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Nidia Gallardo Robinson heredó de su afamado padre los conocimientos ancestrales de la sanación natural

Por La Prensa Austral domingo 14 de enero del 2018

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“Yo, desde muy pequeña lo acompañé en su atención a los pacientes. Me sentaba en un lado de una mesa y veía y escuchaba todo lo que él realizaba con los enfermos que iban a consultarle respecto de sus dolencias”, relata la irióloga

La iridología, iriología, iridiología o iridodiagnosis es una técnica de medicina alternativa cuyos defensores afirman que los patrones, colores y otras características del iris pueden examinarse para determinar la información sobre la salud sistémica de un paciente. Los practicantes comparan sus observaciones con los mapas del iris, los cuales dividen el iris en zonas que corresponden a partes específicas del cuerpo humano, y ven los ojos como las “ventanas” del estado de salud del cuerpo.

Las bases de la Iridología moderna fueron formuladas a fines del siglo XIX por el húngaro Ignazt von Peczly. En 1837, en momentos que se paseaba por un bosque, fue atacado por una lechuza cegada por la luz del día y que tenía una pata rota: al coger al ave para sanarla, vio que en su ojo, del mismo lado de la pata rota, aparecía una línea negra al borde del iris, línea que fue paulatinamente desapareciendo a medida que avanzaba la curación del ave, hasta volverse sólo un punto negro.

Este método de diagnóstico alternativo, aunque tiene detractores, se está aplicando en todo el mundo, al parecer con excelentes resultados.

En Magallanes, uno de los más famosos iriólogos fue Mario Gallardo, el cual, durante años, fue visitado por cientos de pacientes, algunos de ellos desahuciados, que buscaban una alternativa para mejorar su salud. A su muerte, el 11 de agosto del año 2010, dejó la herencia de sus conocimientos ancestrales a su hija Nidia Karina Gallardo Robinson, la cual, con muchos aciertos, ha continuado la senda sanadora de su famoso progenitor.

Nidia Karina Gallardo Robinson, nació en Porvenir el 23 de diciembre de 1977, de tal manera que prácticamente fue un regalo de Navidad para su padre.

A escaso tiempo de nacer, su principal ascendiente la trae a Punta Arenas, junto a su hermano Dante Alejandro y la mantiene a su lado hasta su muerte.

En sus gratos y a la vez tristes recuerdos, Nidia Karina, rememora la vida de su progenitor.

La historia de su padre

“Mi padre, Mario Gallardo Soto y su hermano Ernesto, nacieron en Porvenir y fueron hijos de José Eleodoro Gallardo e Hilda Catalina Soto. Su progenitor se desempeñó como trabajador de estancias y derivó posteriormente a la marina mercante. Fue su mamá, mi abuela paterna, la encargada de fomentar en ellos los conocimientos de las causas y procedimientos naturales para distintas enfermedades. Para este efecto, les hacía leer y aplicaba las instrucciones de un libro sobre la salud que le habían obsequiado unos patrones alemanes”.

“En mi papá ya se encontraba instalado el germen de la salud y luego de laborar en Punta Arenas en la tienda El Palacio de las Sedas, de propiedad de la familia Nandwani, que se ubicaba en calle Roca, se traslada a trabajar con mi tío a la Farmacia El Indio, instalada en calle Errázuriz, permaneciendo en esta ciudad desde el año 1958 a 1965”.

“En el año 1973, le compran a la señora Carolina Figueredo, viuda de Antonio Miranda Aguila, la Farmacia Fueguina, de Porvenir, y le solicitan al Servicio Nacional de Salud el permiso para trabajar con la primera farmacia ambulante con la cual recorren íntegramente la Tierra del Fuego chilena. Mi padre alternaba la medicina convencional con la natural, y lo continuó haciendo posteriormente, entregando sus recetas de medicamentos de farmacia con los de origen homeopáticos”.

“Comenzó en Porvenir la atención de pacientes y la necesidad de abarcar más enfermos, determinó su traslado en el año 1989 a Punta Arenas, instalándose con una consulta en el sector de Playa Norte. Luego, convence a mi tío Ernesto que se instalen juntos en el barrio 18 de Septiembre; él con la consulta y su hermano con la venta de productos naturales”.

“Yo, desde muy pequeña lo acompañé en su atención a los pacientes. Me sentaba en un lado de una mesa y veía y escuchaba todo lo que él realizaba con los enfermos que iban a consultarle respecto de sus dolencias. Así, me fui interiorizando del sistema y adquiriendo los conocimientos de la Iridología que finalmente también debí aplicar”.

“De esta manera, supe que los iriólogos no podemos entregar los nombres de las enfermedades, eso lo hacen los médicos, nuestra misión es dar un diagnóstico producto de lo que se ve a través del iris, en cuanto a órganos inflamados, que no funcionan debidamente por estar sucios, congestionados, detectando de esa manera cual es la base del problema de un paciente”.

“Tanto mi padre en su época, como yo actualmente, advertimos a los aquejados de algún mal, que no practicamos las ciencias ocultas, por cuanto algunos llegan solicitando que se les lea el aura o que les saquen algún problema que los afecta por haber sido víctimas de energías negativas. Eso nunca lo hemos practicado ni yo lo haré porque nuestros conocimientos van en la aplicación de una irisdiagnosis. En todo caso, mi padre también se transformó en un lector del alma. Aparte de sus conocimientos, tenía un don muy especial: ver más allá de lo que se muestra a simple vista de un ser humano y muchos, afectados por alguna situación ajena al mal orgánico, se vieron aliviados por sus consejos. Eso, lo afectó demasiado, porque cada día aumentaba su carga espiritual que no alcanzaba a limpiar debidamente porque pronto venía una nueva jornada”.

