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Unica familia viviendo en una isla al fin del mundo: “Muchas personas piensan que somos bendecidos”

Por La Prensa Austral viernes 12 de junio del 2020

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Unica familia viviendo en una isla al fin del mundo en tiempos de pandemia

Desde diciembre pasado, el alcalde de mar, Ariel Barrientos, y la profesora de Lenguaje y guardaparques, Nataly Lagos, viven en isla Hornos, comuna de Cabo de Hornos, en la provincia Antártica Chilena, junto a sus tres hijos y una mascota. A mediados de marzo dejaron de recibir gente masivamente y hoy detallan cómo habitan en esta zona insular mientras en varias partes del planeta se propaga el coronavirus. Ambos entregan consejos al resto de la sociedad respecto a una de las principales medidas a seguir y que han estado realizando hace casi seis meses: el aislamiento social

Por Ignacio Palma

Gobernación Antártica Chilena

Entre diciembre y febrero pasado, la vidas de Ariel Barrientos y Nataly Lagos transcurrían como habitualmente eran, de acuerdo a sus labores en isla Hornos, Chile. El primero, ejercía como alcalde de mar en la homónima estación de la Armada de Chile, mientras que la segunda, trabajaba como guardaparques de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), en esta zona insular que es parte del Parque Nacional Cabo de Hornos.

El matrimonio, sus tres hijos -de 6, 4 y 2 años- y una perrita como mascota, componían la única familia viviendo en esta isla reconocida mundialmente por ser uno de los puntos geográficos más australes de América -sólo superado por islas Diego Ramírez-, donde además se encuentra el mítico Cabo de Hornos en su zona más meridional.

Localizada en la Región de Magallanes y la Antártica Chilena, isla Hornos está a seis horas de navegación en buque y hasta 18 horas en yate desde la ciudad más cercana, Puerto Williams, en el norte, y a unas 35 horas de la península Antártica, en el sur, cuando las condiciones meteorológicas del mar de Drake son favorables.

Mensualmente, ambos recibían entre 1.500 y 2 mil 300 turistas que llegaban en cruceros, yates o veleros, a conocer la flora y fauna austral, además de hitos como el monumento al Albatros, el faro Cabo de Hornos y la capilla Stella Maris. Asimismo, los visitantes, la mayoría extranjeros anglohablantes, conversaban por algunos minutos con los integrantes de la familia para conocer su historia.

El matrimonio compuesto por Ariel Barrientos y Nataly Lagos hace soberanía en el faro mas austral de Chile.

“Para mí, es totalmente nuevo el trabajo que estoy ejecutando”, dice el suboficial Barrientos. “En mi área soy infante de marina. Aquí es un trabajo de litoral. Con el tiempo nos fuimos adaptando, partimos desarrollando las tareas que son propias de la misma alcaldía: todo lo que es el tráfico marítimo. Y ésta es una estación meteorológica también que tiene que hacer sus reportes diarios, cada tres horas, entonces, es nuevo, pero ya nos acostumbramos”, explica el uniformado naval oriundo de Coyhaique.

“Muchas de las personas que viajaban, venían porque en su familia o ellos mismos habían sido trabajadores de algún faro, y este faro (el Cabo de Hornos) es uno de los más especiales a nivel internacional (…) Estamos en un lugar privilegiado, donde se une el océano Pacífico con el océano Antártico. Podemos ver maravillas de la naturaleza que otro ser humano no puede ver, como orcas, delfines, focas, lobos marinos”, añade Nataly Lagos, quien proviene de Chillán.

Sin embargo, a fines de febrero, todo cambió. Cuando aún los primeros casos de coronavirus no se registraban en el país y Chile todavía no se encontraba bajo Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe, comenzaron a saber más detalles sobre la propagación de esta pandemia en el mundo. “En primera instancia nos enteramos por los mismos turistas, porque las condiciones climáticas no son muy buenas en isla Hornos. Tanto la señal de Internet como de televisión se va (…) Luego de unas semanas pudimos ver por primera vez las noticias y enterarnos de qué estaba pasando en el mundo”, recuerda Nataly.

