Necrológicas
  • María Zulema Valderrama Vidal
  • Camilo Lizama Morales
  • Adrián Jutronich Arancibia
  • Adela Márquez Oyarzo

Un magallánico que dejó una impronta en el periodismo televisivo

Por La Prensa Austral viernes 16 de agosto del 2019

Compartir esta noticia
3.384
Visitas

Gazi Jalil Trebotic

Estudió en el Liceo San José y luego ingresó a la escuela de Periodismo de la Universidad de Chile. Tras sus inicios en radio y televisión en Punta Arenas, Jalil se trasladó a Santiago. Llegó a cubrir policial y luego tribunales, convirtiéndose en editor general, por más de una década, del departamento de prensa de TVN

¡A baintiii!, baine, baineta, jabun bara la cara, puntilla, agua di alor…! tudo bale bainti!…

La media lengua del comerciante peregrino que deambulaba por los campos australes entregaba la dulzura melancólica de su pregón insinuante y llamativo, que tiene todas las características de una invitación gentil para el campesino y su familia que lo esperan para adquirir sus “vicios” y otros productos.

El mercachifle era el señor de los campos que un día, hace ya 50 años largos, pobló de exotismo y de pujanzas, las pampas magallánicas. Caminó las huellas y senderos para llevar hasta las estancias y puestos, una nota multicolor en la variedad de sus mercaderías. Fue el pionero del progreso que con el fardo al hombro recorriera a pie las regiones más intransitables del sur austral, para llevar a sus habitantes un cachito de civilización, enseñando a nuestros hombres el uso de sus instrumentos modernos y despertando en sus mujeres la coqueta vanidad de sus almas. El mercachifle llegó hasta el suelo de esta parte de América con una amplia visión sobre su porvenir económico y armonizó el natural nómade de su espíritu con la ciencia constructiva del comercio.

Un hijo de la patria palestina, Abed Yussef Jalil Brahim, venía hacia América trabajando embarcado en una nave que lo debía dejar en Buenos Aires, Argentina, pero siguió viaje llegando a la Perla del Estrecho.

Con su maletita en la mano descendió de la nave en el muelle de Punta Arenas, sin saber una sola palabra en español y trató de hacerse entender, sin lograrlo.

Unos trabajadores portuarios que lo vieron desesperado, se preocuparon de él y le dijeron: -oiga señor, lo vamos a llevar donde una persona que habla igualito que usted.

Así lo hicieron y pudo contactarse con otros compatriotas que lo ayudaron y lo aprovisionaron de la clásica maleta con hilos, agujas, peinetas, géneros y otras mercaderías que llevan los clásicos “mercachifles”, transformándose en uno de ellos, recorriendo los barrios de la ciudad y algunas casas de trabajadores de la ganadería que vivían en la periferia.

Cuando tuvo un pequeño capital dejó la maletita y puso un pequeño boliche en calle Errázuriz casi esquina Nogueira y, posteriormente, un segundo negocio en calle Errázuriz con Armando Sanhueza. Su segunda esposa Vinka, a una cuadra, se instaló con una bodega de vinos.

Abed, contrajo matrimonio con una joven de origen croata, quien fallece a los tres meses de nacida su hija y entonces se queda con una pequeña y el apoyo de un hermano que vino de Palestina.

Conoce a Vinka Trebotic Grasic, con la cual se casa y nace de este matrimonio, en el año 1943, Gazi Jalil Trebotic.

“La niñez la pasamos con mis tres hermanos, con una infancia maravillosa, distinto a lo que es hoy. Residíamos en calle Balmaceda esquina Armando Sanhueza. Viví en Magallanes hasta los 17 años cuando me fui al norte, a la Universidad”.

Aparece la magia de la radio

“Yo estudiaba en el Liceo San José y, en esa época, aparte de los clásicos juegos infantiles nos gustaba ir con mis amigos a mirar las radios. Radio Austral estaba a dos cuadras y también a la Voz del Sur y a la Polar. A través de los cristales observábamos el trabajo de los controles y locutores y eso para nosotros era una maravilla”.

