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  • Matilde Cárdenas Santana

La presencia del prócer uruguayo José Artigas en Punta Arenas

Por La Prensa Austral viernes 15 de marzo del 2019

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Por Israel Navarro Andrade, estudiante de Licenciatura en Historia de la Universidad Austral de Chile

Para nadie es desconocido lo bien adornado que se encuentran las diferentes calles y avenidas de nuestra ciudad con monumentos, bustos y demás reconocimientos a diferentes personajes o grupos relacionados con la independencia nacional, la inmigración, los pioneros, el arte, etc. Si bien, la mayoría de estos reconocimientos en piedra y metal están relacionados con personas que tienen alguna relación con hechos nacionales y locales, hay un busto que al momento de recorrer la ciudad me llamó profundamente la atención. El busto al cual me refiero está ubicado en las intersecciones de las avenidas España y Colón, y es nada más y nada menos que el héroe uruguayo José Gervasio Artigas (1764-1850), muchos al verlo se preguntarán ¿Cuál es la relación entre nuestra ciudad y el prócer oriental?

Lo cierto es que la relación del prócer uruguayo con nuestra ciudad se limita a más que nada un homenaje por parte de la comunidad uruguaya residente en Punta Arenas, cuya inauguración fue en 1990. Pero que este reconocimiento no sea una limitante para creer que el busto de bronce sobre un monolito, que se encuentra en un estado vergonzoso de mantención, no signifique que no se pueda apreciar la grandeza del personaje al cual representa este monumento. Vale la pena preguntar, ¿sabrá la gente que pasa por esta intersección la relevancia histórica que significa tener un busto de José Gervasio Artigas en nuestra ciudad? Un prócer que para millones de personas significa un verdadero héroe, un revolucionario, un visionario, que fue abruptamente interrumpido cuando fue enviado al exilio a Paraguay en 1819, pero que su legado sigue siendo apreciado en el pequeño país oriental.

Artigas, “el general de los sencillos”, un nombre que quizás para muchos les suene menos que O’Higgins, San Martín o Bolívar pero que al igual que estas figuras históricas, el papel de este militar y estadista rioplatense en el periodo independentista de los estados latinoamericanos fue de una significativa relevancia. El recuerdo de su obra se debe a lo rupturista que fue para su época, desarrollando por ejemplo, la primera reforma agraria en nuestro continente, mucho antes que Zapata y el Presidente estadounidense Abraham Lincoln. En 1911, la Banda Oriental se levantó contra el imperio español, con Artigas a la cabeza, uniéndose a su paso gauchos, peones rurales, arrieros, negros esclavos y libres, mestizos, indígenas y mujeres; una unión del mundo popular que se levantó contra la colonización española, que solamente se había dedicado a empobrecer a la población local. Sus ideales federalistas lo llevaron finalmente a un enfrentamiento con los porteños aristócratas de Buenos Aires que poseían una idea más centralista, chocando con las reformas artiguistas de brindar autonomía a los estados platenses con una capital fuera de Buenos Aires, buscando que se brinde la igualdad civil y religiosa para todos los ciudadanos. El rompimiento de las relaciones con la capital porteña fue lo que llevó al enfrentamiento final de Artigas, siendo declarado en 1814 como un “traidor a la patria” y estableciendo un precio por su cabeza. Tras una larga persecución, luchas y traiciones, Artigas fue finalmente derrotado y no tuvo más opciones que ir al exilio a Paraguay, más específico en una aldea selvática llamada Curuguaty, en donde vivió sus últimos años en una chacra modesta, rodeado de indígenas guaraníes que lo apodaron como “carai marangatú” (padre de los pobres). Aquí permaneció acallado hasta su muerte en 1850 a la avanzada edad de 86 años.

El busto que representa la figura de Artigas cuando lo observamos desde el obelisco que se emplaza en la misma intersección (que también tiene relación con la comunidad uruguaya), pareciera que representa a la parte final de la vida misma del prócer. La misma placa dice “héroe del Uruguay”, pero de cierta forma pareciera que está solo, rodeado de longevos árboles, levantado sobre una helada piedra y separado por una calle que los desune con el vistoso “Obelisco uruguayo” que representa a su nación. Un héroe reconocido por su patria, admirado por su visión revolucionaria para la época, pero que se quedó solo, fuera del territorio que tanto amó, sin un caballo (reconocimiento a aquellos héroes vencedores), y sobre todo sin voz, sin una frase que enaltezca su discurso. Reconocido pero mudo, como lo fue en la dictadura de aquel país, ya que si usaban sus frases podría ser un sujeto peligroso para el régimen, esto a pesar de estar muerto; como diría Eduardo Galeano en “la independencia es otro nombre de la dignidad” (2011): “con tantos vivos que hablan sin decir, en nuestras tierras hay muertos que dicen callando”.