A medida que transcurrió el tiempo, se informaron más a cabalidad, tomaron los resguardos -como usar implementos de protección y conservar distanciamiento social-, y se mantuvieron en contacto con sus respectivas jefaturas. “Empezamos a darnos cuenta que había cosas que ya no podíamos hacer, y que había que restringir. Había que poner carteles. Teníamos que estar informados, tanto nosotros como para los pasajeros cuando entraran”, dice Nataly, quien ejerció como guardaparques hasta el 30 de abril pasado.

Ambos recibieron a los turistas hasta el 15 de marzo pasado, cuando debió cerrar la temporada anticipadamente producto de la propagación de dicha pandemia. “Una vez que ya nos enteramos del coronavirus, se fueron todos los pasajeros y no recibimos más personas, nos dimos todo el trabajo de limpiar donde estaba la recepción”, menciona Lagos.

Desde dicha fecha, sólo a mediados de abril y principios de mayo ingresó personal de un buque de la Armada para realizar aprovisionamiento y labores de mantención, mientras que a futuro, a fines del presente mes de junio o principios de julio, esperan una acción similar. Igualmente, a mediados de mayo, el gobernador de la provincia Antártica Chilena, Nelson Cárcamo, y el comandante del Distrito Naval Beagle (Disnabe) y gobernador marítimo de Puerto Williams, capitán de navío Cristián Yáñez, los visitaron durante un par de horas tras viajar en helicóptero desde la capital provincial.

El gobernador Cárcamo, quien en este trayecto también tuvo la oportunidad de visitar a la familia que vive en la alcaldía de mar de isla Wollaston, destaca que “tenemos un reflejo de la madurez social que hay en cada uno de estos matrimonios, y eso mismo les ha permitido a ellos valorizar lo que se tiene. Eso tratan de inculcar a sus pequeños hijos, para que también puedan apreciar el valor del territorio en el cual están viviendo”.

Las familia que viven en las islas Hornos y Wollaston son parte de las 11 alcaldías de mar que existen en el Disnabe. En nueve de ellas viven familias, mientras que en dos sólo marinos solteros. Al respecto, el comandante Yáñez menciona que “una presencia del Estado y de soberanía en esos sectores, particularmente en los sectores aislados, no solamente es un acto de presencia, sino que sienta jurisprudencia. Nosotros estamos ocupando estos sectores, efectuamos labores de fiscalización, y esas familias están desarrollando una vida normal”.

A continuación, compartimos parte de la entrevista que Ariel Barrientos y Nataly Lagos nos concedieron vía telefónica:

– Mirándolo desde un punto de vista positivo, se podría decir que son privilegiados, ya que no están viviendo experiencias como en otras ciudades con respecto al coronavirus, donde hay mayor probabilidad de contagio, ¿no?

– Nataly Lagos (N.L.): “En realidad, no solamente tú nos has comentado eso, sino que muchas personas piensan que somos bendecidos, y lo creemos así realmente. Tuvimos la fortuna de haber llegado a estar aislados voluntariamente en una época donde todos tienen que estar aislados, pero obligados. Y además estamos en un lugar donde sí podemos salir en algunas instancias a afuera, donde podemos tomar aire, donde podemos juntarnos, porque estamos nosotros como familia. Aún así, nuestro aislamiento es casi siempre dentro de casa, porque las condiciones climáticas dentro de isla Hornos no se dan para estar afuera de la alcaldía (pueden haber vientos de hasta 125 nudos, o 225 kilómetros por hora)”.

– Ariel Barrientos (A.B.): “Todos quienes nos llaman nos dicen que somos privilegiados, pero no lo habíamos pedido nosotros. Fue algo que se dio y tuvimos la suerte de estar en este lugar. Compartimos con pasajeros, se terminó la temporada y ahora estamos en el proceso de disfrutar como familia en estas latitudes y hacer el trabajo que tengo que ejecutar como naval”.

Los padres de tres niños revelan que es complejo educar a sus propios hijos, ya que las labores en la alcaldía requieren atención de tiempo completo, a pesar que las oficinas están en el propio hogar. Barrientos asegura que el tiempo dedicado a los estudios lo tratan de realizar de la mejor forma. Y con respecto a las actividades recreativas, intentan distraerse de diferentes maneras, la mayoría del tiempo al interior de casa.

