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Premio Nacional de Medicina 2010 Rodolfo Armas: “La medicina no es para hacer negocio, es un servicio”

Por Cristian Saralegui miércoles 20 de septiembre del 2017

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Bastaron sólo unos minutos el miércoles, en el Auditorio Ernesto Livacic de la Universidad de Magallanes, para que los estudiantes y público en general notaran que no se trataba de una charla común y corriente. En la casi hora y media que el Premio Nacional de Medicina 2010 Rodolfo Armas Merino se dirigió a los futuros médicos de la Umag, prácticamente no hubo distracciones. Su voz pausada denotaba sus 81 años, los que a su vez reflejaron toda la sabiduría acumulada en sus casi medio siglo dedicado a la medicina. Por eso Armas fue uno de los invitados que la Umag y la Pontificia Universidad Católica de Chile presentan en el contexto del ciclo de ponencias del proyecto Centro de Excelencia de Biomedicina de Magallanes (Cebima), que forma parte del Centro Asistencial Docente y de Investigación, Cadi Umag.
Una exposición amena, expresada con un lenguaje académico pero también cercano, como de un sabio que no utiliza oraciones enrevesadas a la hora de difundir conceptos. Sin alzar la voz ni adoptando poses de catedrático, pudiendo hacerlo perfectamente.
Por eso, una de sus primeras sorpresas fue la exposición de la plegaria de Moses Maimonides, médico judío del siglo XII: “Inspírame un gran amor a mi arte y a tus criaturas. No permitas que la sed de ganancias o que la ambición de renombre y admiración echen a perder mi trabajo, pues son enemigas de la verdad y del amor de la humanidad y pueden desviarme del noble deber de atender al bienestar de tus criaturas”.
No podía caber mejor esta oración en un contexto académico y es que, para Armas, inculcar valores en los estudiantes va de la mano con la adquisición de los conocimientos necesarios para la formación de los futuros profesionales.
“La instrucción es cada vez más complicada porque cada vez hay más conocimientos que entregar, cada día hay que saber seleccionar más qué es lo que va a enseñar y lo que no, porque la cantidad de materia es complicada. Y hay cosas que hay que ir dejando para los pos títulos. Si voy a ser un médico general, no tengo por qué aprender las técnicas de cirugía del corazón; si voy a ser un cirujano del corazón mejor eso lo aprendo después que me titule.
“Claramente la carrera de Medicina ya no dura siete años, dura diez. Los primeros siete son para ser médico y los otros tres van hacia la especialización. Esa es la parte instructiva. Pero hay que darle mucha importancia a la formación, a inculcar valores. La medicina no es para hacer negocio, la medicina es un servicio. Y tenemos que tener espíritu de servicio”, recalcó Rodolfo Armas.
Esto, porque el connotado médico, formado en las aulas de la Universidad de Chile, subrayó que “la gente que atendemos en los hospitales es probablemente el 70% más pobre de la población, y ellos van al hospital porque no tiene otra alternativa, y van porque lo necesitan. La acción médica es un servicio, es interesante porque es gente que no está acostumbrada a recibir servicio, a menos que lo pague, y la clientela de hospital no paga, porque no tiene con qué pagar. De manera que es un servicio, el trabajo médico. Hay que tener claro de que si el Estado a uno lo está formando, es para que el servicio no sea para algunos, sino para todos. No tiene por qué ser para los más ricos o para los que nos paguen mejor, no tiene por qué ser para los que no tienen necesidad. La medicina tiene que cubrir a las zonas rurales, a los pobres, a los extranjeros; a toda la población, y el servicio nuestro tiene que estar dispuesto a llegar a toda la población. A mí nunca me enseñaron eso, vi que lo hacían otros, pero con el tiempo lo he ido aprendiendo cada vez más”.
