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Juanita Stipicich Caicheo, odontóloga de la IV Brigada Aérea: “Me gustaría dar apoyo odontológico en alguna posta rural o ejercer en Natales”

Por La Prensa Austral domingo 24 de abril del 2016

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– Condecorada recientemente con una medalla al grado “Gran Mérito Militar”, por estar más de tres décadas ligada y dedicada a la salud bucal de muchos funcionarios de la institución, la profesional -que ha ejercido parte de sus labores en la Antártica- dice que nunca ha sido discriminada por ser mujer y que lleva a la Fuerza Aérea en su corazón.

Una sonrisa de oreja a oreja, un gratificante sentimiento y una emoción que le enaltecía el corazón, era lo que reflejaba su semblante. Ser la única mujer de entre 26 suboficiales de la Fuerza Aérea (Fach) en recibir una medalla al grado “Gran Mérito Militar”, otorgada por sus 30 años de servicio en la institución, es algo que no muchas féminas pueden exhibir ante su familia o amigos, en cambio para Juanita Stipicich Caicheo ya es una realidad.

Sin un grado militar, y con 60 años de edad, se ha desempeñado durante más de tres décadas como odontóloga de la institución, la mayor parte en el policlínico ubicado en la intersección de las calles José Menéndez con Chiloé, atendiendo tanto a altos mandos y a funcionarios como a sus cargas familiares.

De ancestros croatas y chilotes y proveniente de una familia de dentistas por parte de sus tíos y primos, Juanita nació en Puerto Natales y fue trasladada a los 6 años a Punta Arenas. Allí estudió en el Liceo de niñas Sara Braun y luego viajó hasta la Región del Bío Bío para ingresar en 1974 a la Universidad de Concepción.

“Siempre quise estudiar odontología. La facultad era maravillosa, lo pasé muy bien, porque mi concepto es que en la universidad te enseñan los conocimientos, pero también es parte de la vida, te enseña a ser más independiente. Me comunicaba con mi familia solamente por cartas y viajaba una vez al año a Punta Arenas, en las vacaciones de verano. Era muy crudo y no había plata”, afirma, aunque rescata que a pesar de haber egresado ya hace 36 años, aún sigue en contacto con sus compañeros, con quienes se reúne cada quinquenio.

27 años de matrimonio lleva con Rodrigo Covacevich Castex, ingeniero forestal y funcionario público del Ministerio de Desarrollo Social, con quien tiene tres hijos: Vesna, Branko y Tamara, quienes trabajan y estudian en Santiago y en Valdivia, a los que echa mucho de menos, pero que suple su ausencia con el cariño que le prodiga a un perrito que uno de ellos le obsequió.

Enamorada de su región

“Primero que todo yo me considero una enamorada de mi región, por eso volví a Magallanes para entregar también mi parte profesional y mis conocimientos”, dice enfáticamente la profesional del área de la salud, quien en 1982 ingresó a la Fuerza Aérea, en una época en que dicha institución no se caracterizaba por la presencia femenina entre sus filas.

“En esa época no existían prácticamente muchas mujeres en la Fach, y un colega que estaba trabajando como oficial me preguntó si me interesaba trabajar aquí en el policlínico, por lo que postulé y quedé. Esta es una institución jerárquica donde hay disciplina y orden, y fui aceptada. No fue complejo entrar a la institución, porque como yo no soy militar, soy empleada civil, por mi profesión nosotros hacemos un apoyo, un servicio y una parte logística, ya que la institución está dividida en un montón de unidades. Cuando llegué al policlínico la única dentista era yo, y estaba también la asistente dental. Era un lugar muy chiquitito y con mucha demanda, porque eran tiempos bien duros en que se llenaba el policlínico de urgencias”, rememora.

Del mismo modo, cuenta que por el sillón dental han pasado muchos profesionales, y personas de la parte administrativa y paramédica, señalando que atender a cada uno de ellos y adquirir toda esa experiencia siempre ha sido una instancia muy enriquecedora.

