Necrológicas
  • José Ramón Ampuero Guzmán

La enfermería pediátrica en Magallanes

Por La Prensa Austral miércoles 15 de mayo del 2019

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Parte I

En el Día Internacional de la Enfermería

La esforzada labor de Annie Tennant y otras pioneras de la enfermería. Fue eficaz colaboradora del doctor Thomas Fenton y se le recordaba trabajando en el auxilio y tratamiento de los sobrevivientes de la explosión del navío británico Doterel, ocurrida al año siguiente de su llegada

En la década de 1930 llegaron a reforzar la enfermería hospitalaria en Punta Arenas las monjas de la Congregación Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul

“Sor Vicenta era una maravilla para extraer sangre, a unos prematuros, unas cositas chiquititas. Era enfermera del banco de sangre y también iba a pediatría. Ella hacía las transfusiones, no sé cómo pescaba esas hilachitas que tenían los prematuros, tenía una mano divina”

Por Matías Vieira

No se concibe la pediatría sin el trabajo de enfermería, sea éste profesional o no. Desde la antigua enfermera con preparación básica y siempre imprescindible, hasta la enfermera o enfermero profesional de hoy, con largos años de instrucción universitaria y muchas veces con estudios de postgrado de especialidades, pasando por las auxiliares de enfermería, los practicantes y los actuales técnicos en enfermería, han sido puntales fundamentales en la prevención y tratamiento de las enfermedades de los niños.

La primera enfermera en Magallanes llegó en 1880. Se trata de Annie Tennant, escocesa, que se quedó en Punta Arenas, dejando huella en la época por su abnegación al servicio de los necesitados. Según los datos aportados por su tataranieto Héctor Douglas, nació en 1854 en Kelso, hija del zapatero Thomas Tennant y de Annie Jamieson. Thomas abandonó a su familia, paradojalmente para convertirse en ministro de la iglesia presbiteriana. En 1871 se trasladaron, ya sin él, a Newcastle. Con su madre y su hermana Mary Jane, encontraron trabajo como enfermeras en el “Newcastle Lunatic Asylum”, a todas luces un hospital psiquiátrico, a juzgar por el nombre. Formada en la práctica más que en la academia, es probable que allí haya iniciado -y se haya fogueado- su carrera.

Auxilió a los sobrevivientes de la Doterel

Annie Tennant, primera enfermera de Magallanes.

En 1872 contrajo matrimonio con el “sheep farmer” Thomas Douglas, de Sutherland, con quien se instaló en las islas Malvinas para trabajar, él en el consorcio ganadero Falkland Islands Company Limited y -presumiblemente- ella como enfermera. Atraídos por el auge magallánico emigraron a Punta Arenas en 1880 y Thomas encontró ocupación como ovejero en la estancia Oazy Harbour. Al cabo de seis años adquirieron una propiedad en el centro de la ciudad. Se dice que Annie fue eficaz colaboradora del doctor Thomas Fenton y se le recordaba trabajando en el auxilio y tratamiento de los sobrevivientes de la explosión del navío británico Doterel, ocurrida al año siguiente de su llegada. Thomas Douglas falleció en 1898 y su esposa, enfermera hasta avanzada edad, en 1933. Ambos se encuentran sepultados en Punta Arenas.

Aparte de Tennant, en 1894 daban muestras de abnegación y coraje dos enfermeros, dama y varón, que atendían a los variolosos en el lazareto. Se desconocen sus nombres y su nivel de preparación, pero sí se sabe de su heroico esfuerzo por sacar adelante a las víctimas de tan temida enfermedad contagiosa. También figura en el “Rol de Avalúos para 1900”, pagando patente profesional, la flebotomista M. Cruz Vera.

Aparte de los mencionados, no tengo noticia de otros enfermeros o enfermeras ejerciendo en Magallanes en el siglo XIX.

Primeras enfermeras universitarias

Sí se sabe de la llegada en 1906 de la profesional universitaria doña Benigna Silva, matrona y enfermera. Se desempeñó en el segundo Hospital de la Caridad desde su inauguración, ese mismo año, con otras tres enfermeras venidas de Santiago, asumiendo la jefatura de las mismas. Esta nota del diario El Comercio, de marzo de 1906, en los inicios del funcionamiento del nosocomio, retrata el celo de estas profesionales, al menos en sus comienzos: “En cuanto a los cuidados que reciben ahí los enfermos todo elojio sería poco para hace justicia a la solicitud i atención esmerada del cuerpo de enfermeras que dirije la señorita Benigna Silva”.

