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Silvana Camelio Thomsen: “El entrenamiento y la práctica deportiva inculcan valores para toda la vida”

Por Analía Vázquez lunes 27 de julio del 2015
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Está a punto de cumplir 53 años, y desde los 4 se dedica a practicar esquí. Estudió en el Liceo María Auxiliadora y realizó su carrera de pregrado de Educación Física en la Universidad de Chile, luego tuvo la posibilidad de estar un tiempo en las pistas más exigentes de Francia para especializarse como entrenadora de esquí.

Cada inicio de la temporada invernal Silvana Camelio Thomsen sube a diario a uno de los sitios que cuenta con las vistas panorámicas más hermosas de la ciudad, para liderar los entrenamientos del equipo de alta competición en la nieve.

Ella y sus cinco hermanos heredaron la pasión por este deporte, tanto de su madre como de su abuelo nacido en Dinamarca, quien de pequeño iba a la escuela esquiando. Por eso cuando la familia Thomsen se trasladó a Punta Arenas, el frío y la nieve no fueron un problema, sino más bien una condición natural de vida. El oficio de constructor y el talento innato para trabajar la madera, le permitían al abuelo de Silvana elaborar él mismo los esquíes para su Mary quien disfrutaba de subir caminando al cerro y deslizarse una o dos veces al día hasta llegar la ciudad.

Mary Thomsen mantuvo esa costumbre y cuando contrajo matrimonio con José Camelio, descendiente de italianos, lo contagió con la misma pasión. Tal es así que sus seis hijos, incluida Silvana, pudieron vivenciar desde los primeros años de vida, la adrenalina, el desafío, y el espíritu de competencia arriba de los esquíes. “Un día (tendría unos cuatro años) mi papá me dio un empujón en la nieve y me dijo: -si quieres frenar, te sientas- así aprendí a esquiar”, recuerda Silvana con una sonrisa.

“Mi papá fue presidente del club toda una vida. Nosotros éramos seis hermanos, todos corredores de esquí, siempre ligados al club. Yo seguí con esa tradición, mis dos niñas también practican este deporte, y mi marido también”, advierte esta mujer apasionada no sólo por enfrentar desafíos en su vida cotidiana sino también transmitir esos valores que da el deporte, a los niños que entrenan en el equipo del Club Andino.

 

Tan cerca y tan lejos

El cerro Mirador, está a unos pocos kilómetros de la ciudad, hasta se puede ir caminando, tal como lo hacían los inmigrantes europeos que venían con esas costumbres arraigadas de disfrutar de la nieve. Sin embargo para algunas personas está fuera del marco de sus posibilidades, quizás a lo largo de los años se ha ido creando un prejuicio de que ese espacio está cerrado a una elite que sólo ingresa al club para practicar esquí. “Yo creo que el deporte a nivel nacional es complicado, por un lado la cantidad de gente que practica deporte en este país es bien bajo, y el magallánico es un poco más cerrado, porque cuesta aclimatarse a esta tierra donde no acompaña ni la luz, ni el calor. Hay gente que le cuesta mucho salir de la casa y es respetable. Ahora, los que crecimos con este clima, nos resulta natural. Que amanezca más tarde da lo mismo, toda mi vida subí al Andino a oscuras, y bajé a oscuras, no es un tema que nos afecte demasiado. Aunque me encanta el verano con esos días eternos, yo siempre digo: ‘los niños que están en el Andino están todo el día al aire libre disfrutando de la nieve, y tienen una vida muy saludable’”, opina Silvana.

 

 

Valores para toda la vida

 

Practicar un deporte sea cual fuere brinda herramientas, que más allá de la competencia en sí misma quedan para toda la vida. “A mí me ayudó mucho la perseverancia, el no rendirse nunca, el compañerismo, son muchos valores que tratamos de transmitir constantemente a los chicos. Yo siempre les digo que tienen que amar lo que hacen. El deporte no te salva pero te ayuda a alejarte de los problemas sociales, a tener una vida más sana, aunque siempre tiene que haber un ejemplo grande de los papás”, reflexiona la entrevistada.

Esos valores los ha trasladado también a su círculo familiar y a sus dos hijas, Vanina y Sofía, quienes practican también mucho deporte. “Un día fuimos a Calafate a pasar un fin de semana y como había una maratón nos sumamos. Ellas no sólo practican esquí sino también natación, maratón y mi hija mayor también forma parte de la selección de hip hop de la universidad”, comenta.

 

Cuna de campeones

 

Hace algunos años atrás Punta Arenas se desatacaba por la participación de competidores que estaban a la par, o incluso superaban a quienes entrenaban en las pistas de esquí de la zona central del país. Sin embargo, algunos factores determinantes, afectaron el rendimiento de los deportistas según la perspectiva de Silvana Camelio. Por un lado la doble jornada escolar obligatoria, hizo que aquellos niños que tenían la costumbre de luego del almuerzo ir a entrenar al cerro, tengan que dejar la actividad exclusivamente para los fines de semana o las vacaciones de invierno. Entonces lo que antes ganaban en horas de entrenamiento, se fue perdiendo. “Otro punto ha sido que el deporte se fue poniendo un poco más elitista, y los equipos del norte comenzaron a viajar más a Europa, y eso marcó la diferencia”, enfatiza Silvana.

