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Alfredo Alderete Flores: “Me jubilé en el hospital, pero no en mi afán de servir”

Por La Prensa Austral domingo 6 de agosto del 2017

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Alfredo Alderete Flores

Por Gabriel Leiva

natales@laprensaaustral.cl

 

Un hombre inquieto, siempre buscando realizar cosas en bien de los natalinos y esperando como única recompensa el reconocimiento anónimo de sus vecinos, parece ser en síntesis la motivación que ha tenido la vida del actual concejal de Puerto Natales, Alfredo Alderete Flores, quien el pasado 30 de junio se acogió a retiro luego de servir durante 48 años en el Hospital Augusto Essmann, de la capital de la provincia de Ultima Esperanza.

Allí ingresó el 16 de mayo de 1969 (en ese entonces el recinto de calle Ignacio Carrera Pinto aún no cumplía tres años de funcionamiento) y se fue a retiro recientemente, a semanas de cerrar sus puertas el centro asistencial, que en las próximas semanas comenzará a atender en un nuevo y moderno edificio.

Alfredo Alderete nació el 20 de mayo de 1950 en la ciudad de Puerto Natales. Es hijo del vecino natalino Alfredo Alderete Andrade y de la dama temuquense Isilda del Carmen Flores Navarrete. Su padre trabajaba en el Frigorífico Bories (como la mayoría de la población natalina de esa época) y su madre era dueña de casa.

Es el tercero de cuatro hermanos (el primer hijo varón). Luego de estudiar en su ciudad natal y también en Punta Arenas, viajó a Santiago para ingresar a la Escuela de Aviación, donde estuvo casi un año. Era la primera vez que se apartaba de su familia y su querido pueblo, donde en esos tiempos no había ni siquiera televisión. Sin embargo de la noche a la mañana se encontró golpeando nuevamente la puerta de la casa de su padres para retornar al hogar familiar.

Estaba decidido a ganar dinero. Por ello le pidió a su madre que lo autorizara para ir a trabajar en el mineral de carbón de Río Turbio, en Argentina. Era menor de edad por lo que junto a su mamá se fueron a la notaría para oficializar la autorización. Recuerda que “el notario Roberto Gómez me dijo que mejor estudiara, porque el trabajo en la mina no era apropiado para mi. Así que nos dijo que nos retiráramos de su oficina junto a mi madre porque no iba firmar la autorización notarial para salir hacia la Argentina”.

Luego de esta negativa su mamá insistió que tenía que estudiar. Enfático dice que nada lo vinculaba con el tema de la salud y que tampoco era algo que estuviese en sus planes inmediato.

Sin embargo se abrió el proceso de admisión a los cursos de técnico paramédico. “Mi mamá fue a Punta Arenas. Me inscribió. Hizo todos los trámites. En el fondo fui a hacer las pruebas para complacer a mis padres, porque ellos siempre se habían preocupado por mi”.

Curso de paramédico

Pese a que comenzó a estudiar en el último momento llegó finalmente a estar entre los 30 seleccionados de los 150 aspirantes. El Servicio de Salud lo destinó al Hospital Augusto Essmann de Puerto Natales.

Durante sus 48 años como técnico paramédico trabajó en todos los servicios con los que cuenta el hospital natalino. Al repasar su trayectoria dijo que “fue una experiencia muy buena. Uno pasa por cosas buenas y malas. Hay momentos de alegría cuando la gente se recupera de las enfermedades y para los nacimientos. También hay cosas tristes cuando fallecen personas que a veces uno los conocía y uno se pone sensible en todos esos aspectos”.

Durante ese tiempo también atendió tres partos fuera del hospital. Sin embargo luego de tantos años de servicio muchos hechos se van olvidando al volverse cotidianos y pasan a ser sólo una anécdota más. Entre sus evocaciones trae a colación un hecho que le sucedio en una campaña electoral como candidato a concejal, cuando se encontraba realizando un puerta a puerta.

“Llego a una casa y golpeo la puerta y sale una señora y me dice: ‘Justamente nos estábamos acordando de usted’. Yo pensé que era por los votos. Me hizo pasar y vi que había entre seis a siete personas, lo cual pensé que era bueno para mi campaña. En ese momento la dueña de casa, refiriéndose a mí, le dijo a su hija -que tendría unos 24 años y que estaba casada con un militar- que ‘él tendría que haber sido tu padrino’. Yo me dije para mis adentros ‘en qué lío me estoy metiendo’, así que le indiqué a la señora que me explicara qué era lo que pasaba y ella me contestó: ‘Usted atendió mi parto cuando nació mi niña en un taxi afuera del hospital’. Esas son cosas que uno lo van marcando, y te dan una tremenda alegría porque hay gente que se recuerda de uno para bien”.

En el Servicio de Urgencias también trabajó por varios años, adquiriendo una gran experiencia. Mencionó que muchos médicos cuando llegaban a desempeñarse al hospital basaban gran parte de su trabajo en lo que los paramédicos hacían. Se trataba de profesionales recién egresados de la escuela de medicina que, aunque tenían mucha teoría, les faltaba la práctica.

