Necrológicas

Redescubriendo al binomio José Perich Slater y Enrique Lizondo Calvo

Por La Prensa Austral martes 3 de diciembre del 2019

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Parte II

En la edición del pasado domingo 24 de noviembre nos referimos a la imperiosa necesidad de recuperar el legado cultural de un hombre multifacético como fue José Perich Slater. Dijimos que junto a una voluminosa obra histórica y literaria, se conjugaba su importante actividad societaria con su indisoluble vida de creador literario. Dimos a entender también, que el destino lo unió con otra alma que deambuló por el mundo del arte, y que entregó a la comunidad magallánica, a través de su virtuosismo musical, un patrimonio artístico- creativo sin parangón alguno en la Patagonia. Escribimos estas sencillas líneas pensando en el profesor de Música, director de Coros, Bandas y Orquestas; arreglador y compositor musical, el maestro Enrique Lizondo Calvo.

Fue un hombre que durante sesenta años, por lo menos, se encargó de diseminar a través del lenguaje musical, aspectos de la cultura universal y regional a los estratos más populares de la sociedad magallánica. Gran parte del mérito de su obra artística y humana, consistió en desacralizar el arcaico concepto o prejuicio que la música de cámara o docta, sólo va dirigida a élites refinadas, con la consiguiente discriminación socioeconómica. Enrique Lizondo Calvo se empeñó en trasladar la sala de conciertos con todos sus intérpretes de salón, a los barrios más modestos; y fue su lucha sin claudicar y sin concesiones, la de promover a jóvenes nuevos talentos para que descollaran en el ámbito musical, no importando su fortuna familiar. Esa es la principal razón, que explica que figuras tan disímiles y heterogéneas se conmovieran con su partida, el primer día del año 2004. Néstor Castro, figura del rock magallánico y de la renovación musical que sacudió al austro a fines de la década del sesenta del siglo pasado, recordó y comentó a su maestro: “Era muy sencillo. Nunca tenía un problema, siempre trataba que nosotros anduviésemos lo mejor posible. Era todo un caballero de la vida y de la música. Nos enseñó mucho, trabajamos con él cuando tenía su Instituto y nos dio valores que seguimos cultivando ahora”. En tanto, el profesor Leopoldo Romero manifestó su pesar de la siguiente forma: “Me invitó a su gran obra y gran alegría que era la Sinfónica Benjamín Divasson pero también su gran pena, cuando se le negó la sal y el agua, como se dice, para continuar su funcionamiento y desde entonces, junto a su familia, que pasó a ser como la mía, lloramos juntos nuestras penas y reímos, juntos también, nuestras alegrías. El decía: “Yo con Romero siempre estoy discutiendo y discrepando pero en el fondo somos dos grandes amigos” y cada minuto, hora y día que pasaba me lo demostraba así”. Un amigo de toda una vida como el vecino Julio Moris, expresó: “Se fue uno de los impulsores de la Orquesta Sinfónica en Magallanes, que le costó lágrimas. Con él se cierra un capítulo importante para Magallanes ya que su gran especialidad era musicalizar himnos para varias instituciones”.

Contexto histórico y panorama musical de Magallanes

El ingreso de Enrique Lizondo como músico de la Banda del Regimiento Pudeto en el verano de 1948, coincide con los preparativos en torno a los festejos por el centenario de la ciudad de Punta Arenas. Para ese entonces, se percibía que la provincia vivía y experimentaba una profunda transformación cultural, debido en parte, a las medidas implementadas por el Estado chileno desde 1938, con el advenimiento y llegada al poder del Frente Popular. Por de pronto, se puso en marcha un ambicioso plan nacional para construir escuelas y fomentar la fundación de liceos técnico-profesionales; se fundan en Santiago el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, el de Ensayo de la Universidad Católica y se inaugura la Universidad Técnica del Estado. Se crean los Premios Nacionales de Literatura, y de Música. En Punta Arenas, se inaugura el Liceo Industrial y la Escuela Técnica Femenina. En concordancia con todos estos cambios culturales, en el austro se empiezan a estructurar instituciones que buscan cobijar a los cultores de una misma disciplina artística. La creación del Centro de Escritores de Magallanes, en 1946, es una prueba de ello, en una época de evidente recambio generacional simbolizado en la llegada de nuevos intelectuales a la provincia de la talla de Julio Ramírez Fernández y Marino Muñoz Lagos. En el mismo tenor, la venida al austro del cuerpo académico de la Universidad de Chile, permitió celebrar, a contar de 1951, las recordadas Escuelas de Temporada de Invierno que en su primera versión, entregó a la comunidad como resultado tangible, la creación de la Sociedad Coral de Magallanes.

