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La rueda en la historia de Magallanes

Por La Prensa Austral sábado 30 de abril del 2016

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Para 1906 se registraron tres fábricas de carruajes o “carrocerías” como eran conocidas, cantidad que en el curso de los años 10 subió a cinco establecimientos

El hombre siempre ha cargado sobre sus hombros o con sus manos, objetos diversos, pero su capacidad de fuerza es muy limitada. Sus condiciones de vida se aliviaron grandemente cuando hace milenios comenzó a domesticar animales para utilizarlos como fuente de alimentación (vacunos, cerdos, aves, etc.) o como medios de trabajo (bueyes, caballos, mulos, y otros). La domesticación de vacunos es de hace 8.500 años, y de caballos de hace 6.000 años. Los animales de labor se emplean para la monta directa, la carga a lomo de productos, o como fuente energética para halar vehículos de transporte o máquinas agrícolas. Cuando los objetos son demasiado pesados para transportarlos cargando con ellos, su traslado por tierra se convierte en un problema. Aunque el terreno sea completamente llano, se produce una considerable fricción sí es arenoso, pedregoso o herboso. Al principio, los objetos pesados debían arrastrarse en trineos, impulsándolos por la fuerza bruta. Incluso cuando se utilizaron animales más fuertes que el hombre (los bueyes, por ejemplo), la marcha era lenta.

Pero, afortunadamente, se inventó la rueda. Los primeros en usar la rueda fueron probablemente los alfareros mesopotámicos, quienes, hacia 3.500 A.C., elaboraban vasijas en mesas giratorias. Unos 250 años después, las carretas ya contaban con sólidas ruedas de madera. Las primeras ruedas de vehículo consistían en dos o tres tablas cortadas para formar un disco, unidas con travesaños de madera o cobre. Se fijaban con chavetas en los extremos del eje. Las ruedas con rayos, más ligeras, surgieron hacia 2000 A.C. Los rayos partían desde el centro y se mantenían fijos a un borde de madera hecho de una sola pieza.

La invención de la rueda, y, por consiguiente, la utilización del carro, precede al inicio de dos grandes transformaciones: en primer lugar, la domesticación definitiva del caballo Al principio se aplicó al caballo un yugo idéntico al que se utilizaba para los bueyes, cuya domesticación data de tiempos anteriores.

Fábricas de carruajes en Magallanes

Viejas fotografías de Magallanes y antiguos  armatostes expuestos en el Museo del Recuerdo, del Instituto de la Patagonia, nos muestran los vehículos pioneros que se usaron en la región, tanto en la zona urbana como en la rural.

La historia dice que las fábricas de carruajes se instalaron en la ciudad de Punta Arenas para facilitar el desplazamiento de personas y cargas con sus trineos y carros, según la estación climática.

Esta rama de la industria fue una de las actividades surgidas tempranamente en el transcurso del período colonial en la región. Naturalmente ella conformó una respuesta satisfactoria a la demanda provocada por la imprescindible necesidad de contar en el extenso territorio magallánico con medios de transporte, de manera particular en las zonas rurales donde se hallaba en pleno desarrollo el proceso de ocupación colonizadora. De allí que los requerimientos de vehículos de carga fueran sostenidos y crecientes, en especial los carros livianos de desplazamiento rápido y las grandes carretas para el traslado a puertos o caletas de los productos de las diferentes estancias desperdigadas por la Patagonia y la Tierra del Fuego.

Instaladas probablemente durante la segunda mitad de la década final del siglo XIX, para 1906 se registraron tres fábricas de carruajes o “carrocerías” como eran conocidas, cantidad que en el curso de los años 10 subió a cinco establecimientos. De ellos los que ganaron nombradía por la calidad de su producción fueron la Carrocería “La industrial” de Grimaldi Hnos. y Cía., y la Carrocería “La Pampa” de Albert Fleury. La producción de este ramo fabril era variada: coches de paseo, carros livianos mixtos de pasajeros y carga, carretones (chatas) de carga de dos y cuatro ruedas de tiro caballar para usos urbano y rural, carromatos especiales de uso mercantil (reparto de carne, pan, leche), carretas de diferente tamaño tiradas por bueyes para cargas pesadas, en fin. Sin embargo, de ser la madera el material básico de fabricación, cada establecimiento poseía su propia sección de herrería para la elaboración de llantas para ruedas y diferentes clases de herrajes y pernerías utilizados en los vehículos.

