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  • Otilia del Carmen Alvarez Ferraz
La mujer sobrevivió al feroz ataque de su ex pareja, en 2008

Jacqueline Leyton Mansilla: “Era terrible volver a casa porque estaba la maldad hecha persona”

Por Nicolás Ulloa domingo 12 de junio del 2016

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La profesional arrojó duras críticas a las políticas de Estado en materia de apoyo a víctimas, cuestionando la metodología de promover la denuncia, siendo que se trata de mujeres que están sumidas en el miedo.

En 2008 un sobrecogedor hecho de violencia intrafamiliar conmovió a la comunidad magallánica, cuando una joven profesional, hija de reconocidos comunicadores regionales, Juan Leyton y Sofía Mansilla, fue atacada por su pareja en su domicilio. El sujeto la esperó, discutió con ella, la maltrató como lo venía haciendo durante años y, finalmente, le disparó con una escopeta en la cabeza para asesinarla, lo que estuvo a punto de conseguir.

Hoy, a casi 8 años de ese fatídico 6 de agosto y contra todos los pronósticos médicos que se entregaron dada la gravedad de sus lesiones, Jacqueline Pía Leyton Mansilla conversó con El Magallanes, luego de un silencioso proceso de recuperación que la llevó a pasar de un estado vegetal a ser una profesional que clama para poner un alto a la violencia contra la mujer.

– ¿Tiene recuerdos de su vida antes de lo ocurrido la madrugada del 6 de agosto de 2008?

– “Recuerdo mi infancia, mi época de pre-adolescente, cuando ingresé a la Universidad de la Frontera (Ufro), en Temuco, donde me titulé con distinción máxima. Luego me vine a mi amada tierra austral, a buscar empleo. Recuerdo bien cuando ingresé como Asesora Técnica, en la secretaría ministerial (Seremi) de Salud, cargo que ocupé sólo por tres años. Luego vino la reforma y mi nueva jefa María Isabel Banciella me propone que asuma el cargo de jefa del departamento de Acción Sanitaria, cargo que ocupé hasta el triste día 6 de agosto de 2008, cuando Enrique José Toledo Mancilla me atacó cobardemente con un rifle.

“Debo decir, que yo fui una niña muy feliz; recuerdo con alegría y entusiasmo las tardes jugando al tejo, en el pasaje Cabo de Hornos, de la población Gobernador Viel, lugar en el que viví cuando era niña. Luego, como muchas personas, mis padres perdieron nuestra casa en un remate, ello producto del alza del dólar. A muchas personas les ocurrió lo mismo, esto en la década de los ochenta.

“Al encontrarnos sin casa, de alguna forma llegamos a nuestra actual residencia, en la misma población Gobernador Viel. En este hogar, pasé mi etapa de estudiante en la enseñanza media y viví bellos momentos con mis amigos del barrio, como Su Otey, Maggie Calisto, Janito Pardo, y Gaby que vivía en las Vertientes, no recuerdo su apellido, hasta que llegó mi viaje a Temuco, para estudiar Sociología en la Ufro.

“Mi vida de adulta, como toda joven profesional, estaba llena de proyectos; recuerdo que estaba cursando un magister de Antropología y Desarrollo en la Universidad de Chile, también era docente de la Umag y otras universidades; compraba un departamento en Santiago para que mi hermana pudiera estudiar, y vivía haciendo planes de viajes con mi padre, porque a los dos nos encanta viajar. Es decir, tenía una vida plena y feliz, excepto por lo que ocultaba, por miedo a lo que podría decir la gente y la reacción de mi padre, si se enteraba que Enrique me maltrataba, porque los dos, mi padre y yo, nos adoramos.

“Como socióloga, respecto a los prejuicios sociales, tengo muy claro que muchas mujeres callamos por este motivo y, principalmente, cuando una es profesional, pero era complejo para mí, considerando que tenía figuración pública y social y era conocida por mucha gente. Tenía mucho temor que la ‘gente común y corriente de la calle’ pensara o dijera: ‘Pero, ¿cómo siendo socióloga se quedó callada durante cinco años de maltrato?’, ya que no le conté ni siquiera a mis papitos o a mis mejores amigos, pero tenía mis razones… “

– ¿Tiene alguna idea de cómo o por qué sucedieron las cosas ese día en la casa?

– “El día anterior, yo le pedí a Enrique que se fuera de mi casa. Luego inicié mi jornada laboral como de costumbre. Es lo único que recuerdo de ese horrible día”.

– ¿Qué pasa por su mente al oír o leer el nombre de José Toledo Mansilla?

– “Primero, me provocaba miedo, a tal punto que se me hacía imposible pensar siquiera regresar a la tierra que me vio nacer. Aunque la semana pasada mis padres me informaron que Enrique fue trasladado a otra región para cumplir su condena.

“Sé que debo volver a Punta Arenas, principalmente para cerrar algunos puntos, pero aún me es imposible tomar esa decisión. En todo caso, mis amigos sabrán por algún medio si llega ese día, si me atrevo a regresar”.

– ¿Qué detonó lo que le ocurrió?

– “Esta pregunta me cuesta responderla, porque, realmente si lo pienso en profundidad y responsablemente como profesional que soy, socióloga, no encuentro ninguna explicación desde la razón, ya que lo único que hice fue amar -enfatizó-. En todo caso, él era muy celoso, siempre me cuestionaba mi forma de vestir. Yo creo que era celópata”.

– ¿Ha sabido algo más de la persona que la atacó?

– “Lo último que supe del individuo que me atacó es que fue trasladado a otra región del país para cumplir su condena, es lo último que supe relacionado con él”.

