Necrológicas

Tras brillar en la natación, Martina Navarro ahora dirige su mirada a la administración gastronómica

Por La Prensa Austral viernes 19 de junio del 2020

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Regreso junto a su pareja, el también nadador y entrenador Javier Perey

Desde niña destacó a nivel regional y nacional, consiguiendo medallas en torneo en el que participaba. Sin embargo, los estudios terminaron siendo más importantes para definir su futuro y producto de la pandemia, retornó a Punta Arenas

Por años, su nombre fue sinónimo de éxitos para Magallanes, en la natación. Pero Martina Lucía Navarro Kusch, con sólo 25 años (los cumple justamente hoy, 14 de junio), ya dejó en el recuerdo su carrera deportiva. Muchos fueron los factores que la llevaron a salir del agua, pero sin cuentas pendientes ni nostalgias. Ahora apunta a seguir la herencia familiar y dedicarse a la administración gastronómica.

Hace pocos días regreso de Santiago, junto a su pareja Javier Perey Fica, a quien conoció en las piscinas cuando ambos eran apenas unos niños. Estaban en Santiago cuando comenzó la pandemia por Covid-19 y ante el avance del virus, tomaron la decisión de volver a Punta Arenas, para estar más resguardados, en familia. “Llegamos hace menos de un mes, porque en Santiago estaba la embarrada. En nuestro departamento hubo un caso y nos querían decir, así que el temor de salir era terrible”, reconoce.

En cuanto a su carrera deportiva, Martina Navarro cuenta que “estoy retirada desde el 2013 oficialmente, de la Selección Chilena y todo, pero después entré a la universidad y ahí fui a un Sudamericano Master, y que también era Panamericano. Fuimos los dos, porque estudiábamos juntos, llevamos 10 años. Así que desde el 2017 no nado, una que otra competencia, pero no al mismo nivel de antes, o como entrenaba en la universidad, donde la meta era el Panamericano Master, donde me fue bastante bien”. En todo caso, no cierra la puerta para una posible vuelta a la competencia, en categoría Master, pero ya no pensando en selecciones.

Actualmente está estudiando Administración Gastronómica en Inacap, en su último año. “Después de eso, la idea es irme un año a Australia, aprender inglés, pasear los dos y de ahí, volver a Punta Arenas para ayudar a mis papás con el restaurante”, revela la ex nadadora, cuyos padres administran “La Luna” y “La Perla del Estrecho”.

Pero olvidar todos los años en la competencia deportiva es imposible, aunque lo que más extraña es “formar parte de un equipo, eso me gustaba mucho y una de las razones por las que no seguí es porque van cambiando las generaciones; yo era la más grande, le sacaba diez años a una niña que competía contra mí, entonces no le encontraba el sentido”.

A su lado, Javier Perey cuenta que también se retiró, en 2018, cuando terminaba sus estudios. “Estaba a nivel competitivo y federado, y el club en que estaba, Stade Francais, me ofreció quedarme como entrenador y a la fecha estamos en el top a nivel nacional, tenemos a gran parte de los nadadores de la selección, agarré una generación de oro en ese club, que los vi crecer como deportistas, pero sí, la natación en Chile aún es muy amateur y muy escolar; a pesar de que ha ido cambiando con el fomento al deporte universitario a nivel nacional, aún es muy escolar la mayoría. Yo me retiré a los 24 años y era de los mayores en el circuito”, coincide con Martina.

A diferencia de referentes como Kristel Köbrich, ninguno tuvo la posibilidad de continuar carrera en el extranjero. Al respecto, Perey explica que “Kristel está radicada muchos años en Argentina y la selección tiene becado a un deportista en EE.UU. con opciones claras de ir a los Juegos Olímpicos, pero por la pandemia, eso se congeló, y esas son oportunidades que en la época nuestra, la federación no te brindaba. Actualmente, la federación cuenta con mucho más presupuesto, y aún así, con las condiciones de la región, los resultados de Martina fueron y siguen siendo, muy destacables y recordados. De hecho, después de ella pasaron ocho años antes de que un deportista, que fue el año pasado, tuviera resultados similares a nivel sudamericano juvenil, como los que tuvo ella”, valoró.