“Como a los once años, comencé a realizar pequeñas cosas infantiles en Radio Austral y Alfonso ‘Cocho’ Cárcamo me invitó a que fuera al programa ‘La Pandilla de mi Barrio’, que se transmitía los domingos en la mañana. Yo tocaba el piano; mi hermano manejaba el acordeón y la estrella era Vladimiro ‘Pulga’ Mimica, el cual cantaba los goles ficticios de Colo-Colo y, además, recitaba muy bien”.

“Yo salía del colegio y me iba directo a la radio a fin de participar en la grabación de un radioteatro de fantasía para niños donde me pidieron que hiciera un papel en la obra. Era un elenco manejado por José Scarpa, hermano del catedrático Roque Esteban. José confeccionaba los libretos y era actor, poeta, etc. un verdadero intelectual”.

“Entusiasmados por esta actividad, los niños del barrio conseguimos una grabadora y en el sótano de mi casa hacíamos radioteatro. Allí participaban, José Bozic, que fue luego periodista, Gerardo Rafael Alvarez, Fernando Ferrer, mi hermano Milostiv, Abed Jalil, Silvia Vera que fue profesora y escritora, y Patricia Stambuck. La Patty era menor que nosotros pero su fuerte personalidad de niña nos obligó a aceptarla en algunas iniciativas, entre ellas, la admitimos como público en el circo que hacíamos en la bodega del almacén de mi padre”.

“Había un periodista que hacía un programa deportivo: Jorge Antonio Silva. Los días domingo estaba encargado de informar los goles de los clubes profesionales chilenos en la medida que se iban dando. Yo iba en ese tiempo en segundo humanidades del Liceo San José, y me ofrece participar en el espacio, para lo cual debía escuchar en onda corta las radios Cooperativa y Minería, con un equipo hallicrafter. Trataba que no se me escaparan los goles y, apenas se producían, me daban micrófono y yo salía al aire diciendo ‘¡se ha producido un gol de Colo-Colo en el estadio La Portada de la Serena, con el jugador equis a los tantos minutos’. Ese era el gran gusto que yo me daba y, cada vez, le iba agregando cosas, porque mi sueño era hablar en el micrófono. Nunca gané un peso por ese trabajo ni pretendía ganarlo, porque para mí era un prodigio que me permitieran hacerlo”.

Su vocación periodística

El ecuatoriano Fernando Guerrero, refiriéndose a la vocación periodística, dice: “Esa vocación es la inclinación de servicio al público a través de la información; se parece a la del político en lo que se refiere al servicio público, pero se diferencia en cuanto al específico servicio de informar, que sólo se puede prestar mediante un compromiso con la verdad, dentro de una independencia radical y con una actitud dirigida al bien del público”.

Gazi Jalil, se refiere a su vocación: “Un día en el colegio se comienza a hablar de las aptitudes de cada uno para saber que vas a hacer en el futuro. Yo tenía pocas metas. Una era, como alternativa segura, ayudarle a mi papá en el negocio; otra era ingresar a trabajar en un banco y la tercera era ser profesor, pero no me atrevía, como tampoco a seguir ninguna profesión relacionada con las matemáticas. En una de las paredes del colegio aparece una propaganda de la Universidad de Concepción, que iniciaba una Escuela de Periodismo. Yo, dije: ‘Esto es lo mío’ y, acto seguido, me fui a hablar con Osvaldo Wegmann, en la Prensa Austral, el cual me expresó: -¿Y para que vas a estudiar periodismo? Los periodistas tienen que aprender en la calle”.

“A pesar de este consejo, me fui al norte a estudiar, pero no a la Universidad de Concepción sino a la Universidad de Chile”.

“Ya en el segundo año de la carrera iba poco a clases y me dediqué a trabajar. Primero en radio Presidente Balmaceda, que era una emisora grande y de ahí me trasladé a radio Minería. En eso estaba cuando me dicen: -Se va a crear una radio Minería en Punta Arenas y ya tenemos hasta su director: Ramón Utz Monsalve. Te ofrecemos la dirección de prensa. Yo, contaba con 21 años y, casi un niño, debía asumir la responsabilidad del importante cargo, con el doble de sueldo que recibía en la capital”.

