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La enfermería pediátrica en Magallanes

Por La Prensa Austral jueves 23 de mayo del 2019

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Parte II y final

Tal vez el punto de inflexión más importante para la enfermería magallánica fue la implementación de la carrera de Enfermería en 1972, en la entonces sede de la Universidad Técnica del Estado

Por Matías Vieira

Las enfermeras han estado en todas las iniciativas, estatales o privadas, en que se favoreciera a la niñez en su aspecto sanitario. Como ejemplo menciono que en la década de 1940 el doctor Juan Damianovic dirigía un ambicioso proyecto de colonias escolares en la localidad de Agua Fresca, siendo secundado por la enfermeras universitarias señoritas Claudina Alvarez Gallardo y Rosaura Díaz Cárcamo. En Puerto Natales, entre muchas otras, merece destacarse la figura de María Otilia Velásquez.

Creación de la carrera de Enfermería

Tal vez el punto de inflexión más importante para la enfermería magallánica fue la implementación de la carrera de Enfermería en 1972, en la entonces sede de la Universidad Técnica del Estado, luego autonomizada con el nombre de Universidad de Magallanes. Impulsoras y creadoras de la escuela fueron las enfermeras Lidia Vidal Alvarez y Silvia Muñoz Celis. Desde entonces esta carrera ha estado comprometida con la Región de Magallanes, generando conocimiento con enfoque social. Su cuerpo docente se encuentra en capacitación permanente y actualmente cuenta con cinco doctoras en enfermería.

Aparte de la creación de la carrera en 1972, los hitos más importantes han sido el hecho de haber sido la primera universidad en el país en crear el título de Licenciado en Enfermería en 1994; haber sido la primera carrera de la Universidad de Magallanes en someterse voluntariamente al proceso de acreditación de pregrado en 2005; haber sido la primera carrera de enfermería del país en rediseñar su currículum por competencias en 2008 y haber sido la primera carrera del área de salud que se dicta en Coyhaique, bajo el alero de la Universidad de Magallanes, desde 2014.

En 2017 tuve el privilegio de conversar con la señora Lidia Vidal, quien ostenta una memoria y lucidez de juicio envidiables. Transcribo algunos párrafos de su testimonio:

“Tengo 99 años, con artrosis en ambas rodillas, lo cual me impide desplazarme. Estoy encerradita, pero la lectura me soluciona todo. Si tengo alguna preocupación o algún problema, me pongo a leer, en forma bien completa, que lo sienta, que sienta lo que estoy leyendo y se me van todas las preocupaciones. El mejor remedio es la lectura. Y leo de todo: lo livianito, lo pesado, lo denso. Fuera de eso, todavía no me olvido, tengo buena memoria, a veces mejor que la gente joven”.

¡Qué duda cabe! Durante la extensa entrevista me cercioré, y doy fe, de la precisión de tal aserto.

Y continúa su relato:

“Con mi marido éramos tan amigos… crecimos en todo sentido los dos, porque todo lo hicimos siempre en conjunto. Con la Escuela de Enfermería, con el mismo hospital, en todo nos ayudamos mutuamente. Cuesta olvidarse de las cosas buenas.

Estuve en el hospital de Bories durante algunos años hasta que se trasladó al de Angamos. Trabajé después en la universidad y de ahí me jubilé el 85. En la universidad me han hecho tantos homenajes, yo no sé por qué me hacen tantos. En octubre fue algo muy grande, recordando lo que fue el comienzo de la universidad y lo que es hoy día. ¡Empezó de la nada y hoy día está haciendo tantas cosas importantes! Tantas cosas grandes que la gente no se da cuenta de lo que se está haciendo en eso de la investigación. Y lo que van a hacer. No sé si habrán empezado la construcción del edificio que deben estar haciendo cerca del hospital. No querían que hubiera escuela de medicina, ahí va a estar la Escuela de Medicina. La gente no se da cuenta de la importancia de la universidad, de lo que ha sido la universidad. Leo en el diario las maravillas, los logros que ya hay. Uno no se da cuenta de lo lindo de las cosas que ha dejado, la inmensa importancia de todo esto. Porque mi marido empezó en dos piezas haciendo la universidad.

