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La histórica visita de Fidel Castro hizo que Magallanes acaparara la atención mundial

Por La Prensa Austral domingo 27 de noviembre del 2016

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Junto a Salvador Allende, el dignatario marcó en nuestra región un potente paso, donde su fuerte ideología dejó plasmado el sentir revolucionario y la necesidad de hermanar al pueblo sudamericano.

Dicen que puso sus largas manos en el estrecho de Magallanes para constatar cuán gélidas son sus aguas y que en su reunión con los trabajadores de la Lanera Austral realizó faenas de trabajo.

En tanto, muchos testigos de su paso por esta zona no podrán olvidar cuando, en el balcón de la intendencia, un día de primavera, salió a discursear junto a su anfitrión, el Presidente Salvador Allende.

Pocos saben que para que se verificara la histórica visita de Fidel Castro a Magallanes, el líder cubano debió viajar 40 horas en barco, desde Puerto Montt, siendo recibido con algarabía por la comunidad aquel 21 de noviembre de 1971.
Ya un mes antes de este inédito hecho, la incertidumbre local era extrema. Los trascendidos iban y venían, no teniéndose certeza de cuándo –y si es que era posible- Castro pisaría finalmente suelo magallánico.

Sin embargo, las primeras luces que permitieron disipar las dudas se dieron el domingo 7 de noviembre de ese año, cuando se advirtió el inesperado aterrizaje en la losa del aeropuerto Presidente Carlos Ibáñez del Campo de nuestra ciudad de un avión de la “Cubana de Aviación”, lo que de alguna manera confirmaba entonces la inminente visita de Castro a la zona. Se trató, efectivamente, de una avanzada presidencial de reconocimiento de ruta a la región, previo a la gira preparada para el dignatario a Chile, cuando se cumplía poco más de un año desde que el ex senador Salvador Allende (PS) asumiera la Presidencia de la República, en el mes de septiembre de 1970.

Así como la figura de Fidel Castro dejó una marca indeleble especialmente en Sudamérica, su vida también se unió con Magallanes a raíz de la comentada visita junto a Allende.

Su llegada al país

Así las cosas, la antesala para el esperado encuentro con Magallanes estuvo dada por su arribo a Santiago de Chile, el miércoles 10 de noviembre de 1971, con la idea de permanecer entre 7 y 10 días en el país, para visitar distintas ciudades, hecho que fue confirmado por el Canciller de entonces, Clodomiro Almeyda.

Su llegada a la capital tuvo lugar a las 17 horas y de inmediato el cronómetro comenzó a correr, en función de la nutrida agenda que consideraba, en principio, visitar a los minerales de cobre de El Salvador y Chuquicamata, los yacimientos de carbón de Lota y Coronel, y las ciudades de Antofagasta, Valparaíso, Concepción y, finalmente, nuestra región. Aquél era, en estricto rigor, el primer viaje de Fidel Castro fuera de Cuba, desde 1964.

Pues bien, luego de diversos actos protocolares y de bienvenida en el nivel central y tras recorrer algunas localidades del norte, Castro se aprontaba a iniciar su periplo a nuestra ciudad, el que comenzó el viernes 19 de noviembre, a bordo del destructor “Riveros”, de la Armada Nacional – al mando del capitán de fragata Guillermo Aldoney Hansen-, en compañía del Presidente Allende y diversos personeros de gobierno, con quienes zarpó desde Puerto Montt, para dirigirse a Punta Arenas. La nave se desplazó a razón de 25 nudos de velocidad promedio por los canales del sur y en los sectores de la Angostura Inglesa, Angostura Guía y Paso Shell, la velocidad bajó a 15 nudos, lo que permitió a los viajeros disfrutar de la belleza geográfica de la zona y de los canales australes.

Preparativos

En tanto, el alcalde de la comuna, Evalterio Agüero, ya instruía al departamento de Aseo y Jardines para recibir a los dignatarios con una ciudad ‘aseada’. A su vez, campesinos de la región solicitaban mediante una nota enviada a las autoridades provinciales interceder para que ambos líderes visitaran el centro de Reforma Agraria. Esto último, para darles a conocer el desarrollo alcanzado por este sector.

Seguridad y expectación

Claro está, la seguridad fue un elemento que no se podía obviar en las labores de recepción. Por ello, la intendencia estableció medidas estrictas de protocolo, como fueron el impedir el acceso de personas al muelle, para evitar así cualquier accidente, misma determinación que se tomó para el regreso de ambos líderes, el que se realizó por vía aérea y para lo cual se planificó el corte del tránsito hacia el aeropuerto.

Hoteles copados y
alta presencia mediática

Todo este ambiente englobaba tal nivel de expectación, que los tres principales hoteles de la ciudad tenían copadas sus reservas. Cabe señalar, incluso, que llegó a la ciudad un total de 70 periodistas, principalmente europeos, quienes estaban prestos a entregar el máximo de detalles de este hito histórico en que Magallanes era el centro de la atención mundial. Se desplegó, en tal contexto, un intenso tendido de líneas para posibilitar los despachos vía teléfono de los corresponsales que entregarían entonces las informaciones a sus centrales de Santiago.

En aquella oportunidad, ciudadanos argentinos viajaron desde el sur de ese país específicamente hasta nuestra ciudad, para presenciar estos actos. Es más, hasta cineastas trasandinos bajo la dirección del productor Lautaro Murúa llegaron hasta aquí para filmar un documental.

Cronograma

De este modo, la sazón estaba en la mesa y, finalmente, después de 40 horas de viaje a bordo del buque de guerra, los dignatarios llegaron al muelle Prat, a eso de las 11 horas de aquel domingo 21 de noviembre de 1971.

