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Perro pastor que salvó a las ovejas en Uruguay llegará a Chile

Por La Prensa Austral martes 16 de julio del 2019

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Costó. Nadie creía. Hubo resistencias. Las malas experiencias antecedían. Pero el Maremmano-Abruzzese finalmente ganó y hoy su ladrido protege los piños de las ovejas uruguayas ante zorros, jabalíes, gatos salvajes, caranchos y principalmente perros asilvestrados que abundan y crecen sin ley, al igual que en la Patagonia chilena.

“He repartido 700 perros entre los productores y bajamos en más de un 90% la muerte de animales por depredadores”, dice Andrés Ganzabal, ingeniero agrónomo de Inia Uruguay.

Habla orgulloso del animal que se confunde entre las ovejas y recorre entre 15 y 25 kilómetros en una noche ante la sospecha de depredadores. “Atleta de tiempo completo al servicio de nuestros ovinos”, precisa.

Es tal su mimetismo y vínculo con el rebaño que lame las crías al nacer y se come la placenta de la oveja.

Dueño de un ladrido estremecedor ahuyenta a enemigos y da seguridad a la majada que pasta tranquila mientras él, hace su trabajo.

“Lo importante es una buena crianza, la impronta”, advierte Ganzabal. Pone pausa. Mira fijo a sus interlocutores y repite: “Buena crianza, de lo contrario mejor ni intentarlo”, insiste a los cincos pequeños ganaderos de Tierra del Fuego que hipnotizados siguen el relato.

Nicolás Levill (27) en diciembre perdió 20 ovejas, Luis Gallardo (36) encontró hace un mes cerca de treinta ovinos con mordeduras, la mayoría murió por infecciones. Pedro Cuevas (66) contabiliza una triste historia de más de 1.200. Nataly Gallardo (35) y Rubén (49) suman otra decena. Todos fueron víctimas de perros asilvestrados en Tierra del Fuego, la isla más grande de Chile ubicada a más de 3.289 kilómetros de Canelones, Uruguay.

Fueguinos conocieron experiencia de sus pares

Durante doce días, gracias al programa de transferencia para el desarrollo tecnológico y productivo AFC Magallanes, los fueguinos conocieron la experiencia de sus pares que, con desconfianza primero; y entusiasmo después le creyeron al ingeniero Ganzabal y adoptaron los perros, siguiendo al pie de las letras las instrucciones.

Luis Picone (63) fue uno de ellos. Tocó piso y dejó la ganadería ovina, primero por los depredadores, luego por el abigeato y finalmente por la baja que tuvo la lana. Hace diez años comenzó una recuperación explosiva con la raza Frisona Milchschaf y así aconseja a quienes quieran incursionar en la producción ovina: “Nosotros decimos hoy a todo el mundo que primero lleve los perros y después las ovejas al establecimiento. Los perros del ingeniero me salvaron”.

No se trata de un perro de trabajo que ordena el piño con silbidos como ocurre en la estepa austral, sino que de un cuidador innato, instintivo, capaz de tomar decisiones.  Originarios de la Italia Central y con una muy antigua historia como protectores de rebaños, hoy en esas latitudes todavía son puntales insustituibles de la producción ovejera, protegiendo entre otras cosas del ataque de lobos.

Edgardo Maquisi (49) también de Canelones, pequeña localidad sureña, ubicada a 50 kilómetros de Montevideo, recibió hace una década un cachorro, siguió todas las instrucciones y hace ocho años está en cero por muerte de ovejas por depredadores.  “Es un buen perro. Me da seguridad y tranquilidad. Pero hay que cuidarlo. Hacerle cariño al menos una vez al día. Es un integrante más del rebaño”, valora.

Los cachorros no se venden. “Nosotros en el programa creemos que los daños económicos por depredadores son graves para el productor, así que cuando los entregamos no hay pago, pero sí el compromiso de cuidarlo, y las crías entregarlas a otro ganadero, en un circuito asociativo y de solidaridad. Y cada vez que hay un problema nos llaman y le ayudamos en la formación del pastor. Todo lo que sabemos es gracias a la sociedad que tenemos con los productores”, explica Ganzabal.

“Socialización”

A los cuarenta días al cachorro hay que colocarlo en un corral con borregas, la idea es que forme parte del proceso.  Luego viene la “socialización” con todos los animales del campo. El perro totalmente formado y maduro está al año y medio aproximadamente.  De ahí tiene entre 5 y 6 años de trabajo, “después hay que jubilarlo para no exigir al animal, es una recompensa que se ganó por todo lo que hizo”, precisa Ganzabal.

En Magallanes algunos productores han intentado con el Maremmano, pero no lo han hecho bien advierte Nicolás Levill, criador de perros ovejeros y ganador de varias competencias tanto en Chile como Argentina.

“Algo se intentó hacer en Magallanes, pero se hizo mal, no hubo educación ni compromiso con el animal. Y lo que he visto me tiene muy entusiasmado, al punto que pensamos trabajar con él, porque el daño económico de los depredadores no tiene límites”, explica Nicolás Levill, ganadero e instructor de perros ovejeros.  Sus compañeros de gira refrendan el compromiso y esperan llevar al animal a la isla.

Si bien, hay muchas razas de pastores, el Maremmano- Abruzzese predomina hoy en los campos de Uruguay. Entre los cuidados que exige el programa destaca el preservar líneas genéticas, con especial cuidado en que los procesos de cría no involucren consanguíneos, de igual forma utilizan reproductores perros que provengan de padres funcionales y que hayan demostrado su utilidad.

Por su parte, Fabián Salazar, ejecutivo de Indap Magallanes, valoró el intercambio realizado en Uruguay y aseguró que “ya están los contactos, ahora son los propios ganaderos que tienen la palabra y la posibilidad de replicar tecnologías. No sólo en lo que respecta al uso del perro pastor, sino que en inseminación artificial, manejo de predios intensivos y otros aprendizajes obtenidos en la gira”, precisa.

En el lugar no está la estepa baldía de Tierra del Fuego. Sí, mucho pasto, alfalfa, avena y una ganadería intensiva que empieza a repuntar de a poco y que supera hoy los 6 millones de ovejas, gracias al perro pastor que vuelve gallardo a los pastos del Uruguay.