“Nos vinimos con Ramón Utz y un equipo de gente, con la idea de cambiar el concepto de la radio en Punta Arenas. La radio en esta ciudad era importante, cumplía una misión, pero Minería venía a ser distinta con su música, su programación y con grandes voces, al estilo de Ramón Utz Monsalve. Se quería volver a los programas de estudio y espacios políticos de conversación”.

“Fue una buena experiencia, pero estuve poco tiempo en radio Minería y pasé a La Voz del Sur. Estaba en eso cuando vino la oferta de Televisión Nacional, que era del Ministerio de Educación y había instalado un canal en Punta Arenas. Luego de una capacitación en España ingresé a esa estación a una semana de salir al aire”.

“Ahí comenzó una historia de 42 años perteneciendo a esta red televisiva nacional En Punta Arenas estuve 12 años, haciendo de todo, y eso era lo bueno. Cubría desde la hípica hasta el boxeo, política, economía, movimientos sociales, etc. y llegó un momento en que no pude hacer periodismo y me pasaron al área de producción y fui director, productor y hasta animé algunos concursos culturales”.

“Al cabo de 8 años volví a hacer periodismo y hablamos con la familia. Había que tomar una decisión, o nos quedábamos para siempre en Punta Arenas o nos íbamos al norte, porque teníamos un hijo con 15 años que iba a ingresar a la Universidad y luego venían los otros”.

“Determinamos irnos y, en Santiago, nuevamente partí de abajo en TV Nacional haciendo policía, luego economía, reportero haciendo notas en regiones; pasé a Informe Especial, recorrí medio mundo haciendo grandes reportajes y fui editor de noticiarios, llegando a ser editor general y numerosas veces director subrogante de Prensa.

Legión magallánica en TVN

“Hubo un período, que por el cargo que tenía en TVN estaba en mis manos la contratación de periodistas, camarógrafos, asistentes y productores en prensa. También seleccionaba a los estudiantes en práctica. Comenzaron entonces a llegar magallánicos que en conocimiento de un coterráneo en un puesto trascendente en la tevé, llegaron en busca de oportunidades. Eran estudiantes de periodismo, de producción, de ingeniería en sonido, de iluminación, etc. Decidí ayudarlos bajo dos condiciones: debían ser los mejores, los más inquietos y capaces y, lo otro, que por ningún motivo me trataran de tío ni me llamaran sus familiares. Así se desarrollaron profesionalmente Claudio Fariña, Fernando Solabarrieta, Rodrigo Cid, Alejandro Vega, Davor Gjuranovic, José Miranda, Patricio Ojeda Galetovic y otros jóvenes magallánicos”.

“Toda esta gente, ha sido talentosa, sacrificada y trabajadora, comprometida y seria”.

La Cofradía del Calafate

La nostalgia del magallánico que lejos de su tierra añora este sur del mundo, permitió que se organizara una institución llamada La Cofradía del Calafate.

“Hay varios grupos en Chile de magallánicos, pero el nuestro nace como un grupo de amigos periodistas, formado por Jorge Babarovic y Claudio Fariña, con los cuales nos juntábamos a comer una vez al mes. Jorge nos insinuaba invitar a otros periodistas y así fue creciendo. Pero alguien se preguntó ¿y porqué puros hombres? Y comenzaron a llegar, entre otras Inés Llambías, luego se incorporaron actores y arribó Francisco Alarcón y Mauricio Pesutic, luego escritores hasta que dijimos -que venga todo aquel magallánico que tenga deseos de unirse a nosotros. En estos momentos, el que maneja el grupo es Alejandro Peric”.

“Viajo cada vez que puedo con mi señora, hijos y sus familias, para que conozcan Magallanes y lugares del mundo que atraen por su belleza e historia”.