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  • Otilia del Carmen Alvarez Ferraz

Martín Miranda Oyarzún, Magíster en Educación: “El problema está en el aparataje que no permite que florezca la gente innovadora”

Por La Prensa Austral lunes 1 de julio del 2019

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Grandes son los desafíos que enfrentamos como país en materia de Educación. Pareciera que no sólo tenemos problemas en el fondo, si no también en la forma. Al respecto, La Prensa Austral conversó con el experto Martín Miranda Oyarzún, Magíster en Educación y consultor en la materia. La pregunta inicial es si es demasiada la normativa que pesa sobre los profesores, que no deja espacio para la creatividad en el aula.

“La regulación actual deja un espacio enorme de libertad a la creatividad en la enseñanza, el problema después es la bajada en los establecimientos. Los directores, los jefes técnicos, a veces las secretarías ministeriales, a veces la superintendencia de Educación… hay un aparataje que es miedoso del cambio más que la regulación”, graficó el asesor.

“Si uno mira los objetivos de aprendizaje que tiene el curriculum chileno, es posible. No sería ilegal, podría hacerse. Pero uno ha visto gente que ha empezado a realizar cambios y la han castigado. Yo creo que en estos momentos el problema está en el aparataje que no permite que florezca la gente innovadora”. Ahora están llegando muchos profesores jóvenes, los millenials, que tienen otra mirada. Pero se están yendo muchos porque los están ahogando, asevera el experto.

Según Miranda, en Chile estamos viviendo un fenómeno que es la alta deserción en la enseñanza secundaria. “Un Premio Nacional de Ciencias tiene a sus hijos estudiando en casa. Dijo que era para ‘protegerlos’, para que puedan ser personas creativas, yo no los voy a mandar al colegio”, ilustra.

Sobrecarga laboral

Al ser consultado si los profesores no se encuentran sobrepasados por las planificaciones, evaluaciones, rendimientos y todo el trabajo administrativo que deben desarrollar, establece que sí hay que desagobiar a los profesores, pero entendiendo que este agobio viene de las prácticas, no siempre de las normas.

“Cuando yo trabajé en el Ministerio de Educación había un reglamento de evaluación que eran dos páginas y que se entregaba diciendo que decidan entre esas alternativas. Los colegios, construían unos reglamentos de evaluación terribles, y después los colegios le echaban la culpa al Ministerio”, revela Miranda.

Agrega como ejemplo que la cantidad de notas por ramo en un semestre o trimestre, era todo resorte de los colegios, y que al final ellos mismos se ahorcaban con sus propias reglas. “Esas prácticas se convierten en una cultura que parece que fuera la verdad”, manifiesta.

Miranda es responsable de la Reforma de enseñanza de media de hace unos años. Comenta que en muchos lugares le reclamaban por las “exigencias” y tenía que aclarar cuál era la libertad que le ofrecía la reforma en cuanto a contenidos y nunca entendió por qué los establecimientos no usaban esa libertad de acción. “Creo que en esa época había como 800 establecimientos de educación media técnica y sólo hubo 20 que hicieron programas propios”, comenta.

Finalmente el consultor establece que lo que falta es una discusión nacional de “hacia dónde ir”. A su juicio, “hoy estamos discutiendo temas que son pelos de una cola y tenemos a todo el Ministerio ocupado en esas cuestiones y no estamos viendo hacia dónde va el mundo hoy día y no estamos haciendo que la educación se ponga en función de ese mundo”.

“Esa discusión aquí no se ha hecho. Hasta en Bolivia se ha hecho, en Colombia, Argentina. Pero acá estamos preocupados de cuestiones secundarias”, critica.

La nueva infanto-adolescencia

“Es cuestión de ver a los niños: a ellos les está cambiando el cerebro. Cosas que consideramos negativas van a seguir y se van a pronunciar. Y no nosotros no sabemos cómo actuar”, asegura Miranda.

“Creemos que los chicos no pueden hacer dos cosas, como hacer las tareas y ver televisión. Sus niveles y formas de concentración son otras. Y hay que asumir que son distintos”, señala.

Decir no al celular es un absurdo, establece Miranda. “Si el profesor dice que el niño no se motiva por culpa del celular, yo diría que a lo mejor es el profesor el que no es capaz de estimularlo, más que lo que lo estimula el celular. Pero si yo uso el celular para realizar una actividad en clases, tengo el éxito asegurado”, afirma.