“Además con el paso del tiempo las generaciones han cambiado mucho, los niños hoy en día están mucho más tecnológicos que antes. Tiene que haber un gran apoyo de los papás para que hagan deporte, no solamente esquí sino cualquier deporte. Los chicos están más presionados, se les exige ser exitosos en distintos ámbitos de la vida. Nosotros antiguamente, si nos iba bien, genial y si no, claro que uno se amargaba y le daba pena pero no había un castigo social como se da hoy”, analiza la entrenadora, y agrega que por eso, desde su experiencia tratan de enfocar el entrenamiento como una etapa que marca a los niños para el resto de su vida. No sólo por el hecho de lograr una medalla sino más allá de eso. “Lo bueno que puedes sacar de hacer un deporte que sea exigido, que tenga disciplina, donde el esfuerzo sea grande, es que de esa manera uno lo proyecta para lo que va a ser la vida del niño. El deporte pasa, las medallas quedan y la vida sigue”, propone.

Recuerdos de la infancia

“Tengo tan lindos recuerdos de toda mi infancia allá arriba, de todo lo que viví. Tengo muchas anécdotas, cuando éramos chicos y se cerraba la telesilla por viento, nos íbamos a caminar por el bosque. Antiguamente el refugio, estaba en la cima, para llegar había que subir con la telesilla o caminando. Mi papá no concebía no llegar hasta arriba. Con mis hermanos hacíamos competencias de saltos, y lo hacíamos sin trineo, por supuesto siempre terminábamos con los pantalones rotos”, dice riendo. Como ella y sus hermanos competían sólo tenían reservado ese tiempo de juego en la nieve en el horario de almuerzo, por eso en lugar de descansar, ideaban divertidos desafíos que sin embargo costaban varios agujeros en la ropa. Pero los recuerdos de ese tiempo de risas al aire libre, son los que marcaron el rumbo de su vida para siempre.

“Cuando uno es niño tal vez no se fija tanto en el paisaje, pero cuando empecé a crecer descubrí esta belleza. Yo a los niños se lo marco mucho, se ve el amanecer saliendo del mar. Cuando uno es niño está pendiente de jugar y no tanto del paisaje. Yo siempre les hago disfrutar el paisaje, no solo hacia el mar sino también hacia los bosques”, comenta luego de haber hecho una caminata en raqueta, y disfrutar de ese silencio tan particular, cuando caen los copos de nieve en la cara, o cruje suavemente el suelo, en cada pisada. En medio del bosque nevado, se suelen ver huellas de pumas o conejitos que al sentir la presencia humana enseguida se refugian.

 

Premio a la mejor deportista

“Cuando yo era chica estábamos mano a mano con el norte, en relación al esquí el más lindo recuerdo es cuando salí elegida como mejor deportista, por el Círculo de Periodistas Deportivos, yo creo que ese es un premio a una trayectoria. Yo tenía 17 años y no lo podía creer, es como un galardón que dan los periodistas a los deportistas que se destacan en una disciplina. Las competencias significaban un rendimiento natural, que era para lo que entrenábamos, sin embargo, esto que se dio en diciembre, un poco fuera de contexto fue muy emocionante”, recuerda.

Un espacio para todos los magallánicos

“Yo siempre digo, que cuando los niños son chiquititos es importante que hayan tenido contacto con la nieve, que jueguen, que disfruten. Lo ideal es que aprendan a sentir frío y eso lo van a adquirir jugando. Cuando esquían la pasan súper bien”, cuenta Silvana poniendo énfasis en que para que un niño disfrute de los deportes de invierno, es necesario que estén al aire libre y vayan aclimatándose.

“Cada año sube más gente al cerro, quizás no tantos a esquiar pero si a jugar, a tirarse en trineos, y en eso los medios de comunicación han ayudado mucho a pensar que esto no está tan lejos y está al alcance de todos. Está un poco asimilado en el sentido común que el Club Andino es cerrado y no puede acceder cualquiera, y no es así. Lo que sí es necesario tomar las precauciones para subir”.

Como conclusión, Silvana menciona el proyecto Tres Morros, una propuesta ambiciosa, que posicionaría a Punta Arenas como un centro invernal a gran escala, pero para que eso realmente pueda concretarse se necesita mucha inversión, con un gran apoyo del gobierno, como se hizo en el país vecino con Cerro Castor. “Desde que yo tengo 7 años, ahora estoy por cumplir 53, está el proyecto Tres Morros, y pienso que ojalá mis nietos puedan verlo… No sólo para la práctica del esquí sino para todas las actividades de invierno. Es un proyecto a otra escala, porque un club como es el Andino, sólo no puede desarrollarlo. Debería ser como fue Cerro Castor que fue el gobierno que intervino ahí”, advierte la entrenadora, y enfatiza en que esta sería una de las acciones que colaboraría enormemente para posicionar finalmente a Punta Arenas, como la ciudad polar, puerta a la Antártica. Con un centro turístico abierto a todos los magallánicos y al turismo internacional.