Necrológicas
  • Alejandro Jorge Plastic Barría
Familia reconoce que no fue una decisión fácil

La historia de Patricio Cano, el donante que salvó tres vidas

Por La Prensa Austral domingo 16 de febrero del 2020

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El 12 de febrero pasado el trabajador de Puerto Williams donó sus órganos, los que fueron trasladados a la Región Metropolitana.

Gregorio Patricio Cano Arias, a quien de cariño le decían “Canito” o “Patito”, es el trabajador de Puerto Williams que donó sus órganos el miércoles 12 de febrero pasado, salvando varias vidas.

Tras un exitoso operativo, sus órganos fueron trasladados a la Región Metropolitana, donde se trasplantaron los riñones, las válvulas cardiacas y las córneas a personas que ahora tendrán una segunda oportunidad.

Era una persona alegre, bondadosa y siempre ayudaba a los demás. Fue un hombre trabajador y responsable, que iluminaba con una sonrisa a quienes lo rodeaban. Unido a sus hermanos, por quienes luchó siempre. El mismo comentó en vida: “Yo quiero que sean felices”.

Tal vez fue esa entrega la que lo llevó a donar sus órganos, para que otros tuvieran una oportunidad de tener una mejor calidad de vida. “El era un luchador que peleó hasta el final y ahora seguirá luchando para que otras personas mejoren su salud”, decía la mamá, en el Hospital Clínico de Magallanes.

“Canito” por años fue socio del Terminal Pesquero de Puerto Williams y además hacía trekking y acompañaba a turistas en complejos senderos. Su familia explica que en los días posteriores a su hospitalización tenía un trekking a Los Dientes de Navarino con un grupo de norteamericanos. “Le preocupaba estar hospitalizado y no llegar. Eran justamente esas cosas las que lo hicieron feliz”, indicaron.

Al hablar de Patricio, son muchas las historias de entrega desinteresada las que comienzan a surgir y es que siempre luchó por otros, para que puedan ser felices y, en su partida, su familia atesora cada momento, esos vividos sin querer como algo único. Sus hermanos (eran cuatro) recuerdan que un día cuando era joven llegó a la casa sin zapatos.

Ellos al verlo así se asustaron, pensaron que le había pasado algo y, cuando le preguntaron, Patricio explicó que los regaló a una persona que no tenía y estaba descalza. Le replicaron: “Pero, te tuviste que venir sin zapatos” y él simplemente contestó: “Sí, pero yo en la casa tengo zapatos y, aunque están viejitos, me sirven”.

La familia cuenta la historia porque fue un trabajador incansable, pero nunca por dinero, sino que por hacer felices a otros. Una vez necesitaban hacer un trabajo en la casa de uno de los hermanos y “Patito” recomendó a un amigo suyo, quien fue a hacer lo solicitado, pero no dejó que le pagaran con nada. Ahí supieron que Patricio le había dado pescado para que comiera y parte de lo que habían ganado en un “pololito” extra. “El sabía que no tenía y que lo necesitaba”, les dijo.

“Decidimos respetar su
voluntad de ser donante”

La familia reconoce que donar los órganos no fue una decisión fácil. “Como familia, nos sentamos en la mesa. Comenzamos a pensar qué es lo que él hubiese querido, pero siempre uno piensa de manera egoísta y que se vaya como llegó. Nosotros sabíamos que él siempre pensó en el resto antes que en sí mismo. Después, vimos su licencia de conducir y, en la parte de atrás, decía que quería ser donante. Nos volvimos a reunir como familia y decidimos respetar su voluntad, porque sabíamos cómo era él y ahora él vive en más personas”, comenta su hija Dayan.

El grupo familiar llamó a respetar la decisión que cada persona toma en vida de ser donante. “Es un gesto que te hace sentir mejor, porque él está en otras personas y aún vive. Me pongo en el lugar de otras familias, qué pasaría si fuera al revés y si nosotros necesitáramos que alguien llegue con un órgano. Lo que hay que hacer es respetar la voluntad del familiar, aunque no es una decisión fácil”, comentó la hija.