De esta manera, en la región se utilizaron una serie de vehículos, de acuerdo al uso que se les daba.

Desde muy antiguo y debido al clima de la región, se utilizó el trineo, pequeño remolque que en vez de ruedas tiene dos piezas a modo de patines deslizantes. Se empleaba para transporte sobre nieve o hielo de personas y otras cargas. Era tirado por bueyes en el sector rural y por caballares en la ciudad.

Luego vino la carreta, construida por lo regular de madera, de un eje, con dos ruedas grandes cubiertas en su periferia con una planchuela gruesa de metal. En la época colonial se usaron las carretas “chanchas”, cuyas ruedas eran de una sola pieza de madera, sin rayos. Este tipo de vehículo era tirado por bueyes.

El carretón, era también de madera con ruedas con rayos, los que también fueron reemplazados por unas de caucho, obtenidas de algún vehículo en desarme. Eran tirados por caballares o mulares. Este tipo de movilización se utilizó especialmente para la distribución del pan y  la leche.

En las estancias

En las estancias, se usaron tropas de carretas, que iban en caravana, para el acarreo de la lana y cuando era muy fuerte la producción, se utilizaron los carros abiertos de dos y cuatro ruedas, conocidos como chatas, las cuales  Eran arrastradas por 10 ó 12 caballos en épocas de buenos tiempos, pero cuando llovía, llegaban hasta16. También se usaron carros vareros, de unos cuatro metros de largo y dos de alto, de dos ruedas. Servían  para el acarreo de cereales, lanas y toda clase de cargas. Era tirado por un caballo varero, dos balancines y tres cadeneros.

Para el acarreo de vinos en toneles, cerveza y licores varios, en el sector portuario los productos eran acarreados por carretas. Así lo demuestra uno de los dibujo de Theodor Ohlsen  donde se aprecian carretas chanchas en el sector portuario.

Asimismo, son famosos los carreros que retiraban la basura, en vehículos tirados por mulas, animales que ponían a pastar en un sitio donde hoy se ubica el antiguo hospital regional y los abrómicos que retiraban los toneles de los WC domiciliarios.

Asimismo los pedruzcos que se usaron para el empedrado de las calles, fueron acarreados desde el río por carreteros chilotes.

En algunas calles de Punta Arenas, existían algunos abrevaderos para dar agua a los animales.

Un libro del natalino Romedil Biterclich, habla de lo famosos que fueron los carreros de Puerto Natales, que acarreaban leña para la ciudad desde el sector de Dorotea.

Distintas fotografías de la época, ilustran la historia con estos vehículos pioneros que trasladaron los productos regionales y a las personas en la ciudad y visitas ilustres que llegaban a la región.

Se dice que el Presidente Carlos Ibáñez del Campo, hizo un gran discurso en Punta Arenas desde una carreta tirada por bueyes.

De esta manera, se definían los vehículos en cuestión:

Carreta, para bueyes incluyendo la carreta chancha.

Coche para transporte de personas, podrían denominarse trineos, sulkis o guayín de montaña y victoria.

Luego, estaban los carros para el transporte de carga, como los carros lecheros y panaderos, licores, y cargas varias; carros vareros para cereales y lana; y las chatas,  de cuatro ruedas, especialmente dedicadas al acarreo de lana.

La carreta aún no muere

La carreta ya no sirve a los fines comerciales de quienes en el pasado le rindieron pleitesía y supieron de sus beneficios. Hoy sólo se le mira como un trasto viejo que es necesario desterrar de los caminos; pero algunas faenas campesinas aún reclaman su presencia y es seguro que en más de algún lugar recóndito de la región la seguiremos viendo entregada al trabajo. Allí seguirá noblemente buscando un destino incierto que la está llevando poco a poco a ser considerara solo una pieza de museo.

Las carretas, carros y coches declinan su lento andar, como al paso cansino de dos bueyes sin destino, buscando un fin cercano, lo que se retrata en los sentidos versos dedicados a la carreta por el poeta Manuel Magallanes Moure:

Por el camino interminable y blanco/bajo el fuego del sol; por el camino/que los vetustos álamos protegen/con sus ramajes largamente erguidos/va la carreta dando tumbos/y rechinando, como un monstruo herido/que fuera lentamente, lentamente/arrastrando a lo largo del camino/ el enorme dolor de la agonía.