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Javier Barría: un piloto todo terreno que salió del taller a las pistas

Por La Prensa Austral miércoles 14 de agosto del 2019

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Desde muy pequeño, Javier Barría Alvarado ligó su vida a los autos y los talleres mecánicos. Nacido el 25 de mayo de 1953, e hijo de Luis y Felicia, con solamente 15 años, ya había formado su primer taller. “Partí con un amigo, Simón Vukovic, con el que nos crecimos juntos, de los 7 años, y empezamos con los fierros desde pequeños. Armamos el primer taller como a los 15 años y a correr, partimos con los Mini, circuitos de acá, como cabros de ese tiempo que costaba mucho tener un auto, no como ahora, que es harto fácil, así que empezamos a preparar autos”. Su primera carrera fue en 1974, como acompañante en Porvenir y Río Grande. Un año después se lanzó solo.

“De ahí hicimos varias carreras hasta el año 81 que gané una etapa Porvenir-Río Grande, con el Starlet y de ahí no fui nunca más a la isla. Me dediqué más al autódromo, llegamos el año 82, que partí junto con mi taller, que lo abrí el 2 de enero, y de ahí no paré hasta el año 96 de correr en Turismo Carretera”, resumió Barría.

Un recuerdo importante de su carrera fue cuando participó de un par de fechas en el circuito capitalino de Las Vizcachas. “Me costeé las fechas y motivé a mi compadre ‘Tincho’ Gómez para que fuéramos los dos. Hicimos buena carrera, aunque no nos daban lo mejor de los datos, pero fue buena experiencia. Fueron dos fechas, noviembre y diciembre, a la final de los campeonatos de ellos”.

En 1993 pasó a incursionar en el mundo de las motos “con unos amigos, a gestionar y estuve dos períodos como presidente del motocross y logramos con los amigos, Sergio Gjuranovic, Mauricio Karelovic, Marco seguic, hacer el circuito de motocross en el Barrio Industrial y legalizar papeles para que funcione como corresponde. De ahí seguí corriendo en las motos, gané campeonatos, como las tres horas que se corrían en Cabo Negro, y de ahí hicimos varias cosas para ayudar a los chicos, llevamos como seis corredores a La Serena, Andy Romero, Alejandro Ruiz, Gonzalo Escárate y varios más. Ahora nos dedicamos a armar un club de cuatri, motocross austral, que llevamos como diez años, bien formados”. Gonzalo Escárate es su hijastro y de chico comenzó a llevarlo a correr al cerro, al circuito de la “araña”.

Carreras inolvidables

“El primer campeonato no se olvida nunca, en ese tiempo las fechas eran cada 21 días y eran 10 fechas año calendario, o sea, cómo manteníamos los autos. Llevábamos 4-5 carreras y estábamos bien en el puntaje para ganar el campeonato, así que íbamos con mucha mentalidad ganadora. Tuvimos muy buenos contrincantes, como ‘Rancho’ Pérez que siempre estábamo al milímetro, pero nunca nos chocamos, con el ‘Tincho’, Ravena, entre otros”.

Barría también recuerda con gracia cuando en el GP La Hermandad ganó en Río Grande. “Al segundo le sacamos 20 minutos y llegamos y no había nadie, entonces pensamos que nos habíamos equivocado de llegada. Ahí nos fueron a encontrar. Eso fue en 1981 con un Toyota Starlet, que compramos volcado”. Eso da lugar a otro recuerdo, porque “En ese tiempo yo trabajaba en una empresa y andaba con ganas de correr y no teníamos plata. La que administraba las finanzas nos preguntó qué nos pasaba y en ese tiempo vendían ese auto en 120 mil pesos. Nos dijo que preguntáramos si lo compraban en dos cheques, y les dimos dos cheques de 60 mil pesos, estaba tumbado, lo llevamos a un amigo, Nicanor Gallardo, que tenía su taller en la 18, lo arreglaron en dos días y lo dejaron en condiciones, para irnos en la barcaza. Ganamos la etapa de Porvenir a Río Grande y fue la última vez que se dio premio en plata, era en dólares, y el premio fue de 160 mil pesos, así que alcanzamos a pagar el auto y nos sobraron 40 mil pesos”.

Pero no todo fueron alegrías, porque si bien agradece que nunca tuvo un accidente de gravedad, Javier Barría sí reconoce muchas ocasiones en que, cuando corría en Mini, “nos comíamos la rabia, las lágrimas, empantanados, sintiendo una impotencia, miserables, ‘quién me manda venir acá’ y al año siguiente de nuevo estaba ahí como leso, por eso digo que el automovilismo es un vicio. En La Hermandad corrí del año 74, que partí de copiloto hasta el 81. Es una carrera muy hermosa, en ese tiempo no era como ahora, que son todos prácticamente profesionales, van todos de punta en blanco, van con lo justo sin ninguna herramienta porque es todo competitivo, tiene zonas de enlace, abastecimiento, reparaciones. Nosotros era la largada y teníamos todo adentro, llevábamos cualquier peso en los vehículos… amortiguadores, alternadores, era otra cosa. Ahora todo ha evolucionado, da gusto ver a los cabros yendo con todo preparado. Ante era una aventura y el circuito era mucho más malo y largo que ahora, antes daba la vuelta por el sector de Sombrero, bahía Felipe. Una vez quedamos enterrados en la mini que las ruedas se quedaron atrás arrastrando, y llegó un caballero con un tractor y nos hizo la paleteada de llevarnos a su estancia, pasamos unos barriales y nos dijo ‘arreglen ahí y se van’ y cuándo nos íbamos a ir si estaba peor que el rally, así que tuvimos que rogarle para que nos lleve donde nos encontró”, recuerda.

Una satisfacción reciente fue correr junto a su hijo Luis Javier. “Cuando partimos con los Lada, yo había dejado de correr en auto y me entusiasmó Javier, corramos en Lada y probamos un auto, partimos y andábamos en la cola, sexto séptimo, así que empezamos a conocer el auto, no es llegar y subirse, nos costó ponerlo a punto, más o menos un campeonato bien trabajado. Los cabros me molestaban, por la edad, qué anda haciendo acá este otro”, comenta Barría. Sin embargo, como familia vivieron un susto enorme hace un par de meses, cuando su hijo tuvo un problema cardíaco del que se está recuperando.

“Tengo listo el Honda para salir en la categoría 2000, lo estuvimos poniendo a punto, pero aún nos queda. La idea es para septiembre, estoy esperando a Javier a ver si está listo, algo se inventará, pero no tirar la esponja tan rápido, queda cuerda para rato”, recalcó Barría, que en su taller mecánico ha preparado sus autos en los que ha destacado en las competencias automovilísticas.