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Restos del ictiosaurio retornaron a Magallanes tras ser analizados en Alemania

Por La Prensa Austral sábado 21 de mayo del 2016

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-Fueron 46 fósiles de este reptil extinto los que fueron repatriados, tras permanecer en Europa durante cuatro años, donde se revelaron interesantes antecedentes concernientes con la evolución, su paleodistribución mundial, la relación con las especies del hemisferio norte, entre otras características de alto valor científico. (BAJADA)

-200 mil euros fue la inversión total suministrada por la Fundación Alemana para la Investigación (DFG) y el Ministerio Federal Alemán de Educación e Investigación, más otros aportes valorizados que proporcionaron el Inach y Conaf.

-“Estamos luchando contra varias cosas, principalmente contra el centralismo, ya que más del 70% de los recursos se quedan en Santiago, por lo que hacer investigaciones desde regiones es un doble desafío”, explicó Marcelo Leppe doctor en Ciencias Biológicas y paleontólogo del Inach.

Roberto Martínez Arriaza
HYPERLINK “mailto:rmartinez@laprensaaustral.cl” rmartinez@laprensaaustral.cl

46 fósiles de ictiosaurio virtualmente completos y articulados retornaron a Chile luego de ser analizados en Alemania durante cuatro años y están siendo exhibidos en las dependencias del Instituto Antártico Chileno (Inach), en Punta Arenas, hasta el miércoles 18 de mayo, para posteriormente ser reintegrados a la “Colección Paleontológica de Antártica y Patagonia que mantiene el Inach. Las muestras fueron descubiertas por un equipo de trabajo de catorce personas entre 2007 a 2010 en el borde este del glaciar Tyndall, ubicado dentro del Parque Nacional Torres del Paine, en una zona protegida exclusiva para acceso científico. El hallazgo fue localizado en rocas que han sido expuestas por el deshielo del helero, en una zona que extiende aproximada a los 20 kilómetros cuadrados.

El inicio de la investigación comenzó a mediados de la década pasada, cuando en ese entonces la actual doctora en Biología de la Universidad de Magallanes, Judith Pardo, presentó a Wolfgang Stinnesbeck, profesor alemán de la Universidad de Heidelberg, los resultados de su tesis de pregrado que apuntaban a la identificación en forma preeliminar de estos animales en el glaciar. El docente se interesó en el tema y llevó a cabo el proyecto “Ictiosaurios del Jurásico tardío/Cretácico temprano en el parque Nacional Torres del Paine, Chile Austral”, que tuvo una inversión total de 200 mil euros de parte de la Fundación Alemana para la Investigación (DFG) y el Ministerio Federal de Educación e Investigación de ese país, más otros aportes valorizados que proporcionaron el Instituto Antártico Chileno (Inach) y la Corporación Nacional Forestal (Conaf).

En ese sentido, la doctora Pardo realizó previamente estudios de tafonomía para poder entender cuáles fueron los procesos que llevaron a la preservación de los fósiles en esta localidad, describiendo y comparando los especímenes con los encontrados en otras partes del mundo, entendiendo el hábitat en el que vivían en aquella época, como también la paleodistribución en dicha era a nivel global.

Metodología de trabajo

La recolección de datos consistió en la toma de medidas de los huesos de cada uno de los fósiles, además de fotografías y dibujos a escala en el mismo sitio, como también el trabajo en moldes de yeso y arcilla. Para los trabajos de excavación se utilizó una sierra con un disco diamantado, dada la dureza de la roca, por lo que los cortes se perpetraron por alrededor de la pieza, para que posteriormente, con un martillo y un cincel, se removiera de a poco cada bloque. Se utilizaron además otras herramientas como un martillo rotopercutor, chuzos y combos.

Para la extracción del primer ictiosaurio el equipo demoró dos semanas y el proceso requirió de una minuciosa labor para no estropear el producto, de muy alto valor paleontológico.

Según sostiene la investigación, se obtuvieron muestras de especímenes adultos en los que se ha preservado la columna vertebral articulada, las costillas, y las aletas posteriores. Se estima que la longitud máxima de un ictiosaurio podría haber alcanzado los nueve metros.

En la identificación de las especies se utilizaron los fragmentos óseos del cráneo. En este caso se ocupó una pieza denominada supraoccipital, que está en la parte posterior del animal, lo que sirvió como un mecanismo de diagnóstico para su subsiguiente reconocimiento.

Las especies que fueron descubiertas en el glaciar Tyndall fueron denominados como ictiosaurios oftalmosáuridos, debido a que poseían una órbita ocular de mayor tamaño, además de un cuerpo abultado y aletas con una expansión posterior. Por otro lado, otro hallazgo pudo revelar piezas dentales cuyo valor tiene importancia en el entendimiento de cómo era la dieta y el tipo de ingesta de estos animales. Además, se encontraron muestras de coprolitos (heces fosilizadas) en la sección abdominal del animal, cuya composición arrojó restos de escamas de peces, como también fragmentos de vómito.