“Ha habido varios casos de altos funcionarios de la Fuerza Aérea que han tenido miedo al momento de un control, pero yo les digo que lo entiendo, que es lo más natural, y que en la primera sesión solamente los voy a examinar para ir trabajando de a poquito para que se les vaya pasando el temor. Soy odontóloga general y me gusta mucho la prevención y la educación, y entregarle a los pacientes todo lo que yo sé”, manifiesta.

Condecorada por 30 años de servicio

“Para mí fue súper sorpresivo, no lo esperaba. Me dijeron que subiera a la Base Aérea Chabunco para también compartir con los otros suboficiales premiados, que son más jóvenes que yo. Fue súper lindo, emocionante y lo he disfrutado plenamente. Me encanta lo que hago y pienso que ha pasado el tiempo volando. En el momento en que el intendente me condecoró yo estaba feliz, si se notaba en mi cara”, sostiene entre risas Juanita, recordando el pasado lunes 21 de marzo, cuando en el marco del desfile cúlmine de la celebración de los 86 años de aniversario de la Fach, fue condecorada ante cientos de personas que se apostaron en las aceras colindantes a la Plaza de Armas Benjamín Muñoz Gamero.

Con una ansiedad evidente, fue la última en recibir la medalla al grado “Gran Mérito Militar”, la cual fue entregada, entre aplausos y vitoreos de su familia, en la misma instancia por la máxima autoridad regional.

“En el momento no le tomé mucho el peso, pero en la medida que han ido pasando los días lo he estado considerando. Creo que soy la única empleada civil de todas las instituciones de las Fuerzas Armadas que recibió esta condecoración con tantos años de servicio”, indica, agregando de que pertenecer a la institución “es algo súper importante, porque es mi lugar de trabajo, pero a la vez es mi segundo hogar. He tenido siempre superiores excelentes, me han apoyado para asistir a cursos, siempre he sentido el apoyo que se me ha entregado y me siento orgullosa de ser parte de la celebración de los 86 años, porque siempre he sido integrada y jamás he sentido discriminación por ser mujer. Llevo a la Fuerza Aérea en el corazón”.

Retribuir a la comunidad

Juanita no solamente ha ejercido su profesión en el policlínico. En enero de 2014 estuvo trabajando por un año en la Base Chabunco, donde le tocó atender en reiteradas ocasiones a los altos mandos, entre ellos al general de la IV Brigada Aérea, Manuel Sainz Salas. Asimismo, ha viajado un par de veces a la Antártica a realizar funciones odontológicas, siendo lo más terrible para ella el turbulento viaje.

“He ido a la Antártica por el día a atender pacientes y ha sido espectacular la experiencia, aunque he estado muerta de susto volando porque nunca me había subido a un Hércules (avión), donde no hay baños, hay que protegerse los oídos, y cuando trataba de aterrizar y no podía, era una situación de mucho temor. O sea yo soy dentista de la Fach pero no soy piloto ni tripulante”, comenta de forma hilarante.

Por otra parte no niega que le gustaría retribuir toda su experiencia profesional a quienes no pueden acceder fácilmente a consultas que son -en la mayoría de los casos- de muy alto costo.

“Quiero entregar a la comunidad mis conocimientos de alguna manera, porque hay mucha gente que necesita un apoyo de cualquier punto de vista, aunque sea escuchando a alguien. Me gustaría dar apoyo odontológico en alguna posta rural, me gustaría ejercer en Puerto Natales”, enfatiza.

Aunque aún no tiene contemplado el retiro, y sin pensar en que su condecoración es sinónimo de una despedida de la institución que por 34 años la ha visto ejercer su profesión, Juanita dice sentirse competente aún para seguir trabajando, aunque avizorando hacia su futuro le gustaría poder viajar y recorrer el país.

“Tengo muchos sueños de viajar y creo que los voy a cumplir cuando deje la institución. Yo todavía me encuentro muy activa y me gustaría seguir acá, pero eso no depende de mí sino que del alto mando. Yo creo que ya estoy lista y si deciden que me retire no tendría problemas. Si volviera a nacer, volvería a ser dentista de la Fach”, puntualiza.