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Achs reconoció a 22 trabajadores que participaron en obras de construcción de cuartel en la Antártica

Por La Prensa Austral miércoles 15 de mayo del 2019

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Fueron seis meses de trabajo en condiciones que nunca imaginaron. Desde octubre hasta el 23 de abril, 22 trabajadores formaron el equipo de la empresa Bravo & Izquierdo, que inició la primera etapa de construcción del cuartel del Servicio de Salvamento y Extinción de incendios de la Dirección General de Aeronáutica Civil del aeródromo de la base Teniente Marsh, en la isla Rey Jorge, continente antártico. Previo a ello hubo un proceso de selección, tanto en el aspecto físico como psicológico, para sobrellevar las condiciones tan extremas que presenta el territorio helado.

Este esfuerzo merecía un reconocimiento, que fue otorgado ayer por la Asociación Chilena de Seguridad a través de su gerente de Instituciones y Grandes Empresas, José Garay; y el gerente de Operaciones de Bravo & Izquierdo, Francisco Costabal. Y, es que se cumplió a cabalidad el desafío, de terminar esta fase sin accidentes laborales.

Acompañados de sus familiares, algunos de los integrantes de este equipo comentaron su experiencia en la isla Rey Jorge.

Testimonios

Juan Nahuelneri Mancilla, de 55 años, estuvo a cargo del mantenimiento en general, la electromecánica e instalación de faenas, entre otras funciones. “Lo más complicado es el tema del clima, obviamente son climas extremos, temperaturas muy bajas. Hubo días en que no se podía trabajar. Desde que llegamos allá, la jefatura hizo un organigrama de higiene y seguridad, lo que fue acatado muy bien por todos y eso garantizó el éxito hasta el final y que no hayamos tenido ningún accidente”, resaltó Nahuelneri, que en la ceremonia fue acompañado de su esposa, Bernarda Guzmán.

Consultado sobre si sintió angustia por la lejanía, aseguró que “de mi parte no, pero sí hubo compañeros que en algún momento se notaban bajoneados. Pero con las comunicaciones estamos más al tanto y tranquilos de saber que la familia está bien”. Y la experiencia, lejos de ser traumática, quedó muy guardada en su corazón. “Uno iba con una expectativa a lo desconocido, pero estando allá, el lugar es precioso, estuve cinco meses, pero no quería venirme, me gustó tanto el lugar, mucha tranquilidad”, valoró.

Onofre Leal Díaz también tiene 55 años. Es oriundo de Coronel, en la Región del Biobío, pero lleva treinta años en Punta Arenas. Junto a su esposa Nora Barría Navarro, el trabajador destacó, por sobre todo, la unión, que permitió “hacer una estructura tan grande en ese tiempo y superar la limitación de tiempo y clima; ver el asombro de todos los extranjeros que veían lo que hicimos, ellos quedaron impactados y nosotros también. El compañerismo no se ve en la ciudad, es un tema de unión. Cuando nos encontramos y saludamos, por el hecho de haber estado en la Antártica compartiendo, lo hace crear ese sentido de unión y humanidad que aquí nos olvidamos”, puntualizó.

En la Antártica, Leal estuvo a cargo de la carpintería y cuenta que lo que más le impactó, además de los paisajes, el silencio y el clima, fue “la unión que tienen las bases extranjeras con respecto a nosotros, los chilenos. Los chilenos somos muy apáticos, será por el hecho de ser Fuerzas Armadas son poco receptivos, no así los extranjeros con nosotros. Por ejemplo, los rusos son muy amigables a pesar de no entender el idioma, los uruguayos, los chinos, o los coreanos que cuando llegaban a la playa nos saludaban de mano, pocas veces el chileno hace eso”, reconoció.

En tanto, el administrador de obra a cargo del proyecto, Alejandro Ojeda Sotomayor, explicó que hubo un trabajo de selección importante, tanto para detectar las cualidades humanas necesarias para esta labor, como una capacitación para enfrentar lo desconocido.

Preparados para el aislamiento

“Uno de los requisitos es que la persona esté preparada para estar en condiciones de aislamiento, ya sea por las condiciones climáticas y por los tiempos, que son periodos extensos de trabajo, que no existe una conectividad permanente para que la persona pueda llegar a su casa constantemente, entonces se hicieron exámenes tanto médicos como psicológicos, para saber que la persona está apta para su lugar de trabajo. Tuvimos que hacer un trabajo de motivación permanente, había que hacer actividades para que la gente se mantuviera entretenida, activa. También las personas a cargo debíamos estar monitoreando problemas que pudieran tener en Punta Arenas, domésticos, para poder atender o que pudieran venir a sus casas”, detalló.

El 23 de abril, el equipo regresó a Punta Arenas, con el término de la primera etapa, consistente en la obra gruesa de fundación, estructura y revestimiento, para que en octubre, el equipo de relevo finalice esta construcción en abril de 2020.