Necrológicas

Rollo, el perro detector de drogas que murió rodeado de cariño

Por La Prensa Austral martes 21 de julio del 2020

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Comenzó su carrera en Arica y la concluyó en la Patagonia, donde el 2012 detectó casi 4 kilos de cocaína en el baño de un bus internacional

“Lo amé apenas lo vi y creo que siempre fue especial para mí. Quise darle la mejor vida posible después de haber estado al servicio de la Aduana”, explica Karina Vargas, funcionaria de la Aduana Regional de Punta Arenas que adoptó a Rollo, el can detector de drogas que se convirtió en su querido compañero y que dejó de existir.

Rollo se retiró del Servicio Nacional de Aduanas en 2012 y sus últimos años los vivió rodeado de un cariño incondicional, sin duda un premio a su gran labor para proteger las fronteras del país. El perro especializado tuvo, entre los grandes hitos de su carrera, la detección de 3 kilos 925 gramos de cocaína ocultos en el papelero del baño de un bus Argentino, que fue controlado en la paso fronterizo Integración Austral el 21 de febrero del 2012.

Rollo nació en el 2004 y fue entrenado para como detector de drogas y otras sustancias ilícitas en la antigua Escuela de Adiestramiento Canino de Aduanas en Arica. Tras desarrollar su trabajo en el norte del país, fue asignado en el 2010 a Punta Arenas donde sirvió durante dos años.

Al haber cumplido los años de trabajo que le correspondían, este can de raza labrador mestizo se acogió a su merecida jubilación y fue adoptado por la funcionaria de la Aduana Regional de Punta Arenas Karina Vargas.

Con ella vivió sus últimos ocho años de vida.

¿Qué significó compartir tu vida con Rollo?

“Aún me cuesta contestar a esta pregunta. Yo quise darle lo mejor, pero fue al revés, el me dio lo mejor a mí, era mi compañero de vida. Me hizo pasar hasta rabias con sus travesuras, pero me llenó de alegrías, de amor incondicional y desinteresado. Mi vida definitivamente fue mucho mejor con él, fue el ser más noble que ha pasado por mi vida”.

“Cuando llegaba a casa después de un mal día, era suficiente con que él se sentara al lado mío para sentirme mejor. Es difícil de comprender este sentimiento por una mascota, pero es inevitable que se transformen en parte de la familia. Al perderlo se fue una parte de mi corazón con él, nada lo puede reemplazar en mi vida, yo amaba a ese perro y lo amaré siempre”, concluye la funciona de la Aduana de Punta Arenas, para quien la partida de Rollo fue una pérdida que le costará superar.