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Prefecto de Magallanes deja la zona llevándose a una hija nacida en Punta Arenas y en su alma la bandera regional

Por La Prensa Austral domingo 15 de enero del 2017

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Coronel Rodolfo Lobos besó el dedo del indio patagón de la Plaza y comió calafate, porque desea regresar

Nacido en la aridez de la Región de Antofagasta, creció en el verdor de la Región del Maule, junto a sus abuelos. Siguiendo el ejemplo de su padre, también carabinero, ingresó a la institución policial empujado por su vocación de servicio público

El coronel Rodolfo Lobos Arcos, prefecto de Magallanes, es un ser humano que se emociona fácilmente con todo lo afectivo; una persona que ha dedicado su vida a servir al prójimo vistiendo el uniforme de Carabineros de Chile.

Nos recibe en su oficina donde prepara todo lo concerniente a su próximo traslado, por cuanto deja la región en los días venideros, a una nueva destinación que le ha asignado el alto mando institucional.

Abre su alma para regresar en los recuerdos a una infancia lejana, que le trae reminiscencias del árido desierto del norte de Chile y de los verdores de la zona central; ya que nace un 16 de marzo de 1967 en María Elena, Región de Antofagasta, donde prestaba servicios su padre, como funcionario de Carabineros. Afectado por el árido clima del desierto, mientras su progenitor tramitaba un traslado a la zona central, viajó a vivir con sus abuelos en la ciudad de Talca.

El pequeño Rodolfo, junto a su mamá y su papá, este último también carabinero.

“Viví una feliz infancia con el regaloneo propio de los abuelos y disfrutando de la vida simple y provinciana, con muchos amigos de mi edad con esas entretenciones sencillas como revolcarse en el pasto o en la tierra, o pasando tardes enteras jugando con una pelota de trapo, a las bolitas, al trompo o al emboque.

“Mi padre, Rodolfo Lobos, tuvo origen campesino en la localidad de Duao, balneario y caleta ubicado en la comuna de Licantén, Región del Maule y que en mapudungun significa “asunto por tratar”. Allí, había que comercializar los productos de la tierra en la feria de Talca, transportándolos en caballo o en carretela. Mi progenitor permaneció en ese lugar hasta su ingreso a Carabineros de Chile.

“Mis abuelos maternos vivían en Talca y, cercano a nuestra vivienda, había una cancha donde iban hacer instrucción los carabineros alumnos. Yo concurría a presenciar estas actividades y mi abuelo, pensando que esto influía en mí, además de tener un padre policía, me fabricó una carabina de madera para que yo marchara, imitando a los uniformados.

“Creo que, en todo caso esa especie de llamado nace desde los inicios de la vida, especialmente cuando uno tiene un referente, un modelo, en el caso mío mi padre, que me entregó la imagen del carabinero comunitario; aquel que sin importar si había movilización, llámese caballo o vehículo, salía a recorrer la población, entrevistándose con la gente para conocer sus problemas, actividad que en ocasiones contaba con mi compañía.”

Su ingreso a Carabineros de Chile

El padre del coronel Lobos, obtuvo su traslado desde María Elena a Chimbarongo, en la Región de O’Higgins y también prestó servicios en Yerbas Buenas y en Roma (localidad de la Sexta Región).

Sus estudios los realizó en colegios católicos en Talca y San Fernando. Lo de buen discípulo lo mantiene hasta hoy, ya que paralelo a su labor institucional estudia Ingeniería en Administración de Empresas en la Universidad Mayor, habiendo pasado a segundo año.

Mientras tanto, su hijo, con su norte ya fijado, una vez terminada su enseñanza media le interesó ingresar a Carabineros de Chile, no importando como, incluso intentando alistarse en el Grupo de Instrucción, pero finalmente se matriculó en la Escuela de Carabineros como Aspirante a Oficial.