Hacia los años de 1930 y 40, relata Mateo Martinic, “alejada la benemérita Benigna Silva de López, se recordaría, entre otras, el trabajo profesional de Domitila Mora y Juana Mutschke Ross por su dedicada entrega. Ellas abrieron el camino para la ulterior participación de generaciones de enfermeras formadas en las universidades nacionales”. En 1951 la enfermera jefa del Hospital de Asistencia Social era doña Lidia Vidal de Bravo, quien siguió con esta función en los inicios del Hospital Regional Doctor Lautaro Navarro Avaria, siendo sucedida por la señora Ana Araneda. Refiere la señora Lidia en 2017: “Cuando llegué al Hospital de Asistencia Social éramos dos enfermeras y cuando me retiré del Hospital Regional dejé treinta. Laura Alvarado era la jefa, no le gustó mucho que yo llegara, porque venía con muchos ímpetus, de trabajar en una escuela de enfermería y tenía ciertas ideas más de acuerdo con la realidad. Después llegó Rina Díaz que era una gran enfermera, para pediatría era ideal. Se fue a Valparaíso porque su marido era marino, y murió muy joven. Había otra pero no me acuerdo el nombre. Y no había más”.

La monjas vicentinas

También por la década de 1930 llegaron a reforzar a la enfermería hospitalaria las monjas de la Congregación Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul. “No estuvo ajena a estos trabajos, principalmente en los turnos de noche, esa hermanita de caridad de San Vicente de Paul, a quien hemos hecho siempre admiración y respeto: me refiero a Sor María, quien junto a Sor Teresa, Sor Vicenta y Sor Andrina, entregaron lo mejor de sus vidas a la comunidad de Magallanes”, escribía el doctor Víctor Fernández Villa. Dice la señora Raquel Aedo, antigua y retirada auxiliar de enfermería: “Las hermanitas vicentinas eran sumamente importantes en el hospital. Cuando yo ingresé -1951- me parece que había solamente tres enfermeras universitarias. La señora Rina Díaz trabajaba en adultos, en cirugía. La otra era una señora de edad que trabajaba en medicina. En pediatría no teníamos enfermera en esa época. La señora Lidia lo controlaba todo. Ahí estaba Sor Vicenta, que era el alma. La enfermera de noche permanente, desde el hospital de la diagonal (se refiere a la diagonal Don Bosco) era Sor María. Se amanecía caminando. Cuando había algo grave en cualquier servicio, empezábamos a buscarla. Una siempre la encontraba por ahí en un rinconcito, hincadita, rezando. Tenía una entrega única. Daba anestesia. Las monjas también se cambiaron a Angamos. Sor Vicenta era una maravilla para extraer sangre, a unos prematuros, unas cositas chiquititas. Era enfermera del banco de sangre, y también iba a pediatría. Ella hacía las transfusiones, no sé cómo pescaba esas hilachitas que tenían los prematuros, tenía una mano divina. En la diagonal las monjitas criaban hasta gallinas. Tenían unas máquinas artesanales para poder lavar la ropa de todo el hospital. Amanecían lavando en esas máquinas. Cuando se les echaban a perder, la superiora, que era una gordita, Sor Teresa, que era bien coloradita, de presión alta, amanecía lavando a mano. Esas máquinas de madera todavía funcionaron en el hospital de Angamos. Esa ropa era pura nieve, blanca, blanca. Impecable todo”.

Otras antiguas funcionarias también recuerdan que Sor María pasaba visita con el doctor Víctor Fernández Villa, de noche y por todos los servicios. “Sentíamos de lejos que venía con su rosario largo”.

Refrenda también el conocido y respetado gineco-obstetra doctor Jorge Amarales Aspinall, fallecido el año recién pasado: “La anestesias eran suministradas por personal paramédico: enfermeras, matronas, auxiliares y en especial por Sor Vicenta. Hay que resaltar el papel que jugó en la marcha del hospital la comunidad religiosa, dirigida por Sor Teresa, quien manejaba el servicio con gran talento. Sor Vicenta daba unas anestesias estupendas. Nunca se le complicaban los pacientes. Además, era jefa del Banco de Sangre”. Agrega también Amarales: “Estaba también Sor María, una monja que sólo hacía turnos de noche. Durante los 37 años que estuve en la maternidad, la vi hacer noche. No supe cuándo dormía. Al poco tiempo de tomar el poder las Fuerzas Armadas, la comunidad religiosa fue ‘invitada amablemente’ a dejar el hospital. Nunca supe a qué se debió tal medida. El día que las monjas se fueron del hospital el personal en masa les hizo calle y mientras las monjas se alejaban todos aplaudían y sollozaban” (continúa la próxima semana).