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La hija del pescador que alcanzó la gloria artística

Por La Prensa Austral domingo 13 de agosto del 2017

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Sandra Valderas Márquez, orgullo musical fueguino

Por Mario Isidro Moreno

A Sandra Patricia Valderas Márquez su madre le quiso poner como segundo nombre Estrella, como augurando lo que pasaría con esta muchachita fueguina que habría de convertirse en el “Ruiseñor fueguino” como reconocida intérprete del cancionero ranchero en Magallanes.

Hija de José Valderas Núñez, natural de Cochamó, proveniente de una gran familia de músicos de la Décima Región que cultivaron las melodías mexicanas con bastante éxito incluso grabando discos con grupos como Los Hermanos de Loica y los Hermanos Sandoval. La madre de Sandra, Inés Márquez Villarroel, procedente de Llanquihue, también cantaba desde niña destacándose en los colegios, de tal manera que la herencia artística la recibe de ambos progenitores.

El noviazgo de sus padres trae como consecuencia que Inés, de sólo 18 años, se embarazara, pero José, sin conocer este detalle viaja a trabajar a la Patagonia. Su madre, al saber que estaba encinta, se traslada al sur en busca del padre de la hija por nacer. El futuro papá se encontraba por una larga temporada en zona de pesca sin siquiera imaginar lo que estaba sucediendo y al retornar, luego de un año al continente, se encontró con la sorpresa que tenía una hija.

Decidió entonces la pareja vivir en la ciudad de Porvenir, donde contrae matrimonio estableciéndose en la caleta de pescadores de Bahía Chilota, aumentando la familia una segunda hija, Carla, hoy ingeniera comercial que trabaja en el BancoEstado.

“Nuestra vida en Bahía Chilota era de una completa inocencia. Los niños de ese sector conformamos una generación muy numerosa. Lamentablemente hoy no hay juventud allí. Eramos un grupo de alrededor de quince pequeños que nos entreteníamos jugando todo el día siendo nuestra principal atracción ir al cerro por cuyas pendientes nos deslizábamos con cartones. Igualmente, como hijos de pescadores, nos entreteníamos en las lanchas que estaban varadas y practicando también los juegos clásico de la época: escondido, tejo, la soga, etc. Eran veladas que incluso en verano finalizaban a la una de la mañana. Estudiábamos todos en la escuelita G-46 en una misma sala, en cuyas dependencias hoy está instalada la junta de vecinos. Luego me internaron en un colegio de Porvenir”.

“Mientras mi madre se encargaba de las labores del hogar, mi padre se dedicaba a sus faenas de pesca. Su trabajo siempre lo vi con miedo, hasta los días de hoy, porque uno los observa zarpar pero no sabe si regresarán. En una ocasión mi padre salió de Punta Arenas a las cinco de la tarde para estar a las ocho en Porvenir. Ese día yo tenía que actuar y él asistiría a mi presentación. No arribó a la hora señalada y luego de actuar regresamos con mi madre a casa y eran las doce de la noche y la nave no llegó. Todos los vecinos se alarmaron y ofrecieron su colaboración, como siempre ha sucedido. Fuimos al sector del faro y desde allí observamos el mar, pero en lo oscuro de la noche nada se veía. Entonces recordé que para llamar desde mi casa a mi papá para que viniera almorzar, yo lo hacía con un silbido muy potente y particular. Comencé entonces a chiflar y de improviso, en el silencio, se escuchó una débil respuesta. Mi padre venía remando porque se había descompuesto el motor de la embarcación y era la única manera de avanzar. Por fortuna llegó sin mayores consecuencias que sus manos heridas de tanto remar”.

“La labor de la pesca es difícil. La lancha es el hogar de los pescadores y hay que prepararla. No es llegar y partir ya que ese trabajo exige perseverancia y respeto. La embarcación hay que cuidarla, hay que abastecerla”.

El espíritu de Sandra Valderas se inquieta con estos recuerdos, porque como hija de pescador recuerda que, cuando llega el mes de noviembre y comienza la temporada de pesca, no puede dormir tranquila a pesar que su progenitor ya no se ausenta por largas temporadas como antaño, porque tiene otras ocupaciones en su hogar, como hacerle ampliaciones y construir sus propias embarcaciones como carpintero de ribera.

“Nunca la familia se inmiscuyó en sus labores. Yo misma no lo acompañé en ninguna oportunidad en sus faenas largas, por respeto a su trabajo y dedicación que debía otorgarle a su tarea. Sólo en ocasiones fui con él a calar las redes en bote a lugares cercanos”.

