Necrológicas

Los Mora, fútbol de barrio en su máxima expresión

Por La Prensa Austral martes 1 de octubre del 2019

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Patricio, Juan y José destacaron en distintas series

Desde la escuela de fútbol de Mario Galindo, el paso por clubes de las asociaciones Punta Arenas, Barrio Sur y 18 de Septiembre, hasta continuar jugando en las series seniors, han significado que esta familia haya crecido junto a una cancha de fútbol

Son de la época en que los niños vivían jugando fútbol en la calle, cuando no importaba la hora, ni las rodillas y codos rasmillados, ni la ropa y el pelo lleno de tierra. Cuando las pichangas se extendían hasta la madrugada y las zapatillas quedaban rotas. Una época que ahora parece impensable, con niños más hábiles con el Playstation que con la pelota en los pies, esa misma pelota que ahora fue reemplazada por el celular.

Pero ese el fútbol de barrio descrito al principio es el que vivieron los Mora. José René Mora y María Lidia Trujillo llegaron a Punta Arenas desde Ancud, y en Punta Arenas criaron a sus tres hijos: Patricio, nacido el 16 de marzo de 1973; Juan (17 de octubre de 1974) y José (20 de noviembre de 1982). Patricio recuerda que sus primeros pasos futbolísticos los dio en el barrio.

“En la población Santos Mardones teníamos un equipo y un caballero con las edades empezó a hacer series. Empezamos en el Club Balmaceda, después llegaron las escuelas de fútbol de Parenazón que dirigía el ‘Negro’ Ahumada; después la escuela de Mario Galindo y cuando llegó con Juan Soto y Hernán Herrera, que también habían pasado por el fútbol profesional, ahí ya fue la primera escuela seria, que se hacía en el antiguo gimnasio de la Confederación. Ahí estaban prácticamente todas las series, de las más chicas, teníamos 7 años cuando empezamos. Los que estamos entre los 42 y 48 años, pasamos por esa escuela, generalmente, los futbolistas reconocidos de la zona pasamos por ahí”

Cuando tenía 9 años, Patricio comenzó a jugar en el recordado club Dima “con Lorenzo Alvarado, que era el dueño, de la agrupación de industriales. Hicimos hasta juvenil y de ahí pasamos a adultos. Estábamos en series distintas, yo siempre iba una serie más arriba, pero como duraban dos años, siempre había una en que nos juntábamos, y alcanzábamos a jugar un año juntos con Juan. Yo era delantero y Juan en ese tiempo era central, después pasó del medio hacia atrás. Fue la única vez que fuimos campeones en el Dima, cuando se jugaba en la cancha abandonada del Fiscal, donde ahora está el gimnasio nuevo, pura cancha de tierra. Salimos campeones en tercera, segunda, primera y en juveniles, como no tenía Dima, seguimos a adulto. En ese tiempo Dima estaba en segunda división”.

Juan aprovecha una pausa en el relato de su hermano y menciona que “era un proceso diferente al de ahora. Cuando subíamos, yo debuté rápidamente en el primer equipo, pero tenías que entrenar muchísimo para sacar del puesto a un histórico. Ahora es fácil para los chicos debutar en el primer equipo. El proceso fue bastante entretenido”.

Después de jugar en Dima, Patricio pasó a Río Seco, que también estaba en segunda. “Era un equipo de barrio que fue a la Asociación. Ahí estuvieron un par de años, se reforzaron, porque el objetivo siempre fue subir. Después ascendimos, y me fui a Río de la Mano, al Barrio Sur, de ahí nos volvimos a encontrar con Juan en Río Seco. Estuvimos un año juntos de adultos y después pasé al Club Chile, donde estuve una temporada, salimos campeones y me fui a ‘la 18’, en Palestino, donde terminé, con la suerte de salir campeón. Eso habrá sido en 2009”.

Pero ese no fue el fin de la carrera futbolística de Patricio Mora, ya que “después pasé a la agrupación de futbolito. También me fui a Barrio Sur a jugar por los seniors, porque empezó a haber nacionales, eliminatorias. Jugamos por Estrella del Sur, salimos campeones, fuimos al nacional en Conce, por los 35 hacia arriba. Actualmente estoy en Super Senior, a los 36 años pasé al Prat y hace dos años pasé a Sporting Cristal, ahí estamos pasándolo bien”.

Juan, en tanto, resume su trayectoria indicando que “del Dima pasé a Río Seco, donde coincidimos con mi hermano un año entero, de ahí me fui a Prat, donde estuve unos tres años. Pasé después a Cosal, donde también permanecí varias temporadas. Ahí terminaron, posiblemente, mis ansias de seguir trabajando tanto para lograr objetivos. Después quise seguir pasándolo lo mejor que se pudiera, me fui a jugar a Río de la Mano con mi hermano menor, José, y de ahí volví al Prat, más para estar con mis amigos y retirarme. Lo pasé genial, ganamos hartas cosas, tengo muchos buenos amigos, tanto jugadores como personas que antes llenaban los estadios. Antiguamente se vivía de otra manera el fútbol”, cuenta con nostalgia.

Desencanto

Juan Mora reconoce que la época actual del fútbol no le agrada del todo. “Ha cambiado mucho, el hecho que a la juventud los clubes les hagan tan fácil la llegada a los primeros equipos o que hoy se les pague a todos, ha mermado las ganas de jugar por el cariño de la camiseta o por el esfuerzo de eso. Hoy uno va al estadio y se ve muy poca gente. Antes los comunales, uno iba a jugar a la 18 y en la Bombonera no había dónde sentarse. Lo mismo en el Barrio Sur o el Fiscal. Había una linda rivalidad deportiva”.

Y pese a que se pueda pensar que en este fútbol todo era más “al lote”, para Juan Mora, eso no es así, pues “entrenábamos cinco veces a la semana más el partido, pero teníamos una preocupación, en el último tiempo que estuvimos con el cabezón ‘Manolo’ Cárdenas, prácticamente éramos semi profesional. Y después era más táctico. Desde hace unos 8-9 años que no juego competitivamente y actualmente dirijo la segunda infantil del Club Deportivo Soccer, los traigo desde cuarta, desde los 7 años. Hoy vivo el fútbol de otra manera, quizás tratando de cambiar lo que se ha perdido, ese cariño a la camiseta, tratando de entregar lo que uno vivió, más allá de que todos buscan lograr ser profesional, o tener una oportunidad, buscamos que sean buenas personas. Con mis hermanos, hemos tenido muchas amistades ligados al fútbol y eso es lo que queda después”, recalca.

Patricio, en tanto, también tuvo su paso por la banca: “Dirigí hace un par de años la serie 43 de la selección de la 18, estuve de ayudante técnico con la sub 17 hace dos años; el año pasado dirigí a Palestino, que había entrado en receso y para salvarlo de la situación entrené al primer equipo. Los que somos más viejos tenemos otra manera de vivir el fútbol, distinta a la que se ver actualmente”.

Sin embargo, el recuerdo más grato que comparten es cuando coincidieron los tres hermanos en un Nacional, en el que ganaron el torneo Laboral y viajaron a Quellón. “Fue cuando recién comenzaron a salir los campeonatos nacionales y eran pocos los que lograban cosas afuera. Los Choris habían sido los únicos, donde participó mi hermano, que estaba lo mejor del balompié regional, en futsal, baby”.

Pero también hay recuerdos menos gratos, aunque con el tiempo, lo cuentan con humor. “Antiguamente siempre había problemas con todos, cuando jugábamos en la Liga Popular, abajo, en el puente, que antes era pura tierra, ahí la gente bebía en las orillas, hacían parrilladas y cuando empezamos, te tocaba jugar contra gente muy adulta, que venía de campos, faenas, esquila, la pesca, y había de todo. Se provocaban roces, discusiones, peleas”, describió Patricio, a lo que su hermano Juan agregó que “eran los famosos torneos donde el primer lugar era un cordero, una vaquilla”. Ahí se entusiasma Patricio, que indicó que “cuando pasaba más de lo normal, algunos se picaban y te salían persiguiendo por la Frei, el fútbol era muy pasional y había de todo, y llegábamos de todas las asociaciones, Barrio Sur, 18, Punta Arenas, todos llegábamos a jugar al ‘hoyo’ como se le decía”.

Juan estima que “por eso creo que se ha mantenido arriba la Liga Popular, la misma gente ha cuidado este tesoro de tiempo, hoy está todo mucho más lindo, pero creo que hay que reconocer el trabajo de mucha gente, algunos ya no están, pero que sigan el legado que dejaron, de tener una estructura fenomenal”.

Ese sentido de sacrificio fue el que vivieron desde muy niños, porque como apunta Patricio, “uno siempre anduvo más en la calle, en el sentido de que tú veías en los años 81-82-83-84, los niños en las vacaciones jugaban hasta la una de la mañana frente a su casa, en el pasaje veías 15-20 niños jugando fútbol, voleibol, a la mancha, al tómbol, y eso te daba un plus porque compartías con niños de muchas edades y uno crecía más rápido. En cambio los niños ahora son más regalones, más en una burbuja, los cuidas más y no es la misma sensación, al menos es lo que uno aprecia de afuera”.

Sin embargo, el hijo de Juan, Liam, está empezando a destacar en el fútbol. Estudiante de segundo medio en el Liceo San José, ya ha sido seleccionado de la región y ahora se prepara para los juegos de la Araucanía. Al respeco, su padre destaca que “ha tenido un recorrido bastante interesante a su corta edad. A nivel escolar ha estado en Sudamericano, en Perú y a nivel de asociación ha estado en selecciones, ahora está en el proceso de la Araucanía, donde hay niños dos años mayores que él, pero le gusta mucho y como todos los niños, espera tener su oportunidad”. Con orgullo añade que “lo del Sudamericano fue muy lindo, cantando el himno nacional en medio de la cancha. Hubiese sido bonito haber vivido eso y ellos, a su corta edad ya lo han vivido”.

Liam recalca que ha aprendido mucho de las experiencias de su padre. “Comencé a los 8 años, él me enseñó a jugar, he estado toda mi vida en Soccer y por el San José. Primero partí de defensa, pero me están buscando la posición, me gusta jugar de 6, como mi papá. Fuimos toda la familia a Perú, salimos cuartos, fue una experiencia única, impresionante, quedamos en un hotel cinco estrellas, conviviendo con las otras delegaciones. Mi sueño es ser futbolista profesional, partir al norte. El año pasado fui a la Universidad de Chile, pero no quedé. Estaba pensando ir a Wanderers o Huachipato”, indicó Liam, que tiene un hermano mayor, Michel.

En cuanto a Patricio, su hija Francesca partió en gimnasia rítmica y atletismo, pero no siguió, y el más pequeño, Vicente, a sus seis años ya lo acompaña a la cancha, tratando de prolongar ese legado de fútbol de barrio que los Mora incubaron desde cabros.