“Creo que lo más difícil de tomar esta determinación fue salir de mi casa a los 18 años, extrañar el regaloneo del hogar y compartir un régimen disciplinario que, en todo caso, ya lo había adquirido con mi padre que me exigía ayudar en los quehaceres, cumplir horarios y siempre trabajar y estar preocupado por la gente. De ahí nació mi vocación y hasta el día de hoy eso me encanta.

“Sin lugar a dudas que, luego de finalizado el primer período de instrucción, donde las primera semanas lo hacen preguntarse a uno –aguanto o no aguanto- lo más extraordinario y emocionante fue la ceremonia de entrega de espadines. Allí estaban mis padres, mi abuelo y hermanos, en los cuales vi el orgullo que sentían por esta etapa lograda por mí. Confieso hidalgamente que más de una vez de mis ojos asomaron lágrimas en la soledad de la cuadra -dormitorio de los aspirantes- echando de menos el hogar y la familia. Pero salí adelante y tuve la satisfacción de ser brigadier y luego de dos años y medio, en una promoción extraordinaria egresé de subteniente, nuevamente con el corazón inflado de honor de ver a mis viejos acompañándome en tan significativa etapa de mi vida.”

El subteniente Lobos, fue destinado a Curicó, donde permaneció un año luego de lo cual fue trasladado a Estación Central, “donde las papas queman”, ya que la capital tiene otra contingencia y especialmente ese sector donde Carabineros cubre los servicios de la famosa Villa Francia, desempeñándose además en la Comisión Civil, en los piquetes, etc.

Un casamiento a la chilena

El enlace matrimonial entre Pilar Vergara y Rodolfo Lobos se efectuó en Alhué.

“Luego de la experiencia de la Estación Central me fui a una Tenencia de un pueblito pequeño, Villa Alhué, al sur de la provincia de Melipilla, un lugar con mucha historia y folclore. Una experiencia maravillosa con una extraordinaria integración con los vecinos que marcó un hito muy importante en mi carrera. Viajé a ese lugar, ya de novio, y ahí me casé con Pilar Vergara, a quién había conocido cuando desempeñaba mis servicios en el sector de Estación Central. Me la presentó la novia de un amigo. Ella era vecina de la Comisaría y la verdad es que, al principio, me ignoró por completo pero, conversaciones por aquí y miraditas por allá, terminamos pololeando. Hablamos con sus papás y pedí su mano, como corresponde a un caballero. Decidimos que el matrimonio fuera en Alhué, por lo que yo quería casarme de huaso, pero mi superior de esa época me señaló: -Te tienes que casar de uniforme. El enlace fue en una iglesia de mucha historia levantada en el año 1754. Cuando salimos del templo con mi señora, esperamos abordar el automóvil clásico de los novios, pero nos encontramos con la sorpresa que estaba dispuesto para nuestro tradicional paseo un carruaje de la época de la colonia, tirado por dos caballos blancos y, como escolta, dos carabineros lanceros. Era el regalo que nos tenía el personal de mi Unidad. Fue, sin lugar a dudas, un acontecimiento inolvidable tanto para mí como para el pueblo”.

Melipilla, Viña del Mar, Santiago, Temuco y Curicó, fueron sus próximas destinaciones. En la Región de la Araucanía permaneció por cinco años, donde llegó a su vida su hija María Pilar.

En esa zona el coronel Lobos realizó una gran labor con las distintas colectividades mapuches, logrando un especial acercamiento hacia esos grupos que muchas veces son estigmatizados y con los que Carabineros no tenía cercanía, alcanzando importantes logros de amistad, participando incluso, junto a su esposa, en sus reuniones y ceremonias, como la celebración del Año Nuevo “We tripantu” con la comunidad Huete Rucan.

Destinacion: Punta Arenas

“Un día, a finales del año 2013, fui notificado de mi traslado a la ciudad de Punta Arenas. Con mi esposa nos mostramos felices con este nuevo desafío, porque nunca le hemos querido torcer la mano al destino y arribamos a esta tierra un día 4 de enero del año 2014. La primera impresión, que creo que a muchos les ha tocado vivir, es que, cuando nos bajamos del avión y, luego de casi cuatro horas de viaje, se encuentra uno con una inmensa pampa donde se siente la lejanía y con una población que tiene su propia idiosincrasia. Uno piensa que todas las regiones tienen algo en común pero este lugar es totalmente distinto”.