En el lugar, un destacamento de la Armada rindió los homenajes reglamentarios a la comitiva de 10 personas -cinco chilenos y cinco cubanos- incluidos los dos ministros de Estado que viajaron desde Puerto Montt a Punta Arenas, tras lo cual comenzaba a correr el tiempo para cumplir con el cronograma de actividades, antes del regreso definido para el día 23 de noviembre.
Una vez en suelo magallánico, los honores fueron acompañados con el recibimiento  del ministro de Defensa Nacional y el intendente de la provincia, junto a diversas autoridades militares y de carabineros, además del obispo diocesano, entre otros. De igual modo, un destacamento de la Quinta División de Ejército les rindió honores, acto tras el cual se realizó una recepción en la casa de gobierno.
Luego a las 12,15 horas del domingo, el Mandatario chileno y el símbolo latinoamericano de la resistencia a Estados Unidos, dirigieron desde los balcones de la intendencia unas palabras a la comunidad, que a esa hora se concentró en la plaza Muñoz Gamero. Finalmente y tras un almuerzo privado, las comitivas partieron al centro de producción agrícola Río Verde para conocer la estancia y dialogar con los trabajadores.
Al día siguiente, el lunes 22 de noviembre, Fidel Castro realizó desde las 8 horas una excursión de pesca en Tierra del Fuego, tras lo cual recibió como obsequio junto a Allende, de parte del gobernador Héctor Silva, una punta de flecha fueguina y un juego de boleadoras. El Comandante reconoció tras ese recorrido, que había aprendido a conocer a los trabajadores de Magallanes y se sentía particularmente satisfecho de estar en la singular isla.
Más tarde, participó junto a Allende de una visita a Cerro Sombrero, oportunidad en que se interiorizaron de algunas actividades de la Empresa Nacional del Petróleo (Enap), y donde se reunieron con trabajadores y pobladores del sector. Un almuerzo -al que asistieron alrededor de 600 personas y que fue amenizado por bailes folclóricos- coronó la actividad.

Dejó huella

Cabe señalar que en Punta Arenas, el municipio hizo entrega de un pergamino a Fidel Castro y lo invitó a firmar el Libro de Oro de la Ciudad, en el recinto del muelle. En su discurso y refiriéndose a Magallanes, Castro expresó que existía mucha literatura que hablaba de la zona y de su importancia: “Pero ningún libro habla de esta comunidad de carne y hueso que ha construido industrias, que ha construido para la patria, que ha desarrollado el petróleo, el gas”, consignaba.
Claro está, la presencia de Fidel Castro en la región tuvo un contexto y un significado que no fue indiferente a los magallánicos, para bien o para mal. En su paso por la región, el Comandante quiso conocer aspectos de la tradicional vida hogareña local.
Para ello visitó la casa del diputado Carlos González Yaksic y su esposa Milka, donde bebió una copa del chilenísimo ‘pisco nortino’ y jugó algunos minutos con ‘Carola’, la más pequeña de las hijas del matrimonio. De igual modo, y acompañado de Allende, el Comandante visitó la casa del  vicepresidente ejecutivo de la Cormag, Carlos Sanzi, quien lo recibió junto a su esposa ‘Kika’. Ambos dignatarios estuvieron ahí por largas horas, escucharon discos gallegos y leyeron diarios. Al día siguiente y en un gesto de gran aprecio, Castro llevó a sus atentos anfitriones, una corvina que le fue obsequiada por unos pescadores.

Su despedida

Antes de su partida, Fidel Castro alcanzó a conocer la zona de Manantiales, tras lo cual regresó a eso de las 19 horas a Punta Arenas, sin haber alcanzado a viajar eso sí, a Ultima Esperanza. Todo ello fue el condimento final previo a su adiós definitivo a nuestra zona, lo que tuvo lugar el 23 de noviembre de 1971. Ese día, antes de las 7 de la mañana se puso en movimiento el equipo de seguridad y control que mantenían las autoridades, en espera del traslado de los dignatarios al aeropuerto Presidente Ibáñez.

Fidel Castro tenía la partida programada para las 9 de la mañana, mientras que Salvador Allende lo haría una hora más tarde. Hasta ahí, todo iba bien. Pero durante el trayecto al aeropuerto, la comitiva debió detenerse debido a que 350 trabajadores de Enap bloquearon la ruta a la altura de Bahía Catalina. Fidel Castro salió del automóvil y fue recibido por una ovación que le brindaron los enapinos, quienes lo invitaron a visitar Tres Puentes. El comandante se excuso en dicho momento, aduciendo que tenía que salir lo antes posible rumbo a Santiago, donde debía cumplir con asistir a un almuerzo programado con la Cut.
Una vez en el aeropuerto, fue recibido por autoridades militares encabezadas por el general de brigada Germán Stuardo, instancia en la cual se encontraban presentes importantes personalidades, entre ellas el senador Volodia Teitelboim y Sepúlveda, que también regresaba a la capital.
Aquel mismo día, un grupo de dirigentes políticos de los partidos de la Unidad Popular y una delegación del Partido Comunista daban con carteles y afiches el marco preciso a la despedida del líder revolucionario, quien también fue invitado a pasar a las nuevas secciones del aeropuerto que aún no estaban habilitadas. Todo ello, acompañado de un pisco, para pasar el frío. Antes de iniciar el vuelo, Castro recibió de manos del regidor comunista, Luis Godoy Gómez, un ejemplar de nuestro diario, el que ojeó de inmediato, comentando el título que decía “Alzan pasajes Lan y prometen aviones”.