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Pedro Chiguay Lincomán, el campesino que fue premiado por Salvador Allende y cumple 102 años

Por La Prensa Austral viernes 13 de septiembre del 2019

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Trabajó en la estancia de José Grimaldi

Por Mario Isidro Moreno

El vate magallánico José Grimaldi, en parte de los versos de su poema “El Ovejero de mi Tierra”, dice: “Yo lo he visto muchos días/empeñado en su tarea/y lo he visto muchas noches/contemplar a las estrellas/solitario y pensativo/siempre tras de sus ovejas/es un rey sin trono fijo/el ovejero de mi tierra.

¿No habría inspirado estas estrofas en uno de los trabajadores de su estancia Los Canelos?

Concuerdan los versos con un peón chilote, que en la década de 1940 laboró en el campo ganadero de Grimaldi, ubicado en la península de Brunswick y que además de ser un notable y laborioso trabajador, portaba en su alma la melancolía de una familia ausente que estaba en Yaldad, en el sector de Quellón -Chiloé-.

Se trata de Pedro Otilio Chiguay Lincomán, quien el domingo 8 de septiembre cumplió 102 años de vida; una larga existencia que, debido a su ausencia de recuerdos motivada por su longevidad, nos fue narrada por su esposa Estelvina, casi centenaria también -98 años-, sus hijos Runilda, Belaisa, Marisol del Carmen y su nieta Roxana, que se reunieron en su hogar de calle Mariano Egaña, en el barrio 18 de Septiembre, para recibir nuestra visita.

Allí estaba también su hijo Hugo, residente en Río Grande, República Argentina, donde trabaja como instalador sanitario y participa con su esposa Elena Gallardo y su hija Solange en el Conjunto Folclórico Tierra y Hermandad, integrado por chilenos residentes.

Pedro Otilio nació en Yaldad, localidad de la comuna de Quellón, en el Archipiélago de Chiloé, el 8 de septiembre de 1917, del matrimonio compuesto por Juan de Dios Chiguay Alvarado y Carmen Lincomán Low.

Su juventud la dedicó a colaborar con sus progenitores en las tareas propias del campo y, en sus ratos libres se desempeñó como fiscal de la iglesia de su pueblo (los fiscales son adultos escogidos por el párroco para que en su ausencia reúna a la comunidad para orar, administre el bautismo, asista a los moribundos, etc. Los fiscales de Chiloé son la institución laical más antigua de la Iglesia Católica de Chile cuya fundación se remontaría al 17 de diciembre de 1621, fecha en que el gobernador Pedro Osores de Ulloa -por providencia fechada en Penco- permitió a los Jesuitas la potestad de nombrar fiscales.).

Además de ello fue un gran deportista, integrante del equipo de fútbol con el cual viajaba a otras islas representando a su localidad. Muchas de las copas ganadas quedaron en poder de la iglesia del pueblo.

Otra de sus características fue la ejecución musical, puesto que dominaba el acordeón, la guitarra y la flauta, instrumentos con los cuales amenizaba las fiestas de los alrededores.

Su familia, nos cuenta que los tíos de Pedro Otilio le enseñaron a ejecutarlos y con varios familiares formó un grupo musical.

Emigra a la Patagonia

A la edad de 23 años, decide emigrar a otras tierras para darle mayor bienestar a una familia que ya había formado. Se traslada a la Patagonia e inicia una serie de labores que le permiten, esporádicamente, regresar a Chiloé junto a su prole.

María Estelvina Llancalahuén Tecay, su esposa nonagenaria, viaja con sus añoranzas a un pasado lejano y nos entrega los secretos de su matrimonio.

“Con Pedro nos conocíamos desde niños, ya que vivíamos en el mismo sector y asistíamos a la misma escuela. Cuando él tenía 22 y yo 18 años, decidimos casarnos. Para ello, su madre y unos padrinos fueron a pedir mi mano donde mis padres.

“Cuando fui autorizada para el casamiento, de acuerdo a la tradición, yo me trasladé a casa de mis padrinos que se hicieron cargo de mí hasta el matrimonio por el Registro Civil y de la iglesia, luego de lo cual me entregaron a mi esposo que me llevó a su casa al anca de su caballo.

“El siempre fue un buen hombre, muy alentado y trabajador, excelente padre. Yo lo acompañé en todo, porque quería, al igual que mis mayores, colaborar en las actividades de campo, siembras de papas, trigo y su trituración en un molino de piedra que tuvimos. Hasta participé en las labores de un aserradero, en base de agua, que instaló junto a su hermano. Yo, era hombre y mujer y no tuve problemas en manejar el arado para sembrar las papas.

De nuestro matrimonio nacen 10 hijos, de los cuales hoy hay tres fallecidos. La última hija, Marisol del Carmen, nace en Punta Arenas”.