“(Mis hijos) son fanáticos del baile, de escuchar música, de ver televisión, jugar a las escondidas. Les trajimos varias cosas didácticas, dentro de eso también aprovechamos el tiempo. Inventamos: tratamos de inventar el máximo de cosas, porque no es la idea de que ellos nos echen de menos y se aburran”, destaca.

– ¿Cómo han estado sus hijos allá?

– A.B.: “Bien. De hecho, la de al medio, en este minuto, por ella no se iría de la isla, porque la encuentra bonita, tranquila, porque como familia estamos 24/7. El mayor, en este caso, echa un poquito más de menos a los amigos. De repente se acuerda que estuvo en el colegio. Se pasa recordando los nombres de sus compañeros. Nos pregunta cuándo va a terminar el período, entonces, armamos una actividad recreativa, se le quita y pasa el día”.

– Una de las principales medidas que las autoridades pertinentes han mencionado para mitigar la propagación del coronavirus, es mantener el aislamiento social. Desde diciembre pasado, ustedes han estado principalmente en aislamiento, con escasa relación con otras personas. ¿Qué consejos le entregan al país y al resto del mundo respecto a esta medida en específico?

– A.B.: “Lo complejo de un aislamiento es efectivamente tratar de mantenerse aislado. Aconsejo crearse una rutina de trabajo, de que las personas puedan evitar salir, tener contactos con otros. Tener la consciencia de que se tiene que evitar la propagación con respecto a lo mismo. Si tuviera que pedirle algo a la sociedad, a la gente, es que sean conscientes, que hagan su aislamiento, que tengan paciencia y que sepan convivir en el espacio que tengan por el tiempo que dure este proceso”.

– N.L.: “Creo que lo más importante es mantenerse ocupado. Que mientras vivan en aislamiento, puedan tener algo que hacer. Que no dejen el tiempo muerto. Que ocupen su mente en hacer actividades que quizás en algún momento quisieron hacer, pero ahora pueden hacer, como leer un libro. Yo tengo propuesto ponerme a tejer. No tejo, pero ahora quiero tejer. Me he puesto a hacer actividades que eran entretenidas y que en algún momento no pude hacer mientras trabajaba o estaba haciendo mi rutina diaria por ir a buscar a los niños o realizar el almuerzo, y ahora sí se pueden hacer”.

“Aprovechar los tiempos que se puedan dar en familia. Escuchar. Yo creo que ésta ha sido una instancia que nosotros hemos tenido como familia para escuchar y aprender del otro.

Y ahora, si me pregunta cuál consejo le podría dar a raíz del Covid-19, es que sean cuidadosos. Que piensen en el que tienen al lado. Que no sean individualistas. Que, quizás, ésta es una enfermedad que pueda afectar a una persona y a un millón de ellas con una sola. Que conozcan sus límites y que hagan caso a las recomendaciones estatales”.

– Sabemos que hay un factor importante: ustedes viven en familia y pueden comunicarse, pero ¿han analizado cómo estaría alguien que está solo y deba cumplir el aislamiento social? ¿Qué mensaje le darían a esa persona que está sola en casa?

– N.L: “Que trate de mantener su mente ocupada. Que también se trate de desconectar. Eso también ha sido algo bueno para nosotros. Quizás, donde no tenemos tantas redes sociales, no tenemos acceso a tener tanta información y no la estamos escuchando permanentemente. Eso también nos hace estar más tranquilos y poder hacer nuestra rutina diaria de mejor forma”.

El Faro Isla Hornos o Faro Cabo de Hornos fue inaugurado el 17 de noviembre de 1991 en el extremo sureste de la Isla Hornos, a una altura de 57 metros sobre el nivel del mar. Su importancia radica en que se trata del punto más austral del archipiélago fueguino y sirve como referencia a los buques que eligen esta ruta de navegación como alternativa a la del estrecho de Magallanes. Fotos Ignacio Palma