Su inquietud musical

Los genes musicales de la familia comenzaron a funcionar en Sandra Valderas, desde muy temprana edad.

“Yo me inicié en el canto a los cinco años imitando a mis artistas predilectas. Yo fui la Yuri, y con una de sus canciones gané mi primer festival en la Escuela Bernardo O´Higgins de Porvenir, cuando tenía nueve años. Luego fui Lucerito y con esos repertorios inicié una incipiente carrera artística, ya que comenzaron a invitarme a veladas y otros eventos, solicitando el permiso a mi madre que tuvo una gran impresión cuando supo de mis habilidades musicales. Participé en competencias en las cuales gané, perdí, reí y lloré. Pero con el tiempo me convencí que siempre van a existir artistas mejores que una”.

“Yo me vine a Punta Arenas a los 18 años para estudiar una carrera en la Universidad de Magallanes. Ya en la ciudad comencé a acercarme a los eventos populares como la Muestra Costumbrista de Chiloé y actué en ese festival y la gente me recibió con mucho afecto por mi repertorio mexicano, porque en esa época sólo cantaba ese tipo de temas la Perlita Gómez, con la cual nos hicimos grandes amigas. Yo cantaba gratis. No tenía dinero para la universidad pero era feliz entregando mi arte. Alguien me insinuó que debía cobrar aunque fuera para movilización, para útiles escolares o para una colación. Mi padre no contaba con los recursos necesarios y debo reconocer que incluso pasé hambre porque a veces no tenía ni siquiera un trozo de pan para llevarme a la boca”.

“Comencé cobrando veinte mil pesos, con mucha vergüenza. Reuní algunos pesos y como cantaba sin vestuario adecuado, mandé a hacer un traje mexicano usando para ello una tela de felpa que se utilizaba para tapizar sillones y nadie se dio cuenta, incluso me felicitaban por la tenida tan hermosa que lucía”.

“Me acompañaban en ese tiempo Los Rancheros de la Patagonia, Los Corales de Chiloé, Los Rayos del Sur y Los Rancheros de San Gregorio y comencé a viajar con los primeros, ya que ellos tenían contactos para actuar en Río Grande y Río Gallegos. Por mis presentaciones ganaba cincuenta mil pesos que para mí, en ese tiempo, era mucho dinero que me sirvió para terminar mi carrera de Secretaria ejecutiva en Computación”.

“Como a los veinticuatro años, en el año 2004, comienza mi salida hacia el resto de Chile y grabé mi primer disco, acompañada por Los Tigres de Sonora, en el sello Liberación de la capital. A ese grupo lo conocí cuando fui a representar a la mi región a un evento de música internacional mexicana en Entre Lagos. Una emisora de Punta Arenas hizo que me acompañara el destacado locutor Daniel Ruiz, que se encargó de transmitir el festival para la capital regional. Llegaron más de trescientos cantantes de todo el país que se sometieron a un “colador”. Quedé entre los veinte seleccionados y participé en el certamen donde obtuve un honroso tercer lugar”.

“Yo he recorrido casi todo mi país, me falta muy poco por conocer de Chile. He actuado en Santiago, Arica, Concepción, Puerto Montt e incluso soy regalona del archipiélago de Chiloé”.

“Actué en San Bernardo junto a grandes artistas de la música mexicana, como Ramón Rimac, Eliseo Guevara, los Hermanos Bustos, Lupita Aguilar, etc. en una presentación maravillosa acompañada por los Tigres de Sonora”.

“A los 18 años tuve a mi hijo Matías, que actualmente está estudiando en la Universidad de Magallanes, con el cual viajo a los eventos, en los cuales él se encarga de vender mis discos que he grabado, muchos de los cuales tienen mis propias composiciones que comencé a escribir cuando tenía catorce años”.

“He grabado cinco discos: el primero fue “Mi Desafío”, en el que incluí esta canción que ha tenido mucho éxito en el país y que habla del desafío de una madre soltera de sacar adelante a su hijo. El segundo disco se llama “Mi Magallanes Querido”, el tercero se llama “Espejos del Alma”, el cuarto “Pasión Ranchera” y el quinto “Pescadores del Mar”, además de un DVD titulado “De Sur a Norte”.

“Creo, y lo digo con mucha humildad, que he logrado lo que he querido. Porvenir me ha declarado dos veces Hija Destacada y tuve mi primer Disco de Oro, con “Pasión Ranchera” el año 2015, y creo que pronto lograré mi segundo Disco de Oro con “Pescadores del Mar”.