La hija mayor

María Runilda, su hija mayor, hace memorias del viaje familiar desde Chiloé a Magallanes: “Nos tocó una época muy mala en nuestras siembras, donde especialmente las papas se quemaron con la escarcha y les entró el tizón, enfermedad producida por un parásito que las infecta. Ante la pérdida de ello, papá decide trasladarse en forma definitiva a la zona austral y nos dice: “¡Yo me voy a Punta Arenas. El que me sigue, me sigue y el que desea quedarse, que se quede!”.

Decidimos venirnos todos y viajamos en la motonave Navarino. Primero, de Yaldad nos fuimos a Castro en un barquito de nombre Trinidad. Allí debimos esperar más de un mes para tomar el Navarino. El viaje fue placentero hasta llegar al golfo de Penas, donde, por razones de seguridad, nos encerraron en las bodegas del barco y ahí veníamos acurrucados en grupos, junto a otros viajeros.

Luego de una semana de navegación, llegamos a Punta Arenas en vísperas de Navidad”.

Pepe Grimaldi

Hurgueteando sus recuerdos, logramos algunas declaraciones de Pedro Otilio Chiguay:

“Me encantaba la vida del campo y el trabajo con animales ovinos, vacunos y caballares y, más aún, teniendo como patrón a José Grimaldi, una excelente persona. Comencé a trabajar en el aserradero de la estancia, luego fui tropillero, más adelante ovejero y llegué a ser capataz.

“Con el tiempo, y con el afán de visitar otros lugares de la región, me fui a trabajar a la estancia María Consuelo, de la isla Tierra del Fuego. Mi amigo Manuel Suárez, me ofreció desempeñarme como encargado de un lote y allí desempeñé mi labor de campo. Allí estuve alrededor de 10 años. Postulé a la Reforma Agraria y fui favorecido con asignación de tierras y nos fuimos con la familia, como socio, a la Cooperativa Cañadón Grande.

A los hijos de Pedro Otilio, les encanta rememorar los días de su permanencia en Cañadón Grande, comuna de San Gregorio, ya que por fin, la familia estaba reunida totalmente.

“Nuestro padre había integrado un curso de capacitación profesional en Inacap, y se encargó de levantar las 63 casas del poblado, comenzando con la nuestra. Eso, antiguamente, era una sección de la estancia Punta Delgada.

“Era un paraje extraordinario. En esos tiempos, sin el problema de la marea roja, podíamos mariscar las cholgas y choritos que estaban al alcance de la mano a unos metros en la orilla de la playa. Lo único que había que tener cuidado con el mar, porque de improviso subía la marea y dejaba aislados en islotes a los mariscadores, que debían dejar su producto y escapar rápidamente hacia la playa.

“En ese tiempo, nuestro progenitor fue elegido como presidente de la Federación Campesina de Magallanes y, como tal, con su secretario, Domingo Rubilar -padre-, debió viajar a la capital en representación de los trabajadores de campo de la región.

“En la ocasión, fue felicitado por el Presidente Salvador Allende, recibiendo del Primer Mandatario el obsequio de un par de hermosas espuelas chilenas con sus respectivas taloneras, las cuales hoy luce en una pared de nuestra casa.

“En la época de 1973, cuando la cosa se puso fea, debíamos tratar de obtener, de alguna manera, los alimentos para la familia y para ello nos íbamos caminando hacia la cercana frontera con Argentina y, cruzando la alambrada llegábamos hasta la pulpería o economato de la estancia Cóndor donde adquiríamos especialmente azúcar y leche.

“La familia comenzó a disgregarse con motivo de los estudios de algunos de los hijos que debían estar en Punta Arenas.

“El 2011, nuestro padre fue distinguido por la Municipalidad de Punta Arenas y el Centro Hijos de Chiloé, recibiendo un galvano de manos del alcalde Vladimiro Mimica y del presidente del Centro, Manuel Ulloa”.

Una familia de 56 integrantes

Finalmente, Pedro Otilio Chiguay Lincomán, nos expresa:

“Al cumplir casi 80 años de feliz matrimonio, puedo decir que tenemos con mi mujer una hermosa descendencia. hijos, nietos, bisnietos y un tataranieto. Una familia de 56 integrantes y, el orgullo principal es que todos tienen una profesión digna, entregada a través de nuestro esfuerzo.

“Mis últimos años los he dedicado, como pasatiempo, a la carpintería, fabricando mesas, sillas, puertas y ventanas y cultivando junto a mi esposa papas y verduras en una parcela de agrado que poseemos. Nuestra casita, entregada por el regidor Ernesto Guajardo Gómez en la población 18, la construimos juntos, pero, como en ese tiempo yo trabajaba en estancia, mi esposa fue ayudada a levantar la vivienda por su familia.

“Mi nieto Marco Antonio, sigue la herencia musical y ya ha participado en festivales y este año quedó preseleccionado al Festival de la Patagonia con la canción “Amor Sureño”, y su hija Mailén ha cantado en el Festival Salesiano, de tal forma que la familia, tiene tradición musical para rato”.