó en Chile, Argentina y en España, por su lucha en contra de la tiranía patronal y las reivindicaciones sociales, es un peso que sabe llevar con orgullo Concepción Isabel Soto Cárdenas.

Ella, es la hija menor de Antonio Gonzalo Soto Canalejo, más conocido como el Gallego Soto, “Líder de la Patagonia Rebelde”, uno de los principales dirigentes en las huelgas rurales de la Patagonia Argentina, en 1921.

Isabel, vino al mundo en Punta Arenas en la clínica de Clementina de Amarales, ubicada en calle Lautaro Navarro. Mientras su padre, nervioso, se paseaba por los pasillos, su madre,     Dorotea Cárdenas Ulloa, natural de Chiloé, daba a luz a su primogénita, poniendo el broche de oro a su matrimonio realizado el 5 de marzo de 1938.

Los secretos de una vida

Hubo muchas circunstancias de la vida de su padre que Isabel sólo las conoció, ya mayor, por la discreción de su progenitor que siempre veló para que esta familia de alguna manera desconociera algunos pasajes de su existencia que, para él, eran de su absoluta reserva.

“La historia de amor de mis padres es muy hermosa.

“Mi papá era uno de los socios del Teatro Libertad de Puerto Natales. Coincidentemente mi mamá fue contratada como boletera del cine. Tenía 26 años y ella había llegado son sus padres desde Chiloé a la edad de 10 años, procedentes de un lugar cercano a Dalcahue, llamado San Juan. Los abuelos de Isabel, Lorenzo e Isabel, llegaron a Puerto Natales con una prole compuesta por 11 hermanos.

“Mis padres se conocieron, se enamoraron y se casaron en la capital de Ultima Esperanza luego de un fugaz pololeo de tres meses.

“-El Gallego era muy urgido-comenta sonriendo. Con el tiempo, supimos que era casado, pero esa historia la veremos en su oportunidad.

“Estuvieron viviendo en esa ciudad, hasta que un voraz incendio redujo a cenizas la sala de cine. Luego se trasladaron a Punta Arenas, donde mi padre hizo mil cosas, entre las cuales tuvo un puesto en el mercado municipal y también trabajó de mecánico en la Fundición Milward.

“A los 10 años de casados mi mamá quedó embarazada. Ella tenía 36 años y él 50, de tal manera que para ambos fue una verdadera “chochera” tener esta hija.

“El nunca nos confesó que era casado y que poseía otra familia. Yo lo vine a saber después que él falleció. Leyendo un libro del escritor argentino Osvaldo Bayer, me entero que él era esposo de Amanda Souper y que tenía seis hijos.

“Para mí fue una desilusión espantosa, porque se me caía mi ídolo. Me preguntaba yo cómo había podido dejar una familia abandonada con la promesa de volver, lo que nunca cumplió. Mi hermana mayor tenía nueve años y el más chico estaba por nacer.

“Tampoco nunca supimos que había sido uno de los principales activistas de la Patagonia.

“En cuanto a esta nueva familia, yo me demoré mucho años en aceptarla y querer conocer a mis hermanos.

“Doy gracias a Carlos Vega Delgado, con el cual nos conocemos desde niños, porque un día me pidió permiso para que su madre, que había conocido a mi padre, pudiera ir a la casa de una hermana mía. Le dije que sí, y ella concurrió al domicilio de mi hermana que tuvo la tremenda sorpresa de conocer la historia y saber que tenía una pariente en la Patagonia.

“Concertamos al cabo de un tiempo una reunión en Santiago lo cual fue verdaderamente maravilloso. Allí me di cuenta, por la actitud de mi hermana, que la primera mujer de mi padre logró que sus hijos tuvieran el mejor recuerdo de su padre, sin que se alojara en su corazón el más leve rencor”.

La personalidad anónima de un luchador

Cuando uno piensa en la vida privada de un hombre como el Gallegos Soto, un activista luchador que nunca transó en la conquista de los derechos del pueblo, lo imagina como un hombre duro, frío, pero su hija Isabel nos entrega una visión diferente de su progenitor.

“Mi papá era muy travieso, muy juguetón, yo jugaba mucho con él, como era hija única disfrutaba de su desvelo constante. Era muy bueno para bailar, las danzas de su tierra y todos los ritmos de la época, en las fiestas que realizaba junto a un grupo de amigos, los Cabergo, Fernández –padre de la actual gobernadora-, los Domic, los Clausen, etc. Era muy sobrio y nunca lo vi beber más de la cuenta, sólo un par de tragos en los porrones de vidrio clásicos de su país.

“Me cuidaba amorosamente cuando jugaba con mis amigos del sector. Nosotros vivíamos en calle Nogueira a una cuadra de la plaza, de tal manera que en ese tiempo los entretenimientos eran en la calle, también íbamos a la quinta del señor Jordán que tenía un taller de hojalatería; también nuestros juegos se realizaban en el bandejón central de Avenida Independencia o simplemente en plena Plaza Muñoz Gamero. Pero él, siempre estaba a mi lado.

“Asistía sin falta a todas las reuniones de padres y apoderados del Colegio María Auxiliadora, donde yo estudiaba. Como él hablaba italiano, las religiosas lo instalaban al lado de los sacerdotes que eran de esta nacionalidad para que conversara con ellos.