Rodolfo Armas volvió sobre esta enfermedad que ataca a la Medicina: el mercantilismo. “La medicina se ha ido transformando en un negocio para mucha gente: negocio en las clínicas, en las empresas de seguro, las isapres, todo el mundo cobra, mucha gente gana, bueno, hay que estar ojo al charqui con eso, porque no vaya a ser que no paguen lo mismo y que piense que su profesión de medicina es para hacerse rico y tener muy buena situación. Hay que tener una situación razonable, vivir bien, pero no pretender hacerse rico. Y eso es perfectamente posible. Yo he trabajado en una clínica privada siempre, desde hace muchísimos años, media jornada, y otra media jornada en el hospital. La realidad es completamente distinta; en un lugar trabajaba con calefacción y en otro, no; en un hospital trabajaba con gente con la que uno conversa muy bien porque es más o menos del mismo grupo social y económico y en otro, con gente mucho más modesta. Pero yo lo usaba como un complemento, porque el segundo me pagaba para poder trabajar mejor para el que no pagaba, en las mañanas”, explicó. Sin embargo, para él, los enfermos requieren la misma atención, sea donde sea.
“Hay que entregar el sentido de respeto hacia la persona enferma, y eso no se aprende en los libros. Cuando el profesor pasaba la visita por las salas de enfermos y veía a uno muy mal, le decía lo que se podía hacer de tratamiento, se planteaban las dudas, se movía uno con cuidado con lo que decía y hacía, para no asustar al enfermo y darle malas noticias. Pero no había ninguna razón para no darle una palabra de consuelo, de esperanza: ‘Vendrán tratamientos nuevos’, ‘Lo suyo va a mejorar’, ‘Lo suyo se puede estabilizar’; entonces no es solamente el servicio sino el consuelo, el trato respetuoso. ¿Quién le va a enseñar a uno todo eso? Porque esto no es cuestión de clases. Le van a enseñar los modelos. Y las universidades tienen que formar a los modelos”.
Consultado sobre la tendencia actual, en la que no pocos pacientes reclaman por los tratos que han recibido de parte de los médicos, Rodolfo Armas indica: “Creo que hay un problema grave en eso y que hay que enseñarle a los estudiantes de Medicina que hay que tener cuidado en no caer en malas actitudes. Estamos en una época muy mercantilista. Piense usted que en medicina va a ganar dinero el doctor, la clínica, la industria farmacéutica, la isapre, la empresa que vende el instrumental; hay mucha gente detrás del dinero del enfermo y la pregunta es: ‘Y a todo esto, ¿el enfermo qué es?’ Está ahí, es una persona y lo que necesita es confianza, consuelo, sonrisa, amistad, y que no obstante sus limitaciones económicas, puede tener acceso a esto. El médico tiene la obligación de mirar sus conductas propias y del entorno”, recomendó.
– Con respecto a la formación de los estudiantes que se incorporan a los campos clínicos, ¿ha podido conocer la realidad que hay en Magallanes y la vinculación de la universidad con el hospital?
– “No me ha sorprendido porque aquí no hay alternativa. El hospital no puede salir a buscar otra universidad que le pague mejor, no hay. Ha habido establecimientos y hospitales que han hecho verdaderas licitaciones y aquella universidad que más le paga, se queda con el campo clínico. Y creo que la universidad debe pagar, en parte, el campo clínico. Si la universidad cobra por formar, debe pagar por su campo clínico, pero creo que ese asunto no es comercial, no va a suplir la deficiencia del hospital lo que le va a pagar la universidad. Y lo otro que hay que entender es que las universidades están formando los médicos que el país necesita, la universidad está formando los médicos que los hospitales necesitan, o sea, no nos veamos la suerte entre gitanos, lo que uno quiere ganar del otro”.
Otro de los temas que Rodolfo Armas planteó, pero en su charla en el Hospital Clínico, el jueves, fue sobre errores médicos, que son muchos más amplios que hablar de simple negligencia.
“Según estudios del hospital John Hopkins que es una escuela de salud pública muy buena, en Estados Unidos la primera causa de muerte son por enfermedades cardiovasculares, después el cáncer y de ahí los errores en medicina. En Chile no sabemos, porque le puedo hacer un certificado de defunción y poner que tuvo un infarto, una hemorragia digestiva, que son cosas que ocurren, pero no puedo poner que fue por un error en medicina, sino que se intoxicó con algo, es difícil”.
– ¿Cuáles son las patologías que cree que es necesario tener más en consideración?
– “Es que depende del punto de vista. Si uno le hinca el diente a las que más matan, debe preocuparse de las cardiovasculares, la diabetes, obesidad e hipertensión; todas esas van amarradas. Hay que hincarle el diente a las que más matan, y también a las que tienen más visibilidad. Los enfermos tienen su visibilidad, no quiere que se noten”.