– ¿Siente odio o rabia?

– “Tengo sentimientos encontrados cuando pienso en él porque, por una parte, yo lo amé mucho; que conste que hasta le pagué una carrera porque para mí era complejo aceptar y decirles a mis amigas y amigos que mi pareja era ‘sólo un barman’. Vuelvo a insistir que el prejuicio social en este país es muy grande y yo quería que él progresara.

“Pero luego, recuerdo con tristeza y rabia los cinco años que aguanté tantos maltratos; existían días que ni siquiera tenía ganas de regresar a mi casa, porque sabía que ahí estaba viviendo con mi agresor, quien, ante cualquier insignificancia, empuñaba su mano y me agredía.

“Yo era feliz mientras trabajaba en la Seremi o haciendo clases; lo terrible era volver a mi casa; ese era el peor momento de mi día porque sabía que en mi hogar estaba la maldad hecha persona”.

– Qué planes tiene?

– “Mis planes para el futuro son simples: vivir y ser feliz, disfrutar de los bellos momentos junto a mis padres, reír con mi hermanita, gozar de la compañía de mis amigos cuando me vengan a visitar de Punta Arenas, porque acá no tengo amigos.

“Me gustaría volver a trabajar, soy socióloga, especialista en Recursos Humanos, eso lo tengo claro y lo recuerdo perfectamente, no sé si algún día mi cerebro podrá conectar todos mis conocimientos y, si así fuera, estaría feliz de comenzar a trabajar nuevamente. Sé que es difícil. En este país, las personas discapacitadas tenemos ínfimas posibilidades de inserción, la sociedad nos discrimina y nos invalida.

“Quiero escribir un libro para contar mi triste historia, tal vez algún día lo haga, para eso se necesita apoyo y, durante todo este tiempo, es lo que menos he tenido (refiriéndose al apoyo de instituciones del Estado).

“En el Instituto Luis Krebs, descubrí que tengo una preciosa voz contralto; por lo que me dieron un diploma como ‘La Artista del Instituto’. El talento lo tengo, no sé si la oportunidad se me dará, me gustaría tomar clases de canto y, ojalá, aprender a tocar algún instrumento musical, como guitarra o teclado”.

– ¿Volverá a Punta Arenas?

“De sólo pensar en regresar, entraba en pánico, me daba mucho miedo volver a mi ciudad natal, porque sabía que en esas frías tierras pagaba su condena el individuo que me atacó. Ahora que sé que fue trasladado a otra región, tal vez en algún momento pueda volver. Echo de menos mi región, mis amigos, mi tierra, echo de menos la nieve, el viento, ir a la Chocolata o al Kiosko Roca a comer choripán con leche con plátano, extraño a mi Tity (tía materna)”.

– ¿Cree que lo que le sucedió sirve como ejemplo para otras mujeres, tanto el tema de la agresión como el su recuperación?

– “Sí, obviamente todo lo que me ha sucedido sirve de ejemplo para muchas mujeres que, tristemente como yo, callamos cuando estamos siendo víctimas de violencia y pensar que yo callaba por ser profesional y ocupar un cargo público”.

– ¿Cómo observa, con su historia de vida, los hechos de tanta violencia contra la mujer que han ocurrido en los últimos meses?

– “Veo con tristeza, pena y, evidentemente, con mucha rabia e impotencia los últimos hechos contra nosotras, las mujeres. Las políticas públicas contra la violencia de género no están siendo efectivas, porque lo único que hacen es llamar a denunciar, le piden valentía a la propia víctima. Quienes entramos en el círculo del miedo sabemos que eso es prácticamente imposible porque, lamentablemente, nos paralizamos y, cuando alguna de ellas logra denunciar o algún cercano lo hace, se encuentran con un sistema inoperante y lento y, como resultado, la mujer muere igual a manos de su agresor y las que sobrevivimos quedamos sin ningún apoyo, en la más completa indefensión”.

– ¿Qué mensaje le entregaría a las mujeres que hoy están sufriendo en silencio violencia intrafamiliar?

– “Les diría que confíen en alguien cercano para que les ayuden a buscar una salida razonable y viable y que no callen como hice yo. No vemos la salida, pero sí la hay. Callando no logramos nada, excepto perder la vida”.

– Jacqueline, ¿qué mensaje le darías al hombre que le disparó?

– “Me cuesta mucho esta respuesta, pero la pienso y debo ser valiente. En primer lugar, le diría que un hombre real no es el que hace su hombría por su fuerza física. No es así, sino, más bien, el hombre real, es quien sabe salir de los problemas. El no supo hacerlo, por lo tanto, él es un hombre cobarde.

“Le diría que lo único que siento por él es pena y lástima. En realidad, no valió la pena su esfuerzo de intentar matarme, me hizo más fuerte. Yo estoy bien y en recuperación, gracias a La Diosita y al amor de mi familia, por lo que espero que donde esté terminando su condena pueda tener el tiempo de reflexionar en lo que convirtió su vida.

“Gracias a la gente de Magallanes que han acompañado a mis padres desde el día de ocurridos los hechos, gracias por no dejarlos solos mientras yo agonizaba y por tomarlos de la mano en las largas horas de vigilia y oración que enfrentaron los primeros meses.

“Gracias a los medios de comunicación, que, salvo una excepción, según me han contado mis padres, siempre estuvieron respetando el enorme sufrimiento de mi familia y, a la vez, cumpliendo su labor de informar, además de mantener viva mi historia en el tiempo. Porque todos pueden olvidar, pero las sobrevivientes no olvidamos”.