La natación local

Con la amplia experiencia que tienen, pese a su juventud, tanto Martina como Javier destacan el nivel de la natación en Magallanes. “Lo bueno es que se ha ido mejorando constantemente, con muchas más herramientas, materiales, tecnología avanzada, que hacen que las personas que se dedican a este deporte, vayan mejorando cada día; además que tienen un entrenador muy bueno, Gonzalo Alvarado, que es muy amigo de Javier y ahí se van complementando, ayudando, conversando. Lo bueno de la natación es que los entrenadores conversan entre ellos, se van apoyando y es bueno que vaya creciendo en la región”, comenta Martina Navarro. Para Javier Perey, una clave está en la competencia, porque “cuando comenzamos, había un solo equipo, que no participaba a nivel nacional; de hecho nuestra camada de nadadores fue una punta de lanza que dio muy buenos resultados, a nivel de Juegos de la Araucanía. Hoy por hoy, afortunadamente, hay dos grandes clubes con grandes entrenadores, Gonzalo Alvarado y el profesor Lezama, venezolano, y que está trabajando muy bien. Por eso, la competencia que hay es muy sana y tira para arriba a la natación regional, ambos clubes han aportado nadadores a la selección nacional, lo que es muy difícil y el IND, al tener una piscina de gran calidad, que para los Juegos de la Araucanía que se hicieron aquí, la inversión fue fantástica, ahora tenemos en la región una de las mejores cinco, sino tres, piscinas del país. Entiendo que se iba a hacer una Nacional infantil, pero que se suspendió, producto de la pandemia”.

Es por eso que Martina Navarro recalca que es muy distinto a cuando empezaron. “Partí en el Club de Campo Leñadura, que por muchos años fue la única piscina”. Y claro, con la inauguración del complejo en el gimnasio Fiscal, mucha gente aprendió y hubo un recambio importante.

“Yo me fui de Punta Arenas para el concentrado que se hacía con el entrenador de Kristel, de cuatro meses, donde nos íbamos a dormir al Centro de Alto Rendimiento, entonces para mí era costumbre ir a Santiago, aunque igual fue un dolor cuando nos fuimos y nos quedamos en Santiago, porque toda la vida la había pasado acá. Pero sí hay más competencias, porque acá, una vez al mes, pero allá constantemente se hacen torneos y se forma mayor competividad”, cuenta Martina, que destaca como su mayor éxito, el Sudamericano en Valparaíso, en 2011, en la piscina de la Escuela Naval, donde obtuvo tres medallas: dos de bronce y una de plata.

“Recuerdo que me sentía muy eufórica, mucha adrenalina. Lo que más disfrutaba era los Juegos de la Araucanía. Me encantaba mucho más representar a Magallanes que a Chile, me ponía mucho más nerviosa, sentía que tenía un compromiso mucho más importante, y eso es lo que más echo de menos, vivir esa previa a competir, esa adrenalina”, comenta Martina. Su balance en sus juegos favoritos fue de cuatro participaciones, en Bariloche, Ushuaia, Coyhaique y Valdivia.

Los éxitos también fueron grandes para Javier Perey, que en 2010 estuvo en la selección nacional, pero un problema a la tiroides frenó su ascenso, pero a pesar de eso, se mantuvo con una positiva carrera a nivel nacional. Y coincide con Martina en lo especial que son los Juegos de la Araucanía. “Se genera un ambiente genial. El año pasado tuve la fortuna de ir como entrenador a los Juegos Nacionales, que es el simil de los Juegos de la Araucanía, pero a nivel central, y no es el mismo ambiente; no hay un sentido de pertenencia como el que tenemos los magallánicos con la región, se vive de otra manera. Tuve la suerte de ir a cuatro juegos, la primera en Magallanes, cuando la natación aún era deporte invitado; en Bariloche, Ushuaia y Coyhaique y en todas aporté medallas a la región”, sintetizó.

Aunque el deporte los unió, ahora lo observan desde distintas perspectivas. Martina está enfocada en terminar su carrera, mientras que Javier observa la actividad con ojos de entrenador, recordando también los inicios comunes que tuvieron. “Lo ideal es comenzar a nadar a los 3-4 años, sabiendo que acá es complicado por el factor climático, pero hay grandes camadas de deportistas que vienen en un ascenso muy positivo y que en un par de años debieran explotar y hacer ‘ruido’. Los clubes de Punta Arenas, en Santiago, se miran con respeto”.

Una historia de amor

Si bien Javier Perey no es magallánico, llegó en el año 2006, junto a su familia, que llegó trasladada. “Cuando nos conocimos, yo tenía 9 y empezamos a pololear cuando yo tenía 15. Toda la vida, tenemos los mismos amigos, el mismo círculo”, cuenta Martina Navarro.

Eso los favoreció en la relación, sobre todo cuando tenían que separarse cuando Martina viajaba a la concentración de la selección, en Santiago, y también compartieron las levantadas de madrugada. “Sufríamos juntos. Nos despertábamos a las 4 de la mañana y a las 5 estábamos en el agua. Nos acostumbran, porque las competencias generalmente, parten a las 8, entonces tenemos que estar despiertos ya”, apunta Martina, recordando sí lo complicado que era ir a entrenar en invierno. “Pero lo bueno es que nos llevábamos bastante bien, conversábamos cosas de entrenamiento, los mismos temas de conversación y siempre le dije a Javier que no sé si podría estar con alguien que no sea de la natación, porque no iríamos al mismo paso”, finaliza la ex nadadora.

Fotos Rodrigo Maturana