Desde que empecé a trabajar en el Hospital de Asistencia Social en 1949, mi preocupación fue siempre promover la carrera, incluso solicité becas en la Intendencia, para mandar estudiantes y que vuelvan a trabajar en la ciudad. También entusiasmando a la juventud en los liceos. Tuvimos enfermeras valiosas en el hospital, luego también cuando creamos la carrera, ¡tengo una tremenda semilla de gente! Yo jubilé del hospital en el 72, luego me entusiasmaron para la carrera de enfermería. Ahí con Silvia Muñoz, con gente de Santiago, de la Chile, vinieron, se entusiasmaron, nos entusiasmaron, vieron los que se podía hacer y así nació la carrera”.

María Maric, una figura emblemática

Figura emblemática de este progreso académico fue también la señora María Maric Recabal, a quien recuerdo con respeto y cariño, por sus cualidades como dama y gran docente. Formadora de un grupo selecto de enfermeras y enfermeros universitarios, que lograron -y mantienen- gran prestigio a nivel nacional por su excelencia profesional. La docente María Luisa Fernández Santana se refiere a ella: “Gracias a María Maric, mi mentora, pude encontrar mi camino profesional. No puedo dejar de mencionarla, formadora de cientos de profesionales de enfermería de la región, siempre preocupada de los demás, todas para ella éramos inteligentes, encontraba cualidades en nosotras hasta convencernos de nuestra autonomía. Al casarme en el año 1981, nos fuimos a vivir a Tierra del Fuego con mi esposo en un campamento de Enap, Puerto Percy, en donde existía una posta rural y me ofrecieron trabajo. Con la inexperiencia de la juventud y, por supuesto, con la ayuda de María Maric, acepté ese importante reto. No me faltó jamás la información más actualizada de enfermería comunitaria. María me enviaba de todo para que yo ejerciera una enfermería de calidad”.

Desde 2014 la Universidad de Magallanes también dicta la carrera de Enfermería en su centro universitario de la ciudad de Coyhaique.

La enfermería pediátrica

Dice el pediatra Ramiro González, quien ejerció en Punta Arenas de 1975 a 1979: “Si los médicos teníamos dedicación a nuestro trabajo, qué decir de las enfermeras. No recuerdo el nombre de las que me acompañaron y apoyaron en los políclinicos, pero sí recuerdo su trabajo, con admiración por su entrega. Conocían la vida de cada paciente. Al igual que Nolfa Avilés, Pía y Cecilia Cacabelos en el hospital, siempre atentas a que un niño se agravara, siempre avisándonos de los problemas. En los policlínicos veíamos diez pacientes por hora y siempre había más de los que podíamos atender. La enfermera seleccionaba y nosotros nos enojábamos cuando creíamos que no se justificaba que un niño fuese pasado a médico. Aprendí que no había que discutir con la enfermera un día en que me pasaron un lactante, que en la carátula de su ficha decía ‘madre oligofrénica’. La señora me dijo que lo traía porque tenía ‘los suspiros largos’. Ya pensando en alegar con la enfermera le puse el fonendo y le escuché un tremendo soplo, ¡estaba en insuficiencia cardíaca”!

En lo personal, y a mi llegada en 1984, recuerdo trabajando en pediatría en el Hospital Regional a las enfermeras universitarias Nolfa Avilés Venegas, Tatiana Navarro Muñoz, Silvia Granifo Lagos, Silvia Abarzúa Cortez, Patricia Soto y más adelante a María Ester Giner Barreiro y Susanne Keliotis. Casi todas han asumido otras funciones, han jubilado o han emigrado de Magallanes.

De las nuevas generaciones, que tan bien han sabido suplir a las maestras, no hablaré por no ser historia, sino presente y futuro.

Se refiere al destacado académico Roberto Bravo Navarro, gestor y primer rector de la sede magallánica de la Universidad Técnica del Estado, devenida en Universidad de Magallanes.