“Lo peor de todo, es que mi padre era totalmente ateo. Pero él le decía a mi mamá que concurrir a relacionarse con los religiosos no hacía mal. A pesar de su ateísmo yo estudié en un colegio de monjitas, me bauticé e hice mi primera comunión. Pero, no admitió casarse por la iglesia y dispuso que a su muerte por ningún motivo lo pasaran por un templo. Decía en son de broma que si lo hacían él se iba a levantar de su ataúd para no ver los santos caerse de sus pedestales. Su deseo se cumplió.

“El, nunca habló de su pasado, de tal manera que ignoramos siempre lo que había ocurrido con los sucesos de los años 20 en la Patagonia. En cuanto a política, sí dejaba ver sus inclinaciones de izquierda, pero ni siquiera a sus amigos con los cuales compartía les confesó de esa época trágica. Se reunía constantemente con Osvaldo Wegmann, con Luis Godoy Gómez, Marino Muñoz Lagos, Silvestre Fugielle y luego de conocida la noticia de los hechos históricos de la provincia de Santa Cruz, en Argentina, se agarraban la cabeza diciendo –cómo nunca pusimos nada de esto-.

“En lo político, a mí me aconsejaba dándome a conocer sus ideas: que lo seres humanos tenían que ser libres, igualitarios, que había que ser humilde porque el dinero no lo era todo. Colaboró con campañas políticas, con el candidato un señor (Jorge, alcalde y diputado) Cvitanic, enviándole viandas desde su restaurante a los apoderados de mesa que estaban en la escuela de calle Balmaceda, donde hoy está el Hogar de Cristo; igualmente se sumó absolutamente a las campañas de Salvador Allende.”

Isabel, la heredera

Isabel Soto inició sus estudios en el Liceo María Auxiliadora y, posteriormente, en el Liceo de Niñas hasta terminar su sexto humanidades.

“Después tuve la suerte de estudiar gratis -me explica-. Cuando muere papá, mi madre se deprimió terriblemente pero había que salir adelante. Le sugerí que instaláramos una pensión, para lo cual contábamos con una tremenda casa con un montón de habitaciones. Así lo hicimos y nació nuestra pensión en calle Ecuatoriana (Ignacio Carrera Pinto) Nº1337. Con el dinero de ese negocio, yo estaba sobrada de cariño porque en ese tiempo sólo había que cancelar era una matrícula, de tal manera que estudie cuatro años en la Universidad de Chile, sin ningún tipo de dificultades. Ah, sí, tuve algunos problemas, porque con la sangre de mi padre heredé sus inclinaciones políticas y gremialistas.

“Ya desde mis estudios en Punta Arenas fui presidenta del Centro de Alumnos y presidenta de la Federación de Estudiantes Magallánicos. Recuerdo que en ese tiempo el presidente de los profesores que estaban en paro era Luis Godoy Gómez. Realizaban un mitin en el Teatro Municipal y recibieron todo el apoyo de nosotros los alumnos. Al término de la reunión y a la salida del teatro Godoy, que estaba oculto, salió e hizo una arenga y llegaron los carabineros. Los estudiantes lo protegimos y yo, con sólo 15 años fui detenida por Carabineros. Realmente, en vez de estar triste o dolido, mi padre fue feliz a buscarme a la comisaría porque yo le estaba demostrando con hechos que tenía una heredera que seguía su línea política. Luego seguí siendo dirigente en la Universidad, como presidenta del Centro de Alumnos, secretaria de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, dirigente del gremio de matronas, de la Salud, etc.”.

Para Concepción Isabel Soto Cárdenas, no es portar una mochila pesada la herencia de su padre, muy por el contrario es llevar en el alma, un apellido y la sangre de un ser humano reconocido mundialmente por su lucha social y comprobar que estará a perpetuidad en la historia, en calles que llevan su nombre en Ferrol, España, en Argentina en Buenos Aires, Río Gallegos, Puerto Deseado, Corrientes, etc. La satisfacción de haber estado presente en los homenajes que le hicieron a su padre en el Teatro San Martín, de Buenos Aires, junto al escritor Osvaldo Bayer, donde cantó Mercedes Sosa y luego en la exposición fotográfica montada en la capital argentina. El orgullo que su progenitor tuviera la nacionalidad chilena otorgada por ley por el Gobierno de Chile a finales de los años 50.

“Mi padre quizás nunca soñó con todo esto que partió en forma tan accidental, ya que al viajar a Río Gallegos como un tramoya de teatro fue invitado a participar en una reunión donde se iba a elegir al secretario de la Federación Obrera de Río Gallegos. Asistió y entregó un discurso tan elocuente, en su medio castellano, (ya que hablaba gallego), que fue elegido de inmediato para el puesto.

“Mi padre falleció en Punta Arenas y fue sepultado en la Perla del Estrecho el 13 de mayo de 1963. Fue un hombre digno, un hombre bueno, grande de espíritu, amigo de sus amigos, capaz de sacarse la comida de la boca para dársela a un pobre, una persona que pregonaba con su ejemplo su disciplina de vida. Era tal su respeto por sus semejantes que se indignaba y no permitía que un mozo de nuestra casa me lustrara los zapatos. Creo que si alguna vez yo lo hubiera pedido y él me hubiese sorprendido en tal actitud, de seguro me las habría cantado”.