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La silenciosa amenaza del hígado graso

Por La Prensa Austral lunes 3 de febrero del 2020

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Se estima que una de cada cuatro personas tiene el hígado graso en Chile, aunque muchas veces ellas no son conscientes de la enfermedad o de las graves consecuencias que puede tener esta afección. Esto, debido a que quienes lo padecen no presentan síntomas hasta que la enfermedad evoluciona, así esta patología es una amenaza silenciosa que, cuando no es debidamente tratada, puede derivar en cirrosis y en casos extremos requerir de un trasplante de hígado o en el más pesimista de los escenarios, contraer cáncer.

El cirujano digestivo del Hospital Clínico de Magallanes, Alejandro Altamirano, explicó que el hígado graso es una acumulación anómala de grasa dentro de las células del hígado. “Estudios realizados en Chile, permiten estimar que un 25% de las personas tiene hígado graso”, añade el especialista.

El médico advierte que existen factores de riesgo que hacen que una persona sea más propensa a tener hígado graso, entre ellos el sobrepeso y la obesidad, en donde Magallanes tiene las tasas más altas del país. Otro factor de riesgo tiene que ver con la diabetes o las patologías vinculadas a la insulina (en la región, son alrededor de 9.000 personas las que se controlan por diabetes), o los estados de prediabetes. También el alcohol es otro de los factores de riesgo.

“Las complicaciones que tiene el hígado graso no alcohólico es que con el tiempo se produce una inflamación crónica del hígado esteatohepatitis no alcohólica que en un 20% con los años llega a transformarse en cirrosis hepática”, indicó el especialista.

Las pruebas más frecuentes para pesquisar un hígado graso no alcohólico son el perfil hepático y la ecografía abdominal. Pero al no presentar síntomas, deben darse ciertas condiciones para sospechar que hay enfermedad.

“Un perfil hepático puede mostrar un nivel aumentado de transaminasas (enzimas que produce el hígado), lo que sin duda debe llamar la atención, en el contexto de un paciente mayor de 45 años con síndrome metabólico”, detalla. Lamentablemente, se calcula que la mitad de los pacientes pueden tener las pruebas hepáticas normales. La cirrosis y el cáncer también suelen ser silenciosos.

Cáncer de hígado

Por su lado, el doctor Edmundo Aravena, gastroenterólogo hepatólogo de la Fundación Arturo López Pérez, explicó que la etapa más simple del hígado graso es la esteatosis hepática, que corresponde a la mayoría de los casos y que se puede tratar mejorando los hábitos de nutrición. Luego, existe una condición más agresiva, la esteatohepatitis no alcohólica, en que el órgano ya no sólo presenta exceso de grasa, sino que también inflamación y daño celular.

“Aunque uno tenga un hígado graso simple, igual está el síndrome metabólico de base y eso hay que tratarlo para que no empeore. En la esteatohepatitis no alcohólica, el daño celular lleva a la formación de cicatrices. En ese punto, la enfermedad se puede tratar para intentar revertirla, ese es el objetivo, pero no podemos prometer a los pacientes que siempre será así”, explica el especialista.

La progresión de esta patología tiene como siguiente eslabón la cirrosis, daño crónico generado con el paso de los años, en que cicatrices se han ido apoderando del hígado y el tejido funcional disminuye. Entre los factores que la originan se cuentan, además, el consumo de alcohol y las infecciones por virus de la hepatitis B y C, y enfermedades inmunológicas.

“Toda cirrosis conlleva riesgo de desarrollar cáncer hepático, es el factor principal para la mayoría de los casos. Hay factores que causan más cirrosis que otros, como el alcohol y las hepatitis virales… A veces se puede desarrollar en ausencia de cirrosis. Los pacientes pueden estar en etapas previas e igualmente desarrollar un tumor. Por eso, quienes son diagnosticados con esteatohepatitis no alcohólica deben ser vigilados por un especialista, son pacientes de riesgo y debemos pensar que podrían desarrollar cáncer, sin estar esperando la cirrosis”, remarca el especialista.