Durante muchos años los extensos turnos en el centro asistencial se desarrollaron sin el médico, quien respondía a las emergencias cuando era llamado por teléfono. Por ello, como paramédicos, tenían que tomar determinaciones en el mismo instante cuando llegaba una persona grave.

“No tengo precisión de cuantas personas ayude a salvarlas de la muerte. Mucha gente llegaba con heridas en el rostro por accidentes y teníamos que suturarlos. Uno pasaba hasta cinco horas suturando para que la herida no les deformara el rostro. Hay mucha gente que me dice que si continúo siendo candidato van a seguir votando por mi, porque ‘usted me salvó la vida’. Por cierto que uno no se acuerda de esas cosas. En el momento uno lo único que hizo es cumplir con su deber y con eso uno queda satisfecho”.

Se trataba de turnos agobiantes que comenzaban a las 8 de la mañana y culminaban a las 20 horas con un periodo libre para el almuerzo. Los turnos se mantenían durante toda una semana. Cuando era soltero incluso se quedaba a reemplazar a algunos colegas que por razones familiares solicitaban permiso. En esos casos se quedaba por 24 horas y al día siguiente a retomar su horario de trabajo. “Nadie pedía ser recompensado ni menos esperar que le brindaran un tributo. Era sólo un gesto de solidaridad”.

Un festival histórico

Una idea de Alfredo Alderete que se concretó en el año 1978 fue el festival ‘Natales canta a Natales’, que duró tres días y que contó con la presencia de artistas nacionales e internacionales. Con él colaboró una gran cantidad de persona, entre los que se acuerda del comunicador Arturo Pérez y el cantante Mauro Martino.

Indica que “fue el festival más grande que se ha hecho en Natales y que nunca más nadie volvió a realizar”.

En el evento participó el afamado cantautor argentino Aldo Monges, muy de moda en aquel tiempo, y quien por primera vez cantaba en Chile y que aunque había sido invitado en innumerables veces al Festival en la Patagonia nunca habían podido contar con él. Alderete señala que para conseguir la venida del artista trasandino Mauro Martino viajó a Buenos Aires y consiguió su presencia. También llegó al evento musical el cantautor y humorista argentino Coco Díaz. Desde Santiago arribaron el ‘Piojo’ Salinas, el grupo Chamal (que recién había actuado en el Festival de Viña del Mar), el ganador del programa de TVN Dingolondango, Patricio Donaire, la cantante María Valdés, y otros artistas magallánicos y de la Patagonia argentina. El festival se realizó en el gimnasio del Club Natales.

“A mi se me ocurrió la idea. Siempre he querido hacer algo para la gente, para la comunidad y se me ocurre algo y tengo que hacerlo”, dice Alderete. Sin embargo esta idea le significó un año de organizar veladas bailables casi todos los fines de semana para solventar la tremenda deuda que dejó la visita de tantos artistas.

“Los comerciantes que me ayudaron nunca me hicieron firmar un documento al darme las cosas, lo hacían porque me conocían porque trabajaba en el hospital. Mi mamá al poco tiempo falleció, ella sabía que tenía esas deudas, por lo que antes de irse me hizo prometerle que iba a trabajar para pagar todo. Recuerdo que me dijo que el luto por su partida lo llevara en el corazón y que me abocará a pagar mis deudas”.

Al año siguiente fue convocado a una reunión por segundo comandante del Regimiento Lanceros. Al llegar al encuentro había una gran cantidad de jefes de servicios públicos y directores de establecimientos educacionales. Le dijeron que explicara en un pizarrón como había hecho el festival. “Cuando supieron de todo el trabajo que implicaba y sus altos costos se terminó el festival y nunca más se hizo. Todavía algunas fotos de ese evento andan por ahí rondando”, asegura.

Vínculo con el deporte

Alfredo Alderete es un hombre inquieto, llenó de ideas y ganas de trabajar. Lo anterior le viene de su formación. Como muestra un botón: su familia siempre estuvo vinculada al deporte, en especial al fútbol, fue así que entre padres, junto a familiares y amigos crearon a mediados de la década de los años sesenta el club deportivo Sporting Cristal. Por su parte, Alderete al ingresar al hospital creó el club Servisalud, que forma parte de la Asociación de Fútbol de Ultima Esperanza. Entre los hitos de ese equipo está el haber sido campeón regional en el año 1995, ganándose el derecho de representar a Magallanes en el Nacional de Temuco del año siguiente.