La emoción y un indisimulado orgullo humedecen los ojos del coronel Lobos, cuando recuerda los consejos y el ejemplo de su padre:

“Tengo muchas cosas que saco de él y otras que aprendí de él. Me emociona recordar sus palabras.

-Mira hijo, cuando tu vayas a un lugar conoce a la gente primero. Uno, para ser carabinero, debe conocer dónde está y cómo vive la gente. Para eso tienes que salir-

Palabras muy acertadas que he aplicado siempre.

Ya en esta región me dediqué a conocer su pueblo, su historia y su geografía, teniendo el privilegio de haber visitado los cuatro puntos cardinales de esta tierra y la totalidad de los cuarteles de la institución en este fin del mundo”.

Un aspecto de la Jornadas Magallánicas, donde Carabineros aportó su granito de arena para el éxito de la cruzada solidaria.

Su labor en medios de comunicación

Admirador del tema comunicacional, una experiencia lograda en un año sabático en el cual, habiendo integrado un curso de locución y desempeñado labores en unas emisoras AM de San Fernando, le ha permitido incursionar también en televisión. Esta cierto que entre los medios y Carabineros de Chile, tiene que existir una alianza importante, porque es necesario -dice- dar a conocer a la comunidad la ayuda que queremos de ella.

“Mi participación en el programa del canal ITV Patagonia parte de una conversación con el suboficial (Luis) Castillo, de Carabineros, con el cual acordamos ver la posibilidad de hacer un espacio televisivo y previa la autorización del Jefe de Zona y gracias al medio informativo que nos dio el espacio, pudimos mostrar la otra faceta de Carabineros, en un programa ameno y productivo que, dentro de una conversación trivial, les fue entregando mensajes importantes a los televidentes.

“Tengo, para recordar, tres hitos dulces importantes en mi vida que me hacen ser un hombre feliz: mi matrimonio, el nacimiento de mi hija María Pilar y el nacimiento de mi hija magallánica María Jesús, de las cuales somos “padres de corazón”, por la calidad de progenitores adoptivos, de lo que nos sentimos plenamente orgullosos.

Los momentos de agraz, son haber visto la muerte de muy cerca, no en mí sino en mis camaradas fallecidos en actos del servicio; también ver horribles accidentes de tránsito y familias destrozadas por la desgracia. Ver a nuestro personal sufriendo pero, aún así incólumes, entregando el servicio público. La gente ve al carabinero siempre vestido de uniforme, pero no se da cuenta que son también seres humanos”.

Un concepto de raíz magallánica

Luego de tres años en la zona, el coronel Rodolfo Lobos Arcos se ausenta de Magallanes para cumplir una nueva destinación.

“Para nosotros, este tiempo pasó como en un abrir y cerrar de ojos. Extrañaremos mucho a la gente de esta tierra de la cual hoy nos sentimos parte. Llegué siendo un carabinero que no se explicaba este concepto de “República Independiente” y ahora me voy entendiendo perfectamente el porqué: la lejanía, la falta de conectividad y las inclemencias del tiempo que debe sufrir el magallánico tiene sus grandes complejidades.

“Dejo un mensaje a mis carabineros: abrácense de sus familias, estrechen sus vínculos; crean en su labor para que salgan motivados a trabajar y, a quienes recién arriban a estas latitudes, conozcan bien a la gente, su historia y sus características especiales, porque al habitante austral se le gana con buen trabajo, transparente y cercano, porque los magallánicos, cuando quieren, quieren de verdad y cuesta dejar que se vayan aquellas personas que han ganado su afecto. Es lo que a mí me está pasando. Yo, quiero volver algún día, porque me llevo mi bandera de Magallanes y mi hija magallánica y aquí, dejo una parte de mi corazón”.

Bautizo de su hija magallánica María Jesús, en Curicó.