Sus diversiones

La vida de estos seres especiales, no sólo se circunscribe a la atención de pacientes, sino que, como todo mortal, deben darse su tiempo para el esparcimiento.

“Amábamos la naturaleza y creo que cuando salíamos al campo, podíamos estar un par de meses en el sector rural, disfrutando de la caza o la pesca deportiva. Mi padre prefería su Tierra del Fuego, a la cual llamaba ‘mi región’ y que por sus recorridos primero con la farmacia ambulante y luego con los paseos, la conocía íntegramente”.

“Antes de tener vehículo, viajábamos a dedo. Los tres nos ubicábamos a la vera del camino hasta que algún comedido nos llevara. Con el tiempo, tuvimos el primer vehículo, un Austin A 40, con el cual se nos hizo más fácil realizar este tipo de aventuras rurales”.

Sus sanaciones

“Mi papá tuvo un sinnúmero de aciertos en la atención y sanación de sus pacientes. Hay algunos que hoy en día yo atiendo, los cuales, por ejemplo, no podían tener familia. Mediante su tratamiento hoy disfrutan de sus hijos. Algunos tipos de cáncer fueron también tratados con mucho tino y gente desahuciada aún sigue viviendo”.

“Recuerdo el caso de un joven argentino al cual los médicos le diagnosticaron sólo un par de meses de vida y, tratado por mi padre, mejoró totalmente”.

“Su atención, igual que la que yo entrego, comprendía Chile y Argentina, aunque en varias oportunidades lo quisieron llevar a Suiza y hasta la India, pero no quiso viajar tan lejos”.

Entre los famosos que él atendió, se cuenta a Paulina Nin de Cardona, en Chile y a Néstor Kirchner, en Argentina.

En la medida que él atendía, yo seguía aprendiendo ya que me decía: “El día que yo no tenga fuerzas para trabajar en la iridiología, tú me reemplazarás”.

“Estaba muy cansado en los últimos años y creo que adquirí la madurez el día en que él falleció. Quedé desolada, porque él hizo las veces de papá y mamá para nosotros. Comencé a caer en una depresión muy grande por su pérdida y para levantarme debí hacer uso del legado que me dejó y me decidí a ocupar su lugar. Al principio me costó porque tenía mucho temor de asumir este lugar como ‘hija de Mario Gallardo’, lo cual era una responsabilidad muy grande”.

“En todo caso nunca me ha molestado que, hasta la fecha, que sigan conociéndome como la hija de don Mario o la hija de Gallardo, es un orgullo porque él me enseñó todo lo que sé y aprendí, igual que él, a amar mi trabajo. Trato de ayudar a la gente y para hacerlo bien no atiendo muchas personas diariamente porque yo vi lo que sufrió mi padre en los cuarenta años que estuvo en íntimo contacto con sus pacientes. Esa carga negativa lo llevó a la tumba. Creo que a la gente le costaba entender que mi papá era un ser humano que también se podía enfermar y necesitaba paz y descanso. Finalmente, su cansancio de cuerpo y alma lo sucumbió y se entregó a Dios. Ahora, recién descansa en paz”.

“Yo, continúo entregando mis servicios en Chile y Argentina y actualmente, uno de los casos que veo es el de la joven Javiera Mansilla, que padece de un tumor en la cadera que le invade parte de la pierna izquierda. Ella se trató en Valdivia y Santiago, con la medicina convencional y los médicos la única alternativa que le daban era la extirpación de su extremidad. A sus catorce años de edad, me contactó su familia y mediante un tratamiento su problema ha desaparecido casi por completo. Su médico tratante le manifestó que no entendía lo que había pasado y que esto era prácticamente un milagro”.

“Por fortuna en Chile, tanto mi padre como yo, no tuvimos problemas con los médicos ya que nuestro proceder es sano y nunca le vamos a recomendar a un enfermo que deje la medicina convencional, todo lo contrario, le recomendamos que esto lo pueden complementar. Lo importante es que los pacientes comprueben que aplicando un tratamiento como debe ser, pueden sanar definitivamente de sus dolencias”.

La Botica de la Abuela

Un reciente estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) concluye que casi un 80% de las personas que habitan en el planeta, emplean la medicina natural para resolver sus dificultades de salud, circunstancia que no debe asombrarnos si tenemos en cuenta que los fármacos utilizados para el tratamiento de muchas enfermedades, generan muchos problemas.

La medicina natural ha acompañado al ser humano desde su origen, siendo practicado especialmente por nuestras abuelas mediante las plantas medicinales. En Alemania, por ejemplo, la mayoría de los médicos tratan las depresiones y estados de tristeza recetando, en primera instancia, plantas medicinales.

“En nuestra región hay una extraordinaria riqueza en hierbas sanadoras, como la raíz y la hoja de la achicoria silvestre, conocida como diente de león, la raíz del calafate y también su fruto, la zarzaparrilla, la sanguinaria, la caléndula, el llantén, la romaza, etc. son plantas que están en muchos huertos y jardines además de nuestro campo. Son gratuitas, las entrega la naturaleza como una ofrenda de Dios para sus hijos. Hay que ocuparlas”, dice Nidia.

“Comencé a trabajar en esto en el mes de noviembre del año 2010 y seguiré ocupando este legado de mi padre en el mismo sector del barrio 18 de Septiembre donde él atendió, con la complementación de mi tío Ernesto en la venta de las hierbas”.

“Cuento con el apoyo de mi familia: mis hijos Franco, Matías y Vicente”, concluye.