Se reconoce un fanático del club Universidad de Chile, por lo que siendo presidente de Servisalud, realizó las gestiones para que el primer equipo de los azules visitara su querido Puerto Natales. En el año 1986, en una gira que hizo el cuadro laico a Punta Arenas, jugó en Puerto Natales. Al año siguiente nuevamente gestionó su visita, cuando el club era dirigido por el destacado zaguero Alberto Quintano. Cuanta que el primer equipo de la “U” estuvo en Ultima Esperanza por casi diez días. Los integrantes de la delegación deportiva aprovecharon de visitar las bellezas naturales y compartir con la gente. “Cuando se iban a ir les pregunté cuál era el costo. Su coordinador, que era Juan Fuentes, me preguntó cuánto dinero teníamos. Al darle el monto me cobró sólo la mitad, señalándome que ‘nosotros estamos agradecidos porque nadie nos ha atendido como ustedes’. Esas son cosas que a uno lo hacen sentirse realizado. Cuando la gente participa y lo que haces es destacado por los medios de comunicación. No es por buscar figuración, sino que es sentir el cariño de la gente, porque uno trae algo para que los vecinos se diviertan y lo pasen bien”.

Televisión para Natales

Aunque su trabajo en el hospital era extenuante, siempre tuvo tiempo para darle curso a sus iniciativas e intentar superar las deficiencias que afectaban a Puerto Natales, que ya padecía con fuerza el aislamiento. Hasta comienzos de los años noventa solamente llegaba a Natales la señal de Televisión Nacional de Chile, por lo que empecinado en cambiar esta situación creó, junto a un grupo de amigos, la Corporación de Televisión de Natales (Cordetel) a inicios de esa década. Partieron con el Canal de las Estrellas, de México. Con el paso del tiempo se fueron sumando las señales de Canal 13, Chilevisión y Megavisión (hoy Mega).

Recordó que siendo concejal, en 1992, viajó a Santiago donde se reunió con los ejecutivos de los canales de televisión, quienes le dijeron que no había interés en llegar a Natales porque “no era rentable para ellos”.

Con el fin de convencerlos les ofreció un terreno (media hectárea ubicada en el sector de Villa Cariño), una caseta para los equipos y el pago del consumo de electricidad. Para cumplir con esto último hay un aporte que el municipio de Natales ha entregado desde esa fecha, el cual oscila entre 300 mil a 350 mil pesos anuales.

Los equipos técnicos fueron proporcionados por los mismos canales.

Un costo y satisfacción

Alfredo Alderete no oculta el orgullo que siente por cada una de las cosas en las cuales ha participado y que en su momento han beneficiado a Puerto Natales. También reconoce que ello ha tenido un costo, como por ejemplo el haber descansado en su esposa el cuidado de sus hijos. Sobre ellos dijo que “gracias a Dios mis hijos salieron buenas personas, estudiaron, tienen su profesión y no tienen problemas”.

Aunque le hubiese gustado el haber estado más con ellos, sus hijos nada le reprochan y más bien lo han apoyado siempre en sus proyectos. “Ellos saben que a mi me gusta hacer cosas por la comunidad. Siempre lo he hecho y lo voy a seguir haciendo”.

Al repasar su vida siente que han existido más hechos positivos que negativos y que finalmente ha logrado “muchas cosas, pero no en beneficio personal, porque siempre he tenido esa vocación de ayudar a las personas para que mejoren su calidad de vida, tal como en un momento lo hicieron con uno. Puedo decir que me siento pleno”.

Su vida sin embargo tuvo un giro con su reciente retiro del hospital. El lunes 3 de julio de este año se despertó pensando que tenía que ir a trabajar. Al cabo de unos instantes recordó que se encontraba jubilado. Así que ese día aprovechó de descansar. Al día siguiente comenzaron las actividades en el municipio con reuniones, encuentros y ceremonias, por lo que su tiempo lo ha podido abocar totalmente a su labor como concejal.

Reconoce que a veces como que “uno extraña a sus compañeros de trabajo. Han sido tantos años, pero ellos me llaman, voy, conversó un rato y ya quedo conforme y satisfecho”.

Aunque muchos de sus ex colegas son mucho más jóvenes que él, siempre a tenido una cercanía con ellos. Así los ha podido aconsejar sobre el trabajo que se debe realizar en el ámbito de la salud. “La gente llega con dolores y problemas al hospital y uno puede amortiguar en parte todo eso con pequeños gestos, como saludarlos en forma amable cuando llegan, escucharlos y atenderlos con todo el cariño que uno pueda entregar. Eso yo lo llamó vocación de servicio, porque finalmente ese es nuestro trabajo, aliviar el dolor de la gente. Cuando logramos esto último podemos decir que hemos cumplido con nuestro deber”, reflexiona.

Agregó que “entré por la puerta ancha del hospital y después de 48 años salí por la misma puerta. Otros, lastimosamente, salen por la puerta de atrás o por la ventana”.

Como él dice “me jubilé en el hospital, pero no en mi afán de servir”. Es así que el año pasado recién comenzó su quinto periodo como concejal de Natales. En esta ocasión como independiente representando al PPD.

Con anterioridad fue elegido concejal el año 1992; 1996; 2000 y 2004. El 2008 se presentó como candidato a alcalde en representación de la Concertación, perdiendo esa elección, así como el año 2012 cuando intentó ser elegido como concejal. Finalmente el año pasado retornó al Concejo Municipal con la segunda votación personal, donde espera –dijo- seguir sirviendo a su pueblo.