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La historia del ex preso político Carlos Ovando Cárdenas, torturado y relegado en isla Dawson: murió a los 75 años

Por Poly Raín miércoles 26 de septiembre del 2018
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A 17 meses de que un grupo de 21 ex presos políticos presentara una demanda civil por daños y perjuicios en contra del Estado de Chile, dos de ellos han fallecido: en mayo pasado murió el conocido artesano Rodolfo “Talo” Mansilla Taboada, a los 72 años, y este lunes le siguió Carlos Rubén Ovando Cárdenas, quien dejó de existir a los 75 años víctima de un cáncer.

Sus restos comenzaron a ser velados este martes en el salón de Don Bosco, en la esquina de Avenida Bulnes y Maipú, hasta donde han llegado varios de sus compañeros de confinamiento en isla Dawson y de otros centros de detención tras el golpe de Estado en septiembre de 1973.

Ovando Cárdenas era comunista y dirigente sindical de los trabajadores de Enap, al momento de ser detenido por las fuerzas militares. Posteriormente pasó a convertirse en exonerado y preso político. Ya, en libertad, fue miembro de la dirección política clandestina del Partido Comunista en Magallanes, en la época de la dictadura.

El 13 de septiembre de 1973, a las 8 de la mañana, llegó una patrulla naval a su casa, todos vestidos de civil, realizando un allanamiento para encontrarlo, pero él no estaba ahí, pues había dormido en la casa de su madre. El 15 de septiembre es detenido en su lugar de trabajo, en el edificio Enap, en Punta Arenas, por personal del Ejército, siendo conducido al Regimiento Pudeto. Tres días después es interrogado por un sargento que asegura ser de la Fiscalía Militar. En noviembre de 1973 es llevado al conocido “Palacio de la Sonrisa” en Avenida Colón 636, donde es interrogado mediante tortura, aplicándosele electricidad y golpes que le dejan moretones desde el cuello hasta las rodillas. Lo acusan de vigilar los movimientos de los regimientos, en especial el Regimiento de Infantería de Marina Cochrane. Luego de varias horas de sufrimiento, es llevado al Pudeto nuevamente, siendo trasladado a isla Dawson en un barco de la Armada, en diciembre de 1973.

Según su propio relato, en febrero de 1974 es llevado nuevamente al Regimiento Pudeto, donde es alojado en la denominada “ratonera”, en el subsuelo del Casino de Suboficiales. Transcurridos algunos días es informado que debía comparecer ante el Consejo de Guerra, en un juicio que se iniciaría en contra del Partido Comunista, el cual comenzó en abril de 1974, resultando Carlos Ovando condenado a un año de relegación, sin embargo al ser revisada la pena por el intendente de la época César Raúl Benavides, resolvió elevar su condena a 30 meses.

En razón de aquello, es conducido nuevamente a Dawson, siendo alojado en la barraca “Remo”, donde estaban los rematados, es decir ya condenados por la Fiscalía Militar, recibiendo un tratamiento muy duro, siendo aislado del resto de los presos mediante un cerco de alambres de púas con latas de zinc por afuera. Por una puerta recibía comida en baldes de lata. Todas las noches eran formados para cantar canciones militares y el himno nacional. Antes del invierno les obligaron a salir al bosque para juntar leña para calefacción, trabajos forzados que le produjeron un permanente dolor de espalda.

Cuenta que un día un teniente de la Armada entró violentamente a la barraca acusándolos de que tenían una radio, ya que había escuchado música, sin poder convencerlo de que eran sólo dos prisioneros cantando, por lo que hizo un profundo allanamiento. Al no encontrar la radio, hizo sacar todas las etiquetas de los tarros que contenían leche y café, como represalia.

El 25 de septiembre de 1974 es trasladado a la cárcel pública de Punta Arenas, hasta ser liberado el 2 de mayo de 1975, con libertad diaria, pero el 30 de junio siguiente se le suspende, ya que por un error administrativo apareció con el apellido materno cambiado, lo que le significó 45 días sin poder salir. En abril de 1976 se le dio por cumplida su condena.

Entre las secuelas que le generó su paso por centros de tortura y reclusión, se menciona la angustia y ataques de pánico, úlceras provocadas por la desnutrición y estrés, daño en la columna vertebral y pierna izquierda, hipertensión arterial, nerviosismo, múltiples y reiterativas pesadillas de ser sometido a tortura, intranquilidad, insomnio e irritabilidad.

Familia

Ovando vivió por muchos años en Avenida Independencia, próximo a calle 21 de Mayo, donde en la parte baja funcionó el conocido bar El Puerto.

Durante su velatorio, los hijos de su pareja Gladys Fuentes Fuentes, con quien mantuvo una relación a partir de 1994, admitieron en conversación con La Prensa Austral que “ambos se apoyaban mutuamente, viajaron y se entretuvieron harto”. Su madre falleció en 2009, mientras que a comienzos de este año Carlos comenzó a presentar las primeras complicaciones de salud a raíz del cáncer que lo llevó a la tumba.

Carlos Rubén Ovando había nacido en Punta Arenas un 14 de febrero de 1943, hijo de Froilán Ovando Ovando y María Ermelinda Cárdenas Aguila.

Sus funerales se realizarán a partir de las 16,30 horas de hoy, luego de un responso en el Santuario María Auxiliadora Don Bosco. Sus exequias tendrán lugar en el Cementerio Municipal Sara Braun.