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Odontóloga colombiana Blanca Ríos: “Me adapté tan bien en Punta Arenas que me casé con un magallánico”

Por La Prensa Austral jueves 15 de noviembre del 2018

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Edmundo Rosinelli

Las razones por las que la odontóloga colombiana Blanca Liliana Ríos Arias llegó a vivir a Punta Arenas no son estrictamente económicas, como suele suceder con la gran cantidad de extranjeros que vienen a buscar un mejor pasar, sino, más bien, por una aventura.

En enero, cumplirá cinco años desde que se asentó en Magallanes, decisión de la que jamás se ha arrepentido. Al contrario, pareciera que los mejores años de su vida los ha vivido en Punta Arenas.

“Me vine por una aventura personal, no como la mayoría de los colombianos que lo hacen por un bienestar económico. Lo mío era por conocer. Tenía un contacto que me decía que viajara, que el campo profesional era bueno, así que me decidí y acá estoy”.

Blanca Ríos es de Manizales, una ciudad de la región montañosa del oeste de Colombia, conocida por el cultivo de café, sus eventos culturales, sus calles inclinadas.

“Allá estudié en la Universidad Autónoma de Manizales. Ahora, en diciembre, cumplo 10 años de graduada. Tengo mis papeles convalidados en Chile. Estoy en la Superintendencia de Salud e inscrita en el Registro de Profesionales de Chile y soy miembro del Colegio de Dentistas de Chile.

“¡Gracias a Dios! -prosigue-, apenas llegué pude realizar todos los trámites para ejercer como odontóloga, así que tengo todo al día, incluida mi residencia”.

Muy gentil en el trato y agradable en la conversación, nos confiesa: “Me adapté tan bien en Punta Arenas que me casé con un magallánico y tengo un hijo que en diciembre cumple tres años.

“Esto confirma -agrega- que vine sólo por aventura, porque a quien hoy es mi esposo lo conocí acá y en esta misma clínica, donde un día llegó como paciente”. En mayo cumplen cuatro años de matrimonio.

Económicamente estaba mejor en Colombia, porque allá trabajaba en un cargo equivalente al de seremi de Salud en Magallanes. “Estuve cuatro años y rechacé muchos trabajos porque nunca me gustó el calor, lo odio. Por eso, cuando llegué acá me encantó el clima. Por ese lado nunca he tenido problemas”.

Lo que sí y en lo que han coincidido todas las entrevistadas extranjeras, “es que al comienzo fue difícil entenderlos porque ustedes hablan muy rápido y tienen muchas palabras que las junta. Es ahí cuando me preguntaba qué me dijo la persona, pero gracias a mi esposo me fui adaptando”.

En lo personal no sabe lo que es sentirse discriminada. Jamás lo ha sentido, salvo en una ocasión, cuando fue a un pub y un tipo no le creyó que fuera profesional, mirándola con otros ojos. “Pero fue la única vez, de ahí nunca más”, acota.

Piensa quedarse a vivir en Magallanes porque su proyecto de vida está acá. Ha trabajado en varias clínicas, pero ahora lleva varios años en el Centro Odontólogico Integral de Renato Arce, “donde me siento como en familia, como si fuera mi hogar y me encanta estar acá”.

El lado social lo explota los días lunes, prestando sus servicios en una posta rural de la comuna de San Gregorio, posibilidad que le otorgó el alcalde Edgar Cárcamo.

“El 3 de febrero cumplo tres años haciendo esto, lo que me hace sentir muy orgullosa de poder trabajar en la parte pública”, señala muy contenta y agradecida de esta oportunidad.