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Primeros años del Club Aéreo de Magallanes y su repercusión en el austro

Por La Prensa Austral viernes 14 de junio del 2019

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Por Víctor Hernández

Sociedad de Escritores de Magallanes

Se ha escrito muy poco sobre una institución señera en el progreso de la provincia, cuyos primeros integrantes sentaron un precedente a nivel nacional y mundial en la aeronavegación, en un período histórico conocido como de entre guerras, (1918-1939), y en donde Magallanes intentaba salir de su letargo, buscando en la aviación, el medio de comunicación y transporte, para unir de forma expedita al austro con el resto del país y el mundo entero.

Todo lo anterior, formó parte del gran proyecto de desarrollo aéreo creado por el comodoro Arturo Merino Benítez, y del que hemos reseñado en crónicas precedentes. Vale la pena recordar que el 16 de diciembre de 1930 se inauguró el Grupo de Anfibios Nº2, y en los meses siguientes, cobró fuerza la idea de crear un Club Aéreo en Punta Arenas, luego que el teniente Adalberto Fernández y comitiva finalizaran la instalación del hangar de Cabo Negro y el capitán Santiago Leitao retornara de Santiago con la promesa del Presidente Ibáñez y del comodoro Merino de dotar a la escuadrilla con dos aviones Curtiss Falcon y un biplano Gipsy Moth para el naciente Club. Al respecto, en la página 549 del tomo II del libro “Historia de la Fuerza Aérea de Chile” se lee: “A los pocos días de su regreso, se llevó a efecto la reunión constitutiva del Club Aéreo de Magallanes, en las oficinas de la Comandancia de la Escuadrilla de Anfibios Nº2, lo que señala en forma evidente el interés y apoyo de la Fuerza Aérea para impulsar la aviación deportiva. En esta reunión, que se efectuó el sábado 23 de mayo de 1931, a las 18,30 horas, se eligió el primer directorio que quedó presidido por el capitán Santiago Leitao, acompañado por el Sr. Manuel Chaparro Ruminot, intendente de la provincia, en calidad de vicepresidente; el teniente 2º Arturo Meneses K. como secretario y los señores Alfredo Landolt, Alfonso Suárez y Cipriano Arias, como directores”.

Grandes proezas de los aviadores civiles

El 1 de abril de 1932 fueron aprobados los estatutos del Club Aéreo de Magallanes, (llamado así y no de Punta Arenas, por cuanto a la ciudad se le había modificado su nombre, temática a la que nos referiremos en las próximas semanas), lo que permitió iniciar actividades de acuerdo a las prerrogativas de la nueva ley de Aeronavegación, emanadas del Decreto con Fuerza de Ley, Nº221, promulgado el 15 de mayo del año anterior, y que en la práctica determinó los requisitos de operación para aeropuertos y aeródromos, la existencia de tribunales aeronáuticos y el establecimiento futuro de un servicio meteorológico. Superados algunos contratiempos, el 29 de octubre de 1932, Carlos Fischer y Tomás Saunders recibieron su brevet que los consagraba como los primeros pilotos civiles formados por la institución. Como antesala, en esos meses iniciales, el club participó de las actividades del vigésimo aniversario de la ciudad de Puerto Natales (1931) y de los cinco años de fundación de la Confederación Deportiva de Magallanes (1932).

Connotados vecinos se incorporaron al club en los años venideros: Enrique Abello, Francisco Bermúdez, Franco Bianco, Félix Bonifetti y Arturo Solo de Zaldívar, conformaron junto a Fischer y Saunders, el primer contingente de aviadores australes que señalaron con habilidad, coraje y pericia nuevas rutas aéreas y la posibilidad cierta de sacar a la provincia de su histórico aislamiento geográfico. Estos pilotos fueron los primeros estafetas de la Patagonia, quienes establecieron con regularidad el correo aéreo en la zona, trasladando a peones y jornaleros a las diversas estancias diseminadas en la agreste estepa magallánica. Empero, ello no impidió que varios de sus integrantes consumaran hazañas que tuvieron honda repercusión nacional y mundial.

Los célebres vuelos al centro del país

En la actualidad, en Punta Arenas se realizan prácticas de aeromodelismo. Foto cedida

Una de las páginas más memorables de la historia aeronáutica mundial fue escrita por un joven piloto magallánico que acababa de cumplir los veintisiete años. Franco Bianco, al mando de su pequeño avión Miles Hawk Trainer de 130 hp, placa CC-FBB, bautizado por el novel aviador como “Saturno”, efectuó la proeza de unir un 7 de junio de 1936, por vez primera, en un vuelo sin escalas, que tuvo una duración de 9 horas y 53 minutos, las localidades de Punta Arenas y Puerto Montt. No conforme con este logro, (que a esas alturas causaba expectación mundial) Bianco prosiguió su raid al norte del país, aterrizando dos días después, en el aeropuerto de Los Cerrillos, donde fue agasajado por el comodoro Arturo Merino Benítez. Las muestras de reconocimiento y asombro se sucedieron. El diario El Mercurio, en su editorial del 19 de junio dedicaba una extensa nota al piloto magallánico que en lo medular señalaba:”Para quienes conocen la región magallánica la sola idea del raid de aviación por la línea cordillerana, sin acompañante, abriéndose el mismo piloto su ruta a través del espacio nunca explorado, esa sola idea tiene contornos fantásticos”.

En lo conceptual, el vuelo de Bianco posibilitó conectar a Chile a través de sus cielos, e incorporó a Magallanes con el territorio nacional, sentimiento que expresó al Presidente Arturo Alessandri, al recibirlo en La Moneda, el 15 de junio.

“Yo me siento premiado con realizar este vuelo, que me ha permitido mostrar nuestro deseo de un mayor acercamiento a nuestros hermanos del norte y desvanecer la falsa idea que los magallánicos éramos unos separatistas, cuando todos somos chilenos y patriotas”. Esta idea la sintetizó El Mercurio en otro titular alusivo: “El raid de Bianco se inscribe con pleno derecho entre las proezas aéreas de nuestra patria, y ya que la modestia singular del piloto quiso que su hazaña se realizara en silencio, sin bullicio ni publicidad, es de justicia destacarla en toda su magnitud, y señalar al valeroso hijo de Magallanes como un precursor de ese futuro, por el cual esa rica región del territorio, se encuentre por virtud de la rapidez de las comunicaciones a pocas horas de distancia de la capital de la República”.

Unos días más tarde, Franco Bianco al mando de su “Saturno” cruzaba la Cordillera de los Andes con el propósito de llegar hasta Buenos Aires, adonde aterrizó el 24 de junio, el mismo día que la capital trasandina conmemoraba el vigésimo aniversario del primer cruce en globo de aquel macizo, logro alcanzado por los pioneros de la aeronáutica, Eduardo Bradley y Angel Zuloaga. Aquí, el aviador austral fue entrevistado por diversas radioemisoras porteñas. Una vez cumplida su labor de difusión, emprendió un histórico viaje de regreso por la Patagonia argentina arribando al aeródromo de Bahía Catalina un mes después de haber salido de su tierra natal. En Punta Arenas, se le tributaron las más increíbles manifestaciones de admiración y aprecio popular, siendo declarado Hijo Ilustre por la Municipalidad de Magallanes. A fines de ese año 1936, recibió de parte de la Asociación de Aeronáutica de Francia la máxima condecoración que podía distinguir a un piloto civil en tiempos de paz, el premio Harmon, obtenido en conjunto con el excéntrico Howard Hughes, retratado siete décadas más tarde, en la famosa película “El aviador”.

La proeza de Franco Bianco estimuló a otros arriesgados aviadores civiles magallánicos, Tomás Saunders y Francisco Bermúdez, para que efectuaran también sus propios viajes a Santiago en sus pequeños aviones de turismo. El reconocido historiador aéreo Alberto Fernández Donoso, en su texto “La Aviación en Magallanes”, describe ambos episodios:

“…el 18 de junio de 1938, con las primeras luces del alba, Tomás Saunders despegó en su Miles Straight con destino a Santiago. Siguiendo una ruta transpatagónica que habría de llevarlo a Río Gallegos y Comodoro Rivadavia donde pernoctó, Saunders siguió a las 8am., del día siguiente a Puerto Montt, cruzando la cordillera por el paso Peulla. Finalmente, -dice en página 219- el piloto puntarenense consiguió arribar sin novedades al aeropuerto de Los Cerrillos, con las últimas luces del crepúsculo, a las 18.20 horas, tras una breve escala en Puerto Montt”.

En relación al bravo piloto del pequeño avión Caudron que arribó a Santiago el 13 de octubre, Alberto Fernández escribió en página 221: “Durante el raid, Francisco Bermúdez ensayó una nueva alternativa aérea al salir de Río Gallegos al amanecer del día anterior, directamente a la capital de Llanquihue, atravesando la cordillera por Palena a no más de 100 metros sobre las filudas montañas y soportando las duras condiciones meteorológicas imperantes en ese sector”.

La brigada juvenil Franco Bianco

Algunas décadas más tarde, como una manera de adquirir, integrar y preservar los valores que destacaron a este prócer de las alas australes, se creó el 9 de junio de 1974, la Brigada Juvenil Franco Bianco, que operó en torno a la Fuerza Aérea de Chile, con asiento en la Base de Bahía Catalina, primero, y Chabunco después, en donde jóvenes de ambos sexos, sin distingos políticos, económicos, raciales o sociales, y de forma voluntaria, se reunían los fines de semana para recibir instrucción con respecto a la disciplina, la historia y valores que posee esta institución militar chilena. Este noble cuerpo que fue descontinuado en el tiempo, y que personifica al héroe austral, surge nítida en la memoria de quienes, tomaron parte de sus filas.

Inicio de los primeros concursos de aeromodelismo

En el invierno de 1942, cuando las noticias de prensa y radio sobre el dramático desarrollo de la Segunda Guerra Mundial acaparaban el interés de los magallánicos, el Club Aéreo de Magallanes organizó el primer concurso de aeromodelismo. Al respecto, el diario La Prensa Austral en su edición de 8 de julio reseñaba la siguiente nota: “El principal número de la prueba lo constituía la competencia de vuelos con motor a goma en la que se ponía en disputa el premio “Campeón”, que consistía en un hermoso avión diseñado por el campeón mundial de aeromodelismo Van Wym y donado por el conocido sportman local, señor José Camelio”.

El primer lugar lo obtuvo Guillermo Davison con su modelo “Nórdico”. También hubo participación en otras categorías. En Planeadores venció Osvaldo Mutschke con su “Aerolandia”. En modelos mayores de 60 centímetros, triunfó Jorge Burchardt con “Cloud Bunster” y en el certamen para juveniles, llamados “Chovitas” se impuso Diego Soler.

En distintas épocas, se ha intentado ejercer en forma continua la práctica del aeromodelismo. En la actualidad, el integrante del Club de Suboficiales en Retiro de la Fuerza Aérea de Chile, Roberto Carvajal, en compañía de otros amigos de la aviación, decidieron recuperar esta actividad deportiva, como lo atestiguan las prácticas que desde hace unos meses cada domingo, desarrollan en dependencias del ex Club Hípico. Esta resolución tiene por lo demás, un carácter simbólico: a un costado se encuentra el olvidado y perdido monolito, ofrendado por la comunidad magallánica el 23 de agosto de 1964, al pionero de los cielos australes y de toda la Patagonia, Luis Omar Page, quien, medio siglo antes, en 1914, realizó el primer vuelo que se tiene recuerdo en el confín austral.