Necrológicas

La ciencia antártica como instrumento de soberanía

Por La Prensa Austral martes 27 de febrero del 2018

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Durante más de medio siglo, muchas voluntades se han sumado a la noble tarea de hacer de Chile un país con vocación polar. Una pieza clave en esta construcción ha sido la ciencia, pues  es una manera concreta de mantener presencia efectiva en el Territorio Antártico Chileno

Alejandra Zúñiga Sepúlveda

azperiodista@gmail.com

Creado el 10 de septiembre de 1963, hubo que esperar cuatro décadas para que el Instituto Antártico Chileno (Inach) se instalara oficialmente con sede en Punta Arenas. Desde 2003, no solo ha generado a su alrededor un potente grupo de investigadores que cada vez logra mayor reconocimiento internacional, sino también ha impulsado diversas acciones para dar a conocer su labor a la comunidad y lograr así que los magallánicos incorporen en su imaginario la magnitud, potencial y belleza de la fracción de este continente que forma parte del territorio regional.

A fines del año pasado, se lanzó una edición especial del Boletín Antártico Chileno, en la que se convocó a 17 intelectuales con una destacada trayectoria pública y privada en el ámbito académico, cuyas reflexiones potencian el concepto de que las remotas tierras antárticas son un continente de ideas donde la aventura del conocimiento humano es la actividad dominante.  “Es otro planeta que, gracias a nuestra condición geoestratégica de país puente, tenemos al alcance de la mano y, comparativamente a otros países, a bajo costo para nuestras actividades”, se remarcó allí.

Presencia efectiva a través de la ciencia

En sus memorias, el embajador Óscar Pinochet de la Barra -quien encabezó el Inach entre 1991 y 2003-, cuenta que durante la participación de Chile en las primeras Reuniones Consultivas del Tratado Antártico (suscrito en Washington el 1 de diciembre de 1959), rápidamente se asumió la necesidad de fortalecer el desarrollo científico polar nacional “que era muy poco y de escasa significación mundial”. Esta situación incidió negativamente en la participación del país en las primeras seis sesiones del Comité Científico de Investigaciones Antárticas (SCAR, por su sigla en inglés) creado en el Año Geofísico Internacional (1957-1958) y que hoy es la instancia en que se define la orientación de la ciencia antártica a nivel planetario.

La decisión estratégica de trasladar la sede del organismo a Punta Arenas en 2003 respondió a la necesidad de impulsar -desde la ciencia- un proyecto social, político y económico que busca sumar a la Antártica como actor y motor relevante para el desarrollo y el progreso del país. Así, en este último período, la ciencia antártica ha tenido un desarrollo exponencial como nunca antes, lo que se traduce actualmente en una inversión anual de alrededor de 9 millones de dólares. El Programa Nacional de Ciencia Antártica (Procien) aborda hoy temas de interés global y local, en alianza con más de 20 países que transitan por Chile rumbo al sur del sur.

Esta temporada contempló el apoyo de 93 proyectos de investigación, de los cuales 52 tuvieron actividades en terreno, transportándose 180 investigadores.

Para responder a este desafío, Chile posee siete bases con capacidades científicas a lo largo de más de 2.000 km, entre las Shetland del Sur y las montañas Ellsworth, a 1.000 km del polo sur. En 2017, en lo que Inach ha denominado la Antártica marítima, se inauguraron los primeros acuarios científicos en base “Yelcho”, a 400 km al sur de isla Rey Jorge. Además, se inició la construcción del laboratorio “Eduardo García” en la base “Teniente Carvajal”, aproximadamente a otros 400 km más al sur. A estas instalaciones se suman cuatro nuevos medios marítimos con capacidades científicas: la nave Karpuj y las lanchas Isabel, Hugo Moyano y Carlos Moreno, que apoyando la ciencia chilena desde caleta Tortel hasta isla Avian, en la península Antártica, abarcando más de 3.000 km.