Asimismo, se reveló que estos ejemplares poseían una aleta con características arcaicas, asemejándose más a ictiosaurios de mayor antigüedad que a los últimos que aparecieron, lo cual contrasta con la forma de su tórax bien adaptado, lo que lleva a pensar a los científicos que estos animales pudieron haber evolucionado en cuanto a sus aletas de forma independiente al axis de su cuerpo.

Preservación

La zona del Tyndall ofrece una preservación espectacular, puesto que ha permitido mantener fragmentos de columnas vertebrales y costillas articuladas, característica que en otras localidades del mundo se ha perdido debido a la debilidad de los tejidos. No obstante, los fósiles que aún permanecen en el lugar se encuentran expuestos a la erosión a causa del viento, la lluvia, la nieve y los cambios de temperatura, lo que con el tiempo afecta a la pérdida del material, hecho que para los científicos es una preocupación latente.

Los registros han facilitado determinar diferentes rangos etarios entre las especies descubiertas, pudiendo identificar a adultos, juveniles, neonatos y a una hembra junto a un embrión en gestación, lo cual hace pensar a los científicos que los ictiosaurios debieron haber cazado en grupos familiares de diferentes edades.

La localidad fosilífera del hallazgo es considerada mundialmente como la más importante para el periodo cretácico por la cantidad de especímenes, de diversidad y por la excelente preservación. Del mismo modo, la investigación llevada a cabo aportó datos sobre la evolución, su paleodistribución mundial, su relación con las especies del hemisferio norte y a su vez da nuevas luces sobre el proceso de fragmentación del bloque continental Gondwana y la separación de Sudamérica, la Antártica y Africa.

¿Qué son los ictiosaurios?

Los ictiosaurios fueron reptiles marinos que vivieron en los mares de la era mesozoica, entre el periodo triásico, hace unos 150 millones de años, hasta el cretácico temprano, 90 millones de años atrás aproximadamente.

Tenían cuatro pares de aletas, dos anteriores y dos posteriores, las cuales les servían para desplazarse, aparte de una aleta dorsal para el equilibrio y una aleta caudal para la propulsión. Contaban con pulmones, lo que significaba que tenían que salir a respirar aire con cierta frecuencia.

Estaban tan bien adaptados a la vida marina que podían dar a luz a sus crías en el agua, no saliendo a desovar como lo hacen otros reptiles. Se han encontrado en casi todos los continentes, sin embargo los hallazgos del hemisferio norte son más abundantes que los del sur. Asimismo, los descubrimientos de ictiosaurios en Chile provienen desde la era triásica en la Región de Antofagasta, del jurásico en Atacama, Coquimbo y Metropolitana, sin embargo, estos develamientos son fragmentarios y no han permitido una buena identificación de la especie. Hasta ahora, los ejemplares más completos y mejor preservados del país son los hallados en la Región de Magallanes. Antes de esto, los hallazgos más australes se registraron en Argentina.

Fondos para la ciencia (recuadro)

“Las investigaciones no se hacen con buena voluntad”, manifestó el doctor en Ciencias Biológicas y Paleontólogo del Instituto Antártico Chileno (Inach), Marcelo Leppe, quien enfatiza en la importancia en que se asignen recursos desde el Estado hacia la investigación científica.

“Solamente en logística en el Tyndall, se involucró más del 50% de los recursos y a pesar que teníamos que pagar dentro del proyecto el financiamiento alemán, los pasajes de los investigadores de Chile hacia Alemania y viceversa. La logística es un compromiso muy importante y posteriormente los análisis avanzados también implican recursos. Para aquello, nuestro país tiene un sistema nacional de investigación científica y tecnológica a través de Conicyt, pero nos encontramos que cada vez es más difícil acceder a esos recursos y obviamente estamos luchando contra varias cosas, principalmente contra el centralismo, ya que más del 70% de los recursos se quedan en Santiago, por lo que hacer investigaciones desde regiones es un doble desafío”, explica. Leppe añadió que “si uno empieza a juntar todos los recursos va dándose cuenta que en realidad es tan poco lo que se está invirtiendo, lo cual obedece a la necesidad de tener científicos involucrados con producir buenas publicaciones en revista de corriente principal y que también estén dispuestos a sacrificar una parte importante del tiempo en formar a gente joven”.

“Hoy la región y el país tiene una deuda importante en disciplinas como la paleontología y lo que estamos haciendo ahora, aprovechando la experiencia de muchos investigadores internacionales, es formar cuadros en paleontología para producir esto que vemos hoy y que consiste en dar a conocer al público que acá existen estas cosas que uno solamente ve los documentales”, concluyó.