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Madre explica la lucha que enfrentó para dar con un tratamiento médico para su hijo alérgico alimentario

Por La Prensa Austral domingo 19 de noviembre del 2017

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– El bebé de un año necesita una leche alemana, que no se vende en Magallanes y que sólo está disponible en una farmacia capitalina.

La falta de especialistas fue la principal barrera que debió sortear Marta Acuña Núñez, para dar con el tratamiento médico que necesitaba su hijo Alonso Miranda Acuña, de un año. El bebé es alérgico alimentario severo, por eso fue tratado con médicos de Porvenir, de Punta Arenas, además de especialistas de la Región Metropolitana.

Fue una prueba médica realizada en Santiago la que reveló que todos los alimentos, incluida la leche materna, le provocaban la reacción alérgica severa, así que en la actualidad depende de una alimentación muy estricta y de una leche que sólo se vende en Santiago.

Marta Acuña recordó que desde que nació su pequeño hijo, el 6 octubre de 2016 en la Clínica Magallanes, se quejaba con mucha frecuencia. “Alonso siempre tuvo sus controles al día, pero el diagnóstico fue complejo en llegar y golpeamos muchas puertas. Siempre fue muy quejumbroso, así que acudí a la consulta del pediatra y le comenté los síntomas de mi hijo. El me recetó Flapex (para los gases) y cambio de leche en tres oportunidades, pero no tuvo mejoría con el tratamiento indicado por el médico”, explicó la madre.

Marta y su familia viven en Porvenir, de manera que las primeras consultas médicas de su hijo se realizaron en dicha comuna. Sin un diagnóstico y con su condición agravándose viajaron a Punta Arenas y luego llegaron a Santiago en búsqueda de una definición médica y tratamiento.

Cuando Alonso cumplió seis meses, comenzó a empeorar, las ronchas ya no eran sólo en la guatita, sino que las tenía en otras zonas de su cuerpo y en las noches no dormía nada y sus progenitores tampoco. Fue un proceso difícil sobre todo porque seguían sin un diagnóstico acertado y no sabían cómo ayudar a su pequeño hijo, siendo además padres primerizos.

“Ahí comenzó el caos, los cólicos fueron en aumento, al igual que la diarrea. Vuelvo a tener comunicación con el pediatra vía e-mail para poder aliviar el malestar de mi hijo. Además, él tenía bronquitis reiteradas y se ahogaba, pero, desde mi ignorancia, nunca imaginé que podía ser una alergia alimentaria. Así consulte con seis médicos diferentes”, comentó la mamá recordando la travesía que debió enfrentar para dar con el tratamiento adecuado.

Fue en este contexto donde consiguió una hora con el médico Jorge Linz, el cual pidió realizar exámenes (orina, sangre, ecografías). Los test que detectan sangre oculta en las deposiciones dieron positivo y ese es un claro indicio de alergia alimentaria o alergia a la proteína a la leche de vaca. “Cuando regresé a su siguiente control con los resultados, el profesional me preguntó si había visto algún gastroenterólogo y le indiqué que sí, que, según su recomendación, llevaba dos meses sin consumo de leche y sus derivados. El médico me dijo, entonces: ‘Tu hijo no es alérgico’. Con el pasar del tiempo, tuvo control nuevamente y su diagnóstico fue trastorno del sueño”, comentó Marta.

Sin saber qué tenía su hijo y desesperada por encontrar ayuda, lo llevó a Santiago a la Clínica Quilín de la Universidad de Chile. Ahí lo vio la inmunóloga la doctora María Victoria Landaeta quien le realizó dos pruebas (Test de Parche y el Test de Prick). Los resultados fueron que Alonso era alérgico a todo, hasta la leche materna, porque había pasado mucho tiempo y se había sensibilizado a todo (sólo puede comer papa, zapallo y camote, que le producen menos alergia) y con respecto a la leche, la única que tolera es Humana HA2.

“Desde entonces que estamos en este camino. Mi hijo fue diagnosticado alérgico alimentario severo y a la proteína de la leche de vaca. A casi dos meses de tratamiento, mi hijo ha mejorado y, por lo menos, descansa de noche. Ahora vivimos preocupados de su leche que sólo se vende en Santiago y vale 17.000 pesos la caja de 500 gramos”, comentó.

Esta leche tiene un costo de 300.000 pesos mensuales aproximadamente, se trata de un producto que nadie vende al por mayor y que sólo se encuentra en Santiago, por lo que desde allá deben traerlo a Magallanes y a Tierra del Fuego.

“Sé que hay muchos niños con alergias alimentarias y no tenemos inmunólogo, ni siquiera en Punta Arenas”, observó la mamá, quien agregó que, si su hijo hubiese sido diagnosticado correcta y oportunamente, no estaría en esta situación. Por eso, para ella es necesario generar las redes de apoyo en Magallanes y traer a los especialistas que permitan brindar la atención a estos niños.