Necrológicas

La historia de Martina: entre las terapias y la rehabilitación

Por La Prensa Austral martes 3 de diciembre del 2019
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Con terapias en el Centro de Rehabilitación del Club de Leones Cruz del Sur tres veces por la semana y con controles médicos se mantiene Martina Mansilla Colivoro, de ocho años, quien fue la primera en recibir un implante diafragmático tras perder la respiración voluntaria.

En su primer año fuera de la Unidad de Cuidados Intensivos de Pediatría, donde vivió por cinco años, la niña aún es electrodependiente y va a requerir cuidados y terapias de por vida.

A pesar del marcapasos, Martina depende de  equipos que permiten monitorearla y aspirarla, además de apoyos ventilatorios. “Ella tiene oxígeno en la casa, una bomba de aspiración y una bomba de monitoreo nocturno de saturación y frecuencia cardiaca, que compró el Hospital Clínico de Magallanes, aunque hay equipos que deben estar cargados permanentemente, por lo que están siempre enchufados”, explica Sandra Arteaga, la abuela de la niña, quien agrega “Martina no tiene deglución, así que es muy difícil que logre comer solita”.

A un año de salir del Hospital Clínico de Magallanes, Martina ha intentado hablar un poco más y ya dice algunas palabras, aunque aún no habla fluidamente. En este último logro y en su posibilidad de ponerse de pie ha sido importante el respaldo que recibe cada semana en el Centro de Rehabilitación, además de la atención de los profesionales del hospital regional.

Así, en la actualidad el sueño es que pueda asistir a la escuela.

Sandra Arteaga reconoce que dejar el Hospital Clínico fue un proceso triste. “Pasaron seis años en que vivimos en el hospital, a los funcionarios, enfermeras y médicos los veía más que a su familia. Igual al principio hubo miedo porque el manejo de la Marti dependía de nosotros, entonces la aspiración, el monitoreo y, si suena la máquina, quedó bajo nuestra responsabilidad. Entonces, al principio fue muy complejo. Hasta el día de hoy prefiero que duerma conmigo y sentirla respirar, que estar pendiente de una máquina que si prende o no prende. Fue un proceso, que hemos querido vivir tan rápido, porque perdimos tanto tiempo con ella y quisiéramos recuperarlo”, comentó.

“Le gusta salir porque para ella, desde que egresó del Hospital Clínico de Magallanes, es todo nuevo. Para ella, todas las experiencias son nuevas”, remarca.

Martina perdió la respiración voluntaria en enero de 2013 cuando sufrió una falla en una válvula derivativa. El diagnóstico de la niña se produjo porque nació con una hidrocefalia, que produce la acumulación de líquido en los espacios del cerebro y del cráneo, entonces para tratarla le instalaron una válvula derivativa, es decir, un drenaje inserto dentro de su cabeza que le permite eliminar los líquidos.

Esta falla le generó una hipertensión cerebral, que es muy similar a lo que ocurre en un accidente cerebrovascular.

Por lo mismo, sufrió una lesión en el tronco cerebral, que la mantuvo internada por años conectada a ventilación mecánica y sin poder salir de la Unidad de Cuidados Intensivos.

Sólo pudo dejar el Hospital Clínico de Magallanes luego de recibir con éxito un implante de un marcapasos diafragmático, que funciona en base a dos baterías que duran 15 días.