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Parque Pali Aike: esculpido por volcanes, habitado por aónikenk y sendero de reflexión

Por La Prensa Austral sábado 17 de marzo del 2018

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Al noreste de la región de Magallanes se esconde un paisaje único con lagunas, cráteres y cuevas

Creado el 23 de octubre de 1970, al recorrer sus instalaciones, tanto a pie cómo en automóvil, es posible el avistamiento de la fauna típica del lugar, provista principalmente de guanaco, zorro gris, chingue patagónico y puma, además de varias aves que prefieren mantener la distancia con los visitantes cómo el carancho, cernícalo y queltehue

Por Roberto Vilches Silva

La vida está llena de momentos y muchas veces no encontramos los lugares perfectos para vivir cada uno de ellos. Pero nuestra región, gracias a lo variado de sus paisajes tiene una espectacular opción a sólo 190 kilómetros al noreste de Punta Arenas. Se trata del Parque Nacional Pali Aike, cuyo nombre en lengua aónikenk significa “Lugar desolado de los malos espíritus”, debido a que presenta a los visitantes un exótico terreno de 5.030 hectáreas, que a primera vista parece una pampa desguarnecida pero al adentrarse en sus diferentes senderos, comienza a convertirse en una experiencia emocionante y única.

Creado el 23 de octubre de 1970, al recorrer sus instalaciones, tanto a pie cómo en automóvil, es posible el avistamiento de la fauna típica del lugar, provista principalmente de guanaco, zorro gris, chingue patagónico y puma, además de varias aves que prefieren mantener la distancia con los visitantes cómo el carancho, cernícalo y queltehue, mientras otras más pequeñas fruto de la curiosidad, se acercan a un par de metros de los caminantes. Todos ellos aprovechan la abundante, pero copiosa flora, en la que destacan arbustos como la murtilla, romerillo, mata gris, mata negra y uno de los más representativos de nuestra región: el calafate.

Al iniciar nuestro recorrido nos encontramos con la impetuosa “Laguna Ana”, debido a sus nueve mil metros de extensión, que son adornados por el dorado de la estepa patagónica y el llamativo color rosado de los flamencos, quiénes encuentran en sus aguas un oasis para alimentarse y refrescarse para emprender nuevamente sus kilométricos viajes. En nuestro caso decidimos tomar distancia con el fotógrafo, para entregarnos la oportunidad de comenzar ese viaje interno por la reflexión.

La Cueva de Pali Aike

A continuación decidimos caminar por el sendero que nos lleva a un lugar lleno de historia, magia y cultura: la Cueva de Pali Aike. Construcción natural que guarda los vestigios más antiguos de la Región de Magallanes y en la que es posible adentrarse para sentir en carne propia cómo los detalles del refugio de las decenas de aónikenk, hace más de once mil años, que encontraron en esta caverna un hogar, un refugio y un escudo ante las bestias salvajes y principalmente frente al más temido enemigo: el duro azote de las tempestades.

Además dentro de este cráter existen varios miradores en los que es posible observar la majestuosidad de este parque, que gracias al viento saluda a los viajeros, mientras las familias de guanacos advierten nuestra presencia a través de un sonido único e inolvidable.

Paisaje volcánico

Para finalizar nuestro viaje nos encaminamos hacia el Cráter Morada del Diablo, el que no sólo impresiona con su nombre, sino también debido a que incorpora en su recorrido fenómenos vulcanológicos, compuestos por un Campo de Conos y Lavas Basálticas, además de grietas enormes y un camino pavimentado por el magma, repleto de oscuros y casi imposibles colores.

Si bien el terreno se torna bastante complicado debido al filo y poca geometría de la roca volcánica, la llegada hasta este cráter nos invita a utilizar todo nuestro cuerpo para poder mantener el equilibrio, lo que le otorga mayor adrenalina a un viaje que en un comienza parecía bastante tranquilo, pero conforme se comienzan a recorrer sus diferentes senderos permite el contacto directo no sólo con la flora y fauna del lugar, sino también con los primeros pueblos originarios de la Patagonia y el paisaje único diseñado hace más de dos millones de años por explosiones volcánicas.