Estas transformaciones en el ámbito de la educación y la cultura las comprendió un joven, músico e instrumentista de excepción, que a la edad de veintiséis años y por espacio de una década sirvió en la principal unidad castrense de la Patagonia. Sus méritos, unido a su vasto conocimiento melódico, lo llevaron a ser nombrado en 1958, director de la Banda del Regimiento Pudeto. Para ese entonces, Enrique Lizondo había creado dos composiciones fundamentales: el Himno del Batallón Logístico número 5, Magallanes, y en compañía de la escritora Rosa de Amarante, el Himno a la Confederación Deportiva de Magallanes.

Bajo su liderazgo la Banda del Pudeto se convirtió en una de las mejores organizadas de la provincia. Lizondo diseñó el concepto organizacional de jornada completa dividiendo el trabajo en dos secciones; en la mañana, se colocaba énfasis en la teoría e historia de la música y en el estudio de los tipos de instrumentos. Por la tarde se producían los ensayos. Con el correr del tiempo, llegó a elaborar un calendario anual de actividades que permitió desarrollar un trabajo técnico musical con registros auditivos y diversos tipos de ensayos de conjunto instrumental.

Lizondo fue uno de los primeros profesores en vincular el arte musical y entenderlo como una manera de relacionar a esta expresión de la cultura con la ciudadanía, entregando clases, ofreciendo conciertos, haciendo participar a la Banda en múltiples actividades de aniversario de distintas instituciones, tanto civiles como militares.

Para ello diseñaba periódicamente, un repertorio de melodías que se agendaban de forma mensual e incluía folclore nacional y extranjero, música para cámara y orquesta; canciones y villancicos; le gustaba combinar lo clásico con lo popular y bailable, a la manera de famosos directores de orquesta como el estadounidense Ray Coniff o el francés Paul Mauriat.

Al respecto, su propuesta melómana radicaba en estudiar los gustos del público, las canciones, los tipos y ritmos musicales que se escuchaban en las radioemisoras en su momento y acto seguido, ofrecer una interpretación propia que confirió a la Banda del Regimiento Pudeto, un sello distintivo y personal.

En este punto, Lizondo provoca un distanciamiento y una ruptura con sus maestros predecesores, Benjamín Divasson y Enrique Preller. A semejanza con ambos, destacó en cuanta actividad musical requiriese de su presencia, pero a diferencia de los anteriores, que se ufanaban de liderar un proceso de renovación melódica en la provincia, Lizondo, aceptando esa interpretación, buscaba llegar con su Banda o sus Coros, a los sectores más vulnerables.

En forma paralela a su labor en el Pudeto, accedió a la dirección de nuevas instituciones. A instancias de la Escuela Nocturna Popular, siguiendo las conclusiones emanadas de la última escuela de Temporada de Invierno efectuada en la provincia, que contó con la participación de académicos de la Universidad de Concepción, entre ellos, el decano de la facultad de Música de esa Casa de Estudios, Alfonso Boegeholz Fuentes, quien recomendó reunir en una sola academia a todos los aficionados e intérpretes de Magallanes, en el estudio de la teoría y praxis de la música. Nace así, el 16 de octubre de 1963, en el Salón de Actos del Liceo de Hombres, bajo el alero de la Asociación de Profesores de Educación Musical de Punta Arenas, con una matrícula de setenta alumnos, el Conservatorio de Música de Magallanes. Los primeros cursos dictados fueron, teoría y solfeo, violín, piano, guitarra y acordeón, con una planta de maestros del calibre de Sor Rosalía Plaza, Tena Canales, Eulogio Miranda y Enrique Lizondo.

Por esa época, había terminado la versión de la marcha de la “Canción a Punta Arenas”, pieza original de José Bohr y junto a su inolvidable amigo José Perich Slater, habían compuesto la marcha en recuerdo al Presidente John Kennedy, asesinado el 22 de noviembre de 1963, la que fue estrenada dos años después y obsequiada a los marinos de la Operación Unitas que decidió incorporarla como parte del repertorio de las bandas de la Marina de los Estados Unidos de América. Aquí comenzó a destacar Lizondo, en un plano casi ignorado y subestimado por los críticos, al convertirse con una producción de 55 himnos, en el mayor compositor de este género para las más variadas instituciones que han servido en la Patagonia.

Su particular mirada la desarrolló a plenitud cuando asumió el liderazgo de la Orquesta Sinfónica Benjamín Divasson. Casi por espacio de veinte años, hasta su desaparición, en 1982, esta agrupación fue señalada como la más completa y lograda que haya tenido el género musical en el austro.

Esta experiencia la amplió luego en sus actividades académicas en dos prestigiosas instituciones de Educación Secundaria de la ciudad de Punta Arenas; en el Liceo San José, lugar en que desempeñó durante diecisiete años, desde 1967 hasta 1984, y en el Liceo Industrial, desde 1968 hasta 1989, en donde será recordado por haber creado la Banda Instrumental del Establecimiento y por fundar la serie de festivales que caracterizaron a esa comunidad educativa, de la cual emergieron jóvenes promesas musicales que refrescaron el panorama artístico y musical en la región.

Formación del Instituto Pedagógico Musical Enrique Lizondo

En 1979, vio cumplida una sentida aspiración personal. Inspirado en los antiguos conceptos derivados de la enseñanza nocturna para adultos, junto al de las universidades populares que existieron, tanto en Punta Arenas como en Puerto Natales, el profesor Lizondo fijó en primer lugar, una residencia o domicilio permanente para la futura enseñanza de las artes musicales. Establecido en la casona de calle 21 de Mayo Nº 1430, solucionó un problema endémico de las instituciones artísticas y de los creadores: el no contar con espacios propios para desarrollar la práctica de su especialidad. El siguiente paso, fue la habilitación de cursos para el estudio y la ejecución de distintos tipos de instrumentos y diseñar una malla curricular que se adaptara a las necesidades y capacidades del alumno. A continuación, Lizondo dispuso que las clases fueran personalizadas conjugando los conocimientos de su hija Priscila Lizondo Navarrete, Licenciada en Estética y profesora de Educación Musical, con la experiencia de connotados músicos regionales, como Néstor Castro en Percusión; Víctor Fuentealba en Cuerdas y Juan Miralles en Teclados.

En esta línea de acción, Lizondo fue uno de los ideólogos y fundadores del Colegio Nocturno Carlos Turina Blazina, antecesor directo del actual Centro de Educación Integral de Adultos, C.E.I.A. En ese momento, a principios de la década de los noventa, rondaba en su cabeza la idea de crear una Institución que ofreciera una formación integral a niños y jóvenes, en todas las áreas del conocimiento, pero focalizado en el estudio y práctica de una Educación Artístico- Musical. Con esta impronta surge el Colegio Francés, el 12 de julio de 1992, que en el transcurso de los últimos años, es reconocido por su excelencia académica destacando su Orquesta Infantil, que ha llevado su arte hasta el mismo Congreso Nacional. Enrique Lizondo levantó este centro educativo con el apoyo de su esposa, Elsa Yolanda Navarrete, fallecida en 1998. Con la partida del maestro, en las primeras horas de 2004, heredó la dirección del establecimiento su hija Priscilla, quien, junto a familiares han decidido perpetuar la obra y el legado del eminente músico.

Proyecto “Himnos Inmortales de la Patagonia”

El profesor normalista José Daniel Calisto Garay y quien escribe estas líneas, ambos miembros de la Sociedad de Escritores de Magallanes se encuentran ejecutando un proyecto que busca rescatar en una obra histórica y literaria los diez principales himnos compuestos por el Binomio José Perich Slater y Enrique Lizondo Calvo. Se espera lograr además, una puesta en escena interpretada por los educandos del Colegio Francés. Por ahora, disfrutemos del Himno de nuestra región.

¡Oh, sublime región de pioneros,

Con tus pampas de verde coirón,

pobladores con temple de acero,

oro negro, ganado y carbón!

Junto al mar han surgido tus pueblos,

las industrias y estancias al par

las antorchas de Tierra del Fuego

son emblema de tu libertad.

 

CORO

Bajo tu cielo estrellado,

Brindan su esfuerzo viril,

Punta Arenas, Puerto Williams,

Natales, Porvenir.

Junto a los hielos antárticos

con Dios y un bello ideal,

Chile nos dice…!Presente!

En su bandera inmortal.

Paraíso de nieve en invierno,

va volando en el hielo el patín,

y en el ala de todos los vientos

el verano se asoma hasta ti.

El estrecho y sus tardes boreales,

la belleza del mudo insular,

las exóticas Torres del Paine,

¡Magallanes, trabajo y hogar!

El profesor Enrique Lizondo dirigiendo las voces de la Sociedad Coral de Magallanes.