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Matrimonio Capellán-Zapata: 53 años unidos por el fuego de la hispanidad

Por La Prensa Austral sábado 4 de noviembre del 2017

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Adriana es conocida por ser una intérprete coral de renombre en la región, mientras que Mario fue admirado por su talento con el violín

Por Diego Fernández

Diegofernandez@laprensaaustral.cl

Aníbal Mario Capellán García tiene 82 años, nació en Punta Arenas el 2 de enero de 1935. Es hijo de Aníbal Capellán Ruidíaz oriundo de Libardón (principado de Asturias, España), al igual que su madre María García Rodríguez nacida en Vaíña, mismo principado. Sin embargo, sus padres se conocieron en esta zona del mundo.

Por voluntad de su mamá, Mario (sus familiares le dicen así para diferenciarlo del nombre de su padre) comenzó a tener clases de violín a los 7 años. Durante 10 años, él aprendió a tocar este instrumento y sus profesores notaron que tenía un gran talento. Sin duda que estuvieron en lo correcto, ya que Mario, estuvo por ininterrumpidos 60 años, deleitó al público magallánico con su eximia ejecución musical.

El 1941 fue cuando comenzó sus estudios de violín, ocho años después fue parte de la orquesta y coro del Liceo de Hombres de Punta Arenas; en 1950 participó de la Orquesta Sinfónica de Magallanes durante tres años, ya que después estuvo por más de 20 años en otras orquestas, pero volvería en 1977 a ser parte de esta. El no sabe de dónde viene este amor por la actividad artística. “Mi papá era un muy buen recitador, también cantaban pero cuando estaban en grupo solamente, mientras que mi mamá tampoco, ella siempre estuvo más dedicada a lo que era su casa. Era la segunda de 11 hermanos por lo que le tocó atender a los 9 restantes y no tenía tiempo para nada. Lo que si ella perteneció a varios grupos de la Sociedad Española, pero no como nosotros que llevamos muchos años metidos en este tema”, explicó.

Además, se destacó por participar actividades artísticas y culturales hispanas en esta región. Se considera de un carácter inquieto y buscó nuevos rumbos en la gestión de actividades culturales bajo el alero de la Sociedad Española de Punta Arenas, donde era integrante del Comité Cultural y asumió funciones para organizar la concreción de diversas manifestaciones. Claro, siempre estuvo de la mano de su esposa Adriana Zapata.

Adriana del Rosario Zapata Ruiz tiene 77 años y el vínculo con España se produce por sus bisabuelos. Su padre, Secundino Zapata Fuentealba, nació en Chillán y se trasladó a Punta Arenas porque era parte del Ejército. Fue aquí donde conoció a su madre María Hida Ruiz Calixto.

Adriana es una destacada interprete coral de Punta Arenas; en 1996 coordinó y planificó el XXXVIII encuentro nacional de Coros de Profesores de Chile, también ha tenido activa participación en el Comité Cultural de la Sociedad Española e incluso ocupó el cargo de presidenta en varios periodos. En 1993 tuvo una participación en la Coral del Mesías del Sur. Si bien había tenido logros importantes, su talento la llevó a ser parte del Coro de la Universidad de Magallanes desde 1998 hasta el 2003. “Siempre me gustó cantar, tenía un gusto lindo por el canto. Si bien en mi familia tampoco había un interés particular por las actividades artísticas, a mi siempre me gustó y toda mi vida he tenido un vínculo muy estrecho con el canto u otras realizaciones culturales”, comentó Adriana.

Un gran dolor

El matrimonio entre Adriana y Mario ha tenido experiencias maravillosas, como por ejemplo haber tenido tres hijos ejemplares (Rodrigo Mario, Gonzalo Alejandro y Fernando Patricio) quienes desde pequeños tuvieron acercamientos a las actividades artísticas y a las manifestaciones culturales, tomando la rienda de lo que sus padres hicieron durante toda su vida.

Pero fue en 1992 cuando recibieron una noticia que los golpeó muy fuerte y tuvieron que pasar años para que su vida vuelva a tener un rumbo claro. Su hijo de 30 años, Rodrigo Mario Capellán Zapata, falleció. Noticia que impactó fuertemente a los corazones del núcleo más cercano, pero la misión estaba clara: salir adelante porque habían otros dos hijos a quienes cuidar. Mientras recordaba ese momento, a Adriana Zapata se le escapaban varias lágrimas recordando la figura de su amado hijo que falleció hace más de veinte años. “Me acuerdo que ese año, yo estaba en el coro de profesores, pero ese año no canté porque no me salía la voz, entonces se hizo una versión de Coro de Profesores de Chile. Los integrantes querían que yo me sume y que yo salga de esta situación que estábamos viviendo. Pese a eso y que el luto uno lo va a llevar siempre, sabíamos que teníamos que seguir adelante por nuestros demás hijos. Siempre vamos a valorar todo el apoyo que recibimos cuando esto sucedió, tanto de amigos, familiares e incluso personas que no conocíamos. Igual que la Casa España, ellos estuvieron con nosotros en todo momento. Nos apoyaron, nos abrazaron y nos abrigaron para superar este momento tan complicado. Si ahora el sida es una enfermedad complicada, para esos años era aún más; nosotros sentimos mucho apoyo de muchos sectores para que nosotros nos levantemos. Uno muchas veces piensa que no es así, que las personas no se ponen en tu lugar, pero la verdad que es todo lo opuesto”, dijo la destacada cantante coral.

A su vez, Mario Capellán lo recuerda como el momento más doloroso de su vida, ya que supuestamente la vida está hecha para que los hijos entierren a sus padres, no al revés. “Fueron muchos años de luto, hasta el día de hoy tengo los mejores recuerdos de nuestro hijo que nos dejó, lo recordamos con un gran amor”.

Rodrigo Mario empezó a los siete años a estudiar violín para seguir lo pasos de su padre. Por varios años asistió a la Escuela Artística del Conservatorio que dirigía María Inés Baeriswyl, especializándose en dibujo, pintura y artes gráficas; inspiración que lo llevó a estudiar y a titularse como diseñador gráfico. Sus padres comentaron que desde muy pequeño él elaboraba tarjetas de saludos, tiras cómicas y que su especialidad innata era crear comics. Por su parte, su otro hijo se llama Gonzalo Alejandro, es técnico en construcción, pero desde sus inicios también se acercó a la artes, estudiando guitarra y tocando gaita. Sin embargo, él tenía más inclinación por actividades deportivas como el tenis o el básquetbol. Al igual que su tercer hijo Fernando Patricio que tiene la profesión de técnico agropecuario, que estudió flauta dulce y violín; sus padres dicen que tenía muchas condiciones también para declamar y actuar, lo que lo llevó a ser